jueves, 7 de junio de 2018

8 de junio. San Medardo, obispo de Noyón. — (t 545) Flos Sanctorvm Santoral



Uno de los más ilustres prelados de la iglesia de Francia en el VI siglo, fué el caritativo obispo san Medardo, el cual nació en Salentiaco, posesión muy rica de sus padres, que estaba en la región de Noyón. Desde sus tiernos años fué tan amador de los pobres, que les daba su misma comida y vestido, y un día hasta les dio el caballo de que tenía harta necesidad. Riñeron unos labradores sobre el linde y término de unas tierras que tenían y convinieron en ajustarlo allí con las armas y las vidas: Medardo que lo supo, se fué con ellos, y viendo una piedra, puso el pie sobre ella, y dijo: «Esta piedra es el mojón y término de esta porfía»; y quitando el pie, vieron todos que había quedado estampado en la piedra, con cuya maravilla quedaron en paz. Entregáronle después sus padres al obispo de Vermandois para que con su doctrina se adelantase en letras y virtud; y habiendo sido ordenado de misa acrecentó su fervor: afligía su carne con abstinencias, dejando de comer para hartar a los hambrientos, sanaba endemoniados, y curaba todas las enfermedades, por lo cual cuantos a él venían, hacían a la letra lo que les decía y aconsejaba, como si se lo dijera un ángel del cielo. Murió el obispo de Vermandois, y luego se oyó la voz común que aclamaba por su obispo a Medardo, y aunque el santo rehusó mucho aquella dignidad, al fin, vencido de los ruegos y lágrimas de todo el pueblo, hubo de aceptarla. Habiendo después fallecido el obispo de Tournay, eligieron también al mismo santo, y el rey pidió al pontífice que uniese las dos iglesias para que el siervo de Dios las gobernase, y así lo hizo, aunque por causa de las irrupciones de los Vándalos tuvo que trasladar el santo la sede a Noyón. Eran los de Tournay muy bárbaros e indómitos, de malas costumbres y obstinados en sus pecados e idolatrías; mas al fin pudo tanto el santísimo obispo con sus suaves y dulces razones, que a todos los bautizó e hizo buenos cristianos. Y después de haber ganado para Jesucristo innumerables almas, con su predicación y con los grandes milagros que hacía, a los quince años de su gobierno descansó en la paz del Señor. Los que estaban presentes vieron muchas luminarias del cielo delante del santo cuerpo, que duraron por espacio de dos horas. Y cuando condujeron el sagrado cadáver a Soissóns, el mismo rey con otros caballeros llevó las andas sobre sus hombros y le hizo labrar un magnífico sepulcro, el cual fué muy célebre y glorioso por los señalados prodigios que obró el Señor por medio de su santo.

Reflexión: Tal es la honra que merece la santidad aun acá en la tierra. Los pueblos y los reyes la veneran, y con universal aplauso la ensalzan sobre todas las demás grandezas del mundo. No se conceden semejantes obsequios a la opulencia, a la sabiduría, a las dignidades y placeres mundanos; porque todos entienden que estas cosas pueden hallarse hasta en un hombre malvado y digno de todo vituperio. Sólo la virtud hace al hombre verdaderamente grande. Pues ¿por qué no hemos de amarla y codiciarla y preferirla a todas las demás cosas? ¿No es ella, como dice el Sabio, incomparablemente más estimable que el oro, y las piedras preciosas? ¿No es el mayor tesoro que podemos hallar sobre la tierra, y el único caudal que podemos llevarnos a la eternidad, y el único bien que nos honra en esta vida y que nos hará dignos de eterna gloria?

Oración: Concédenos, Señor, que la venerable festividad del bienaventurado Medardo, tu confesor y pontífice, aumente en nosotros el espíritu de la devoción y el deseo de la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

miércoles, 6 de junio de 2018

7 de junio. San Pedro y cinco compañeros mártires de Córdoba. — (t 851) Flos Sanctorvm Santoral


