viernes, 11 de mayo de 2018

12 de mayo. Santo Domingo de la Calzada. — (t 1070) Flos Sanctorvm Santoral



Santo Domingo de la Calzada fué italiano de nación, y habiendo dado su patrimonio a los pobres, para ser menos conocido, vino a España, donde pretendió hacerse religioso de san Benito en el monasterio de san Millán. Entonces se juntó con san Gregorio, obispo de Ostia, que había venido a Navarra por legado del Papa a mitigar el azote de Dios, que hacía grande estrago en todo aquel reino, pues la langosta y pulgón comían y destruían los frutos de la tierra; y con las oraciones, limosnas y penitencias que mandó hacer san Gregorio se enmendaron muchos de su mala vida, y cesando los pecados, cesó también el castigo de ellos. Muerto san Gregorio, se determinó santo Domingo de hacer asiento en el mismo lugar que ahora tiene su nombre; allí edificó una pequeña celda y una capilla que dedicó a nuestra Señora: luego desmontó la espesa selva donde se guarecían muchos ladrones y salteadores que robaban a los peregrinos que iban en romería a Santiago de Galicia. Hizo además una calzada de piedra, que por ser obra tan insigne, tomó el santo de ella el nombre; y para hospedar a los peregrinos, les edificó un hospital, donde le visitó santo Domingo de Silos, que a la sazón vivía, y los dos santos se recibieron con mucha ternura y caridad, y el de Silos alabó mucho las buenas obras que hacía el de la Calzada. Siete años antes de morir hizo labrar su sepulcro en una peña, y para que este lugar no estuviese ocioso, le llenaba de trigo para repartirlo a los pobres. Un día vino a visitarle una devota mujer que le preguntó la causa de haber cavado su sepultura tan lejos de la iglesia. A lo que respondió el santo: «No tengáis cuidado de eso, señora; la divina Providencia cuidará de que mi cuerpo repose en lugar sagrado, porque os hago saber que, o la iglesia seguirá mis pasos a este recinto o mi cadáver gozará de sus favores.» El suceso mostró que había hablado con espíritu profético, pues con el discurso del tiempo vino el sepulcro del santo a estar dentro de la iglesia. Finalmente, habiendo pasado su larga vida con grande aspereza y penitencia, murió en el Señor, el cual ilustró a su siervo con tantos milagros, que en aquel mismo sitio se le hizo un hermoso templo, y después una ciudad que tomó su nombre y se llama Santo Domingo de la Calzada.

Reflexión: Dignas de alabanza son las obras de pública utilidad; pero tienen sin duda más especial mérito delante de Dios las que se ordenan al acrecentamiento de la religión y de la piedad, como las que hizo santo Domingo de la Calzada; porque el que en ellas emplea su trabajo y hacienda, coopera señaladamente a todas las buenas obras y piadosos ejercicios que con ocasión de ellas después se practican. ;Oh! ¡cuánta gloria del Señor se sigue de la fábrica de un templo, de una casa de beneficencia o de otros edificios que levanta la caridad cristiana en honra de la religión y beneficio de los pobres! Si los hombres ricos y poderosos entendiesen los tesoros celestiales que pueden alcanzar con este empleo de sus terrenales riquezas, no habría uno solo de ellos que en la hora de la muerte no dejase un legado pío para semejantes obras. ¿Cómo no ha de tener un palacio en el cielo, quien labra una casa de Dios en la tierra?

Oración: Clementísimo Dios, que te dignaste adornar a tu bienaventurado confesor Domingo con virtudes tan excelentes, concédenos que por la intercesión de este justo, cuyo nacimiento para el cielo celebramos en este día, seamos libres de las cadenas de nuestros pecados y merezcamos gozar de su compañía en los cielos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

jueves, 10 de mayo de 2018

11 de mayo. San Mamerto, obispo. — (t 477) Flos Sanctorvm Santoral


Entre los santísimos prelados que ilustraron la Iglesia de Dios en el siglo V, uno fué el glorioso san Mamerto, obispo de Viena en el Delfinado. En aquel tiempo desolaban todo el país grandes calamidades y azotes del cielo. Sucedíanse unos a otros los terremotos, incendios y guerras: las fieras, llenas de pavor por los temblores de la tierra, dejaban las cuevas de los montes y sé llegaban a las poblaciones con grande espanto de la gente; la cual a vista de estos azotes hacía penitencia de sus pecados y se disponía a la festividad de la Pascua de Resurrección para recibir dignamente la comunión pascual, esperando alcanzar de esta suerte el remedio de tantos males. Concurrieron pues todos contritos a la iglesia, a celebrar el misterio en la vigilia de la gloriosa noche: pero habiéndose incendiado varias casas principales de la ciudad, huyeron del templo despavoridos. Solo el santo obispo quedó en la iglesia, implorando con entrañables gemidos la divina misericordia, y fué tan grande la eficacia de sus lágrimas, que presto se apagó aquel grande incendio, y los fieles volvieron para continuar su penitencia a los oficios divinos. En esta ocasión ordenó el santo obispo tres días de rogativas públicas acompañadas de ayunos y oraciones, en los días que preceden a la fiesta de la Ascensión de nuestro Señor' Jesucristo, a los cuales concurrió toda la ciudad con grande compunción; lágrimas y gemidos, y desde entonces se vio libre de las calamidades que la oprimían. Divulgada la fama de esta institución y su buen suceso, fué imitada en. las provincias vecinas y se extendió muy presto por la Iglesia occidental, donde se ha venido siguiendo hasta nuestros días: de manera que aunque semejantes preces precedieron a la edad de san Mamerto desde tiempo indefinido, en cuanto a la determinación de la forma con que se hacen tienen por autor a este insigne y santo prelado. Halló san Mamerto las preciosas reliquias de san Julián y san Ferreolo, ilustres mártires que padecieron en la sangrienta persecución de Dioclesiano y Maximiano; las cuales trasladó a un magnífico templo que había labrado. Finalmente después de haber gobernado santamente su iglesia algunos años, y edificádola con sus virtudes y milagros, murió en la paz del Señor, y su sagrado cadáver fué sepultado con gran veneración en la iglesia de los santos Apóstoles, extramuros de la ciudad de Viena, desde donde se trasladaron después sus reliquias a la basílica Contantiniana de santa Cruz de Orleans. Allí permanecieron en grande veneración hasta el siglo XVI, en el que los hugonotes, durante sus sacrílegas irrupciones del año 1562, entrando en Orleans, quemaron la cabeza y huesos del santo, que estaban en diferentes cajas y dispersaron sus cenizas.

Reflexión: ¿Qué son todas las calamidades y males que nos afligen sino frutos del pecado? que no hizo Dios la muerte, como dice el apóstol, sino que por el pecado entró la muerte en el mundo. Y aunque en la presente providencia se sirve nuestro Señor de estos males, ya para castigarnos, ya para darnos ocasión de mayores merecimientos, ya para darnos a entender que no hemos de buscar en este mundo nuestro paraíso, siempre ha sido costumbre muy cristiana la de implorar en los comunes males la divina clemencia con públicas rogativas. Procura asistir a ellas con grande piedad, que el Señor casi siempre suele oir las plegarias de todo un pueblo contrito y humillado y suele darle lo mismo que pide.

Oración: Concédenos, oh Dios omnipotente, que en la venerable solemnidad del bienaventurado Mamerto, tu confesor y pontífice, se acreciente en nosotros el espíritu de piedad y el deseo de nuestra salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 

10 de mayo. San Antonino, arzobispo de Florencia. — (t 1459) Flos Sanctorvm Santoral




El santísimo prelado san Antonio, o Antonino, que así le llamaban por ser pequeño de cuerpo, nació de honrados padres en Florencia, y desde niño mostró que era escogido de Dios. A la edad de trece años había ya estudiado y decorado todo el Derecho Canónico, y luego pidió y alcanzó el hábito de santo Domingo. Nunca comía carne sino estando enfermo, traía una cadena de hierro y dormía en el suelo sobre las tablas. Ordenado de sacerdote, vino a ser prior de los principales conventos de su orden en Italia, y siendo ya Vicario general de Roma, y Napóles, lavaba los platos y escudillas de sus hermanos, y barría la casa como el menor de todos. Obligóle el papa Eugenio IV a aceptar el obispado de Florencia, bajo pena de excomunión; y él vino a pie y descalzo a su Iglesia, con tanta amargura de su corazón, como regocijo de toda la ciudad que salió a recibirle como a santo pastor venido del cielo. Muy presto resonó en toda Italia la fama de sus virtudes. En la oración quedaba arrebatado y suspenso en el aire, resplandeciendo su rostro con maravillosa claridad. Desentrañábase por los pobres y dábales cuanto tenía; reprimía a los insolentes y poderosos, mandándoles hacer penitencias públicas, y echaba con gran severidad de las iglesias, a las mujeres que venían a ellas para enlazar las almas. Quejábanse algunos de él porque no excomulgaba por ciertos pecados a sus subditos; y él, para no declararles la razón que tenía para no hacerlo, por el daño que recibe el alma con la excomunión, mandó traer un pan blanco, y dijo sobre él las palabras que se suelen decir en la excomunión, y luego delante de todos el pan se convirtió en carbón, y pronunciando después las palabras de la absolución, el pan negro se tornó a su primera blancura; y con esto entendieron los efectos que hace la excomunión en el alma, y que no se debe usar de ella sino a más no poder. Autorizaba su celestial doctrina con muchos, prodigios, y le estimaba tanto el papa, que, en su última enfermedad, quiso recibir los sacramentos de su mano, y que asistiese a su cabecera: y Nicolao V cuando puso en el catálogo de los santos a san Bernardino de Sena, dijo que tan bien podía canonizar a san Bernardino muerto, como a san Antonino vivo. Finalmente a los setenta años de su edad expiró pronunciando estas palabras: «Servir a Dios es reinar.» Y fué tanto el concurso que acudió al entierro, que no le pudieron dar sepultura hasta pasados ocho días, en los cuales estuvo el santo cuerpo en la iglesia, fresco, hermoso el rostro, como si fuera ya cuerpo glorioso.

Reflexión: Presentó un pobre hombre una cestilla de fruta a san Antonino pensando que se la había de pagar bien; el santo conociendo sus miras interesadas, no le dio nada, sino con rostro alegre alabó su fruta, y dijóle: «Dios os lo pague, hermano.» Parecióle al hombre que había empleado mal su fruta, e íbase quejando del arzobispo. Mandóle este llamar, y escribió en un papel aquellas palabras: «Dios os lo pague»: y poniendo el papel en una balanza, y en la otra la cesta de fruta, la balanza que tenía el papel bajó hasta el suelo, y la otra subió todo lo que pudo con la fruta. Entonces, volviéndose al hombre, le dijo: «Mirad como yo no os hice agravio; que más os di que recibí.» Y mira tú como Dios mostró con este milagro cuánto gana el que hace limosna, aunque a veces no parezca a los ojos humanos el fruto de la caridad.

Oración: Ayúdennos, Señor, los merecimientos del santo confesor y pontífice Antonino, para que así como te ensalzamos admirable en sus virtudes, así también te experimentemos misericordioso, en nuestras necesidades. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

miércoles, 9 de mayo de 2018

9 de mayo. San Gregorio Nazianzeno. — (t 389) Flos Sanctorvm Santoral


San Gregorio Nazianzeno, llamado por excelencia el Teólogo, fué natural de Nazianzo, ciudad de Capadocia. Su padre fué obispo de su misma ciudad, su hermano fué san Cesáreo, y su hermana santa Gorgonia. Estudió la elocuencia y filosofía en Atenas, donde trabó tal amistad con san Basilio, condiscípulo suyo, que parecían los dos un alma y un corazón. Mas no quiso acompañarse jamás con Juliano el Apóstata, que había venido a aquella universidad al estudio de las buenas letras, porque desde entonces adivinó cuan pernicioso había de ser a toda la república si Dios le daba el cetro de ella. Después de haber enseñado elocuencia con grande loa, retiróse con su amigo Basilio al desierto del Ponto, donde los dos vivían como ángeles; mas al fin dejaron su amada soledad para defender la religión católica; y Gregorio procuró que eligiesen a Basilio por obispo de Cesárea. Pasando a Constantinopla, empleó todo su gran caudal  de sabiduría en la conversión de los herejes, los cuales trataron muchas veces de darle la muerte. Mas al fin venció la causa de Dios, refloreció la fe y Gregorio fué nombrado arzobispo de Constantinopla con aplauso del emperador de Oriente, el gran Teodusio, español, el cual le dio el templo patriarcal que poseían aún los herejes. Todo el favor que el emperador hacía a san Gregorio era tósigo para los herejes; los cuales determinaron acabarle, y para salir con su intento se concertaron con un mozo hereje como ellos, que entrase a visitar al santo que a la sazón estaba enfermo y hallase ocasión de cometer la maldad. Hízolo así, mas cuando se vio en el aposento del santo, al tiempo que le podía herir, se echó a sus pies pidiéndole perdón con muchos sollozos y lágrimas; y como san Gregorio le preguntase qué quería, uno de los que estaban presentes le dijo: «Este mozo, padre, ha entrado aquí inducido de los herejes para matarte, y ahora arrepentido llora su pecado.» Entonces el santo abrazando al mozo le dijo: «Dios te perdone y te guarde como a mí me ha guardado; deja pues, hijo mío, la herejía, y sirve al J3eñor con sincero corazón.» Viendo después muy turbada aquella iglesia por los bandos y herejías pidió licencia al emperador para renunciar a su dignidad arzobispal, y volviendo a su patria se retiró a una heredad de sus padres; donde cargado de años y dolores escribió en prosa y en verso algunas obras de rara elegancia. Finalmente habiendo este glorioso doctor ilustrado la Iglesia con su vida, doctrina y escritos, a los noventa años de su edad fué a recibir el galardón de sus largos y dichosos trabajos.

Reflexión: Hablando el mismo san Gregorio en uno de sus libros de la vida que hizo en Atenas en el tiempo de su juventud, dice: «Yo con mis continuos trabajos quebranté mi carne, que con la flor de la edad tiraba coces y hervía; vencí la glotonería del vientre y la tiranía que está cerca de él; mortifiqué mis ojos, reprimí el ímpetu de mi ira, y todas mis cosas consagré a Cristo. El suelo fué mi cama, el velar mi sueño, y las lágrimas mi descanso. Este fué mi instituto de vida, cuando era mozo; porque la carne y la sangre echaban llamaradas y me apartaban de la sabiduría del cielo.» Aprendan los jóvenes a refrenas sus apetitos, poniendo los ojos en este modelo; y no digan que es imposible la victoria de sí mismos, después que los mismos santos han luchado también y triunfado con tanta gloria de la rebeldía de sus pasiones.

Oración: Oh Dios, que concediste a tu Iglesia por ministro de su eterna salvación al bienaventurado Gregorio, haz que merezcamos tener por intercesor en el cielo al que logramos por maestro en la tierra. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. 

martes, 8 de mayo de 2018

8 de mayo. La aparición de san Miguel Arcángel. — (Año 492) Flos Sanctorvm Santoral


Así como la divina bondad ha dado a su Iglesia por príncipe y defensor al glorioso san Miguel Arcángel como antes le había dado a la Sinagoga, así también ha querido en diversos lugares y tiempos obrar cosas maravillosas por intercesión y ministerio de este bienaventurado príncipe de la Iglesia. Muchas han sido las apariciones de san Miguel Arcángel y muchos templos le han sido consagrados, así en Oriente como en Occidente, pero la más ilustre y señalada aparición es la que sucedió en el monte Gárgano en la provincia de la Pulla, del reino de  Napóles. Porque siendo pontífice Gelasio, primero de este nombre, un hombre rico tenía grandes manadas de ganado mayor, y como de una de ellas se desmandase un toro, buscáronle y le hallaron al cabo de algunos días dentro de una cueva. Tiráronle una saeta la cual se volvió del medio del camino contra el que la había tirado y le lastimó. Turbáronse los presentes y asombráronse entendiendo que allí había algún secreto y oculto misterio. Acudieron al obispo de Siponto, para que le declarase. El obispo mandó que todos ayunasen e hiciesen oraciones por tres días para implorar la gracia del Señor, y al cabo de ellos, le apareció san Miguel y le declaró que #quel lugar donde se había recogido el toro estaba debajo de su tutela y que la voluntad de Dios era que en aquella cueva se fabricase un templo en honra suya y de todos los ángeles, asegurándole que en aquel sitio experimentarían los pueblos la eficacia de su celestial protección. Movido el santo prelado por la soberana aparición y promesa del glorioso Arcángel, juntó al clero y al pueblo, les declaró la visión que había tenido, y fué en procesión al sitio donde había sucedido el milagro. Encontraron en él una caverna muy grande y en forma de templo, con su bóveda natural harto elevada, y sobre la puerta una como ventana abierta en la misma peña, por donde entraba la luz. Erigieron un altar, consagróle el obispo, y celebró allí el santo sacrificio de la misa, y más tarde se hizo la dedicación de la iglesia con mayor solemnidad y devoción, concurriendo a ella todos los pueblos de la comarca, y duró la fiesta muchos días. No tardó el Señor en manifestar allí la gloria y valimiento del poderoso arcángel san Miguel por cuyos merecimientos ha obrado Dios nuestro Señor después acá, muchos milagros en aquel templo, mostrando que se sirve de que san Miguel sea allí singularmente reverenciado, y por esta causa ha sido siempre tenido por un santuario de gran concurso y veneración.

Reflexión: Leemos que san Romualdo, fundador de la orden de la Camáldula, ordenó a Otón, emperador, que fuese en romería a pie y descalzo desde Roma al monte Gárgano a visitar el templo de san Miguel, en penitencia de haber mandado o consentido matar a Crescencio, hombre principal, habiendo dado antes su palabra de que no le mataría. Cumplió el emperador aquella penitencia con grande humildad y edificación de los fieles, los cuales, a ejemplo del monarca frecuentaban aquel lugar santo en sus piadosas romerías. Imitemos también nosotros estas peregrinaciones a los devotos santuarios, porque en nuestros tiempos son muy necesarias para vencer la impiedad y restaurar la devoción cristiana y alcanzar del Señor extraordinarias bendiciones sobre las familias y los pueblos.

Oración: Oh Dios, que con orden maravilloso dispones de todos los ministerios de los ángeles y de los hombres, concédenos benignamente que sea nuestra vida defendida en la tierra por aquellos soberanos espíritus que te asisten siempre en el cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor". Amén. 

lunes, 7 de mayo de 2018

7 de mayo. San Estanislao, obispo y mártir. — (t 1079) Flos Sanctorvm Santoral


El maravilloso obispo y glorioso mártir san Estanislao, nació da noble familia en la ciudad de Cracovia, cabeza del reino de Polonia, y como fuese de grande habilidad e ingenio para todo género de letras, llegó a la dignidad de canónigo y después a la de obispo de Cracovia, cuya mitra sólo aceptó por no resistir a la voluntad divina. Era en aquella sazón rey de Polonia, Boléslao, el cual, habiéndose estragado y dado a todo género dé vicios, se convirtió en una bestia, no sólo carnal, sino también fiera y cruel y derramadora de sangre humana. Parecíale a san Estanislao que tenía obligación de avisarle, lo cual hizo con humildad y gran modestia; mas con la amonestación salió fuera de sí el rey y determinó perderle. Había comprado el santo obispo para su iglesia cierta heredad de un hombre rico llamado Pedro, el cual hacía tres años que era ya muerto, y los herederos del difunto, por dar gusto al rey, pusieron pleito al obispo diciendo que aquella heredad era de ellos. Vióse el negocio delante del rey, y como al obispo le faltasen los documentos necesarios para probar la compra, fé condenado y obligado a restituir la heredad. Entonces pidió tres días de tiempo, en los cuales ayunó, veló y oró con gran fervor. Fuese después a la sepultura donde Pedro estaba enterrado, e hizo quitar la losa que estaba encima y cavar la tierra, y descubrir el cuerpo; y tocándole con el báculo pastoral le mandó que se levantase. Al punto obedeció el muerto, y siguió al santo hasta el tribunal, donde estaba el rey, y allí atestiguó que el santo obispo le había pagado enteramente el precio de la heredad. Quedaron atónitos y helados, así el rey como los adversarios del obispo, el cual acompañó de nuevo al resucitado á la sepultura. Y como a pesar de todo, se revolcaba el rey en el cieno de sus torpezas y se relamía en la sangre inocente de sus vasallos, excomulgóle el santo obispo, y el tirano envió sus ministros a la iglesia para matarle; mas espantados con una súbita y excesiva luz del cielo, cayeron en tierra. Y lo mismo sucedió la segunda y tercera vez a otros sayones que mandó el rey; el cual, finalmente, por sus propias manos se hizo verdugo, dando con la espada un golpe tan terrible en la cabeza del santo obispo, que los sesos se esparcieron por el suelo. Así murió el santo obispo de Cracovia. El cruelísimo rey aborrecido de todos, huyó a Hungría, donde al poco tiempo yendo a caza cayó del caballo, murió desastrozamente y fué comido por los perros.

Reflexión: ¿A quién no convirtiera un milagro tan ilustre y tan evidente come el que hizo el santo a los ojos de Boleslao? ¿Qué pecho tan duro y empedernido podía haber que no se ablandase y enmendase viendo un hombre resucitado? Mas estaba el corazón del rey tan abrasado con sus vicios y tan encenagado en sus deshonestidades, que todo esto no basta para reducirle y rendirle a Dios. El Señor te libre de estas malas pasiones; mortifícalas con sumo cuidado, porque tiranizan al hombre y le pierden en esta vida y en la otra. Dice san Ligono: «Todos los adultos que se condenan, caen en el infierno con estos vicios o por estos vicios.» El remedio más eficaz para vencer a este enemigo mortal de infinitas almas ya sabes cuál es: huir de las ocasiones y rechazar con gran valor y fortaleza las tentaciones. En este género de combate el vencedor es el que huye, y aquel triunfa siempre que sabe huir de la batalla.

Oración: Oh Dios, por cuya honra murió el glorioso pontífice Estanislao al filo de la espada de los impíos, rogámoste nos concedas que todos los que imploran su amparo, consigan el saludable efecto de su petición. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 

sábado, 5 de mayo de 2018

6 de mayo. San Juan, ante Portam Latinam. — (Año 92) Flos Sanctorvm Santoral



Celebra en este día la santa madre Iglesia la fiesta de san Juan de Porta Latina, y en ella el asombroso martirio que padeció el discípulo amado del Señor junto a una puerta de Roma, llamada Latina, por salirse por ella a los pueblos del Lacio. Estaba el gloriosísimo san Juan Evangelista en la ciudad de Efeso gobernando las iglesias de Asia, cuando en la persecución de Domiciano fué preso y a pesar de su mucha edad le llevaron a Roma, donde por no querer obedecer a Domiciano y adorar los falsos dioses, fue condenado a ser echado en una tina de aceite hirviendo, para que con aquel tormento acabase su dichosa vida. Señalóse el día para hacer este sacrificio, que fué el 6 de mayo. Estuvo el senado presente en el espectáculo, al cual concurrió toda la ciudad por la gran fama del santo apóstol, y habiéndole primero azotado, como era costumbre de los romanos con los que condenaban a muerte, lo desnudaron y echaron en la tina de óleo hirviendo que allí tenían dispuesta. Entró con grande alegría y seguridad el glorioso evangelista, acordándose que Cristo nuestro Señor le había dicho a él y a su hermano Santiago que beberían el cáliz de su pasión; mas el Señor obró entonces un maravilloso prodigio que espantó a toda la ciudad; porque las llamas perdieron su fuerza y el aceite que ardía se convirtió en un rocío del cielo y aunque se abrasaron algunos de los ministros impíos que atizaban el fuego, el venerable apóstol de Cristo salió resplandeciente, como suele salir el oro fino Mandóle después el emperador a una isla apartada que se llamaba Pathmos, donde el glorioso evangelista tuvo las grandes revelaciones que escribió en el sagrado libro del Apocalipsis, que, como dice san Jerónimo, tiene tantos misterios como palabras. Estuvo san Juan en este destierro hasta la muerte de Domiciano, y en este tiempo convirtió » aquellos isleños de Pathmos a la fe de Cristo. Luego que mataron en Roma a Domiciano, con el aborrecimiento que todos le tenían, el senado revocó sus decretos y condenaciones, y con esto el santo evangelista volvió de su destierro a Asia, y fué recibido por los cristianos como si viniera del cielo, mirándole como a apóstol tan querido del Señor, y como a profeta y mártir que había padecido por El, y a quien no había faltado la voluntad y ocasión de morir por Cristo, sino el efecto de la muerte que no le quiso conceder el Señor para que escribiese después el sagrado Evangelio, y volase como águila a lo más alto del cielo para declararnos la eterna generación del Verbo divino. Del martirio de san Juan hacen mención Tertuliano y san Jerónimo.

Reflexión: San Juan evangelista es el único apóstol que no murió mártir; pero mira con qué generoso corazón se ofrecía a la muerte, entrando en la caldera con aceite hirviendo. ¿Quién no recibirá pues con toda confianza el divino Evangelio que escribió? ¿Quién rehusará darle fe después de habernos él dado su ilustre testimonio por estas palabras: «Os anunciamos lo que hemos visto por nuestros ojos, lo que hemos oído por nuestros oídos, lo que hemos palpado con nuestras manos acerca del Verbo de eterna vida, a fin de que creyendo en él alcancéis la vida eterna?». Quien menosprecie este testimonio, merece ser despreciado; quien lo repruebe, merece ser eternamente re-probado.

Oración: Oh Dios, que estáis viendo nuestra turbación por las calamidades que por todas partes nos rodean, suplicámoste nos concedas que seamos defendidos de ellas por la gloriosa protección de tu apóstol y evangelista san Juan. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.