En la sangrienta persecución que suscitó contra los cristianos el rey de los sarracenos Abderramán III en Córdoba, capital de su reino en España, entre otros ilustres mártires que dieron su vida en defensa de la fe de Cristo, señaláronse mucho por su admirable valor los santos mártires Pedro, Walabonso, Sabiníano, Wistremundo, Abencio y Jeremías. Pedro fué natural de Erija y ordenado de sacerdote; Walabonso era diácono, y nacido en Lipula, lugar llamado hoy Peñaflor; Sabiniano era monje ya entrado en edad, y natural de Froniano en la sierra de Córdoba; Wistremundo era todavía mozo, natural de Ecija y monje en la abadía de san Zoilo; Abencio era hijo de Córdoba y había tomado el hábito en el monasterio de san Cristóbal; y Jeremías era también natural de Córdoba, casado con Isabel, y hombre muy rico y poderoso que había fundado el monasterio llamado Tabanense a dos leguas de aquella ciudad. Todos estos seis fervorosos varones, oyendo que acababan de ser martirizados los santos Isaac y Sancho, se presentaron delante del rey moro y le dijeron: «Nosotros también, oh juez, somos cristianos como nuestros hermanos Isaac y Sancho, y tenemos la misma fe, por la cual has mandado darles la muerte: confesamos como ellos a Jesucristo por verdadero Dios, y afirmamos que vuestro profeta Mahoma es precursor del Anticristo: y decimos que los que profesan la fe de Jesucristo gozarán de la felicidad del cielo, y que los que siguen la falsa doctrina de Mahoma padecerán los eternos tormentos del infierno.» Al oír el tirano tan espontánea y clara confesión, mandó luego prender a les valerosos mártires y pronunció contra ellos sentencia de muerte, ordenando que fuese cruelmente azotado el santo viejo Jeremías, por haber blasfemado, como decía el juez, del profeta Mahoma. Azotaron pues con tanto rigor al venerable anciano, que cuando le llevaron a degollar, no podía ir por sus pies. Pero todos los demás caminaron al lugar del suplicio con tanta ligereza y alegría de sus almas como si fuesen a un espléndido banquete. San Peáro y Walabonso fueron los primeros en ser degollados, y después sus cuatro compañeros, y así dieron todos sus benditas almas a Dios. Tomando después los sayones aquellos sagrados cadáveres los ataron a unos palos, y pasando algunos días los quemaron y echaron las cenizas en el río.

Reflexión: Mucho vale una santa y pronta resolución cuando se ve que para ella inspira y anima el Espíritu Santo, como es cierto inspiró a estos gloriosos mártires, para que sin temor alguno de la muerte, todos unidos y conformes, se fuesen a reprender al inicuo juez, que cuatro días antes había quitado la vida al glorioso san Isaac, y después a Sancho y a otros santos mártires. No seamos pues tardos y perezosos en ejecutar la voluntad divina cuando se nos manifiesta claramente por las divinas inspiraciones, que todo nuestro provecho o daño espiritual depende de ponerlas o de no ponerlas por obra. Pongámonos delante de los ojos los ejemplos de los santos: los cuales por su fidelidad en poner por obra los altos pensamientos e inspiraciones de la divina gracia, llegaron a ser tan grandes en el reino de los cielos. ¡Oh cómo reprenden y condenan nuestra flojedad y cobardía: ¡Cómo nos cubrirán de vergüenza en el día el Juicio, donde se descubrirá el mal uso que hemos hecho de las inspiraciones de Dios y de los beneficios de la gracia!

Oración: Oh Dios, que nos alegras en la anual solemnidad de tus santos Pedro, Sabiniano y sus compañeros mártires, concédenos propicio que así como gozamos de sus merecimientos, así nos movamos a imitar sus virtudes. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 

martes, 5 de junio de 2018

6 de junio. San Norberto, fundador y arzobispo. —(+1134) Flos Sanctorvm Santoral



El glorioso fundador de la orden Premonstratense, san Norberto, nació en Seten, en una de las más ilustres casas de Alemania y fué hijo de Heriberto conde de Gnepp y emparentado con el emperador. En su mocedad engolfóse en las vanidades del siglo y era "'como el alma de todas las diversiones de la corte; mas caminando un día a caballo hacia un lugar de Westfalia llamado Freten seguido de solo un lacayo, se levantó una furiosa tempestad, y cayó un rayo a los pies de su caballo, que le derribó, quedando como muerto por espacio de una hora. Vuelto en si, sintió de tal manera trocado su corazón que exclamó como Saulo: «Señor, ¿qué quieres que haga?» Y desde aquel día dejó los ricos vestidos, y dando de mano a todos los devaneos del mundo, resolvió entregarse del todo al servicio divino. No había querido recibir hasta entonces las órdenes sagradas a pesar de ser canónigo; y una vez recibidas, comenzó a predicar con gran fervor, y admiración de los oyentes, que veían convertido en santo misionero al que habían visto cortesano tan liviano y disoluto. Habiéndosele juntado trece compañeros, buscó un lugar solitario, áspero y apartado que se llamaba Premonstrato, en el obispado de Lauduno, donde asentó los fundamentos de un monasterio; y allí tuvo su origen la nueva religión que del mismo lugar se llamó Premonstratense, y tomó la regla de san Agustín y el hábito blanco de los canónigos reglares. Entabló con sus compañeros una vida muy penitente y más angelical que humana; y el Señor le ilustró con singulares dones de profecía y de milagros. Mas acompañando en un viaje a Alemania al conde de Champaña, fué elegido muy a pesar suyo para el arzobispado de Magdeburgo, y conducido con guardias da vista a aquella iglesia, a donde llegó con su pobre hábito y con los pies descalzos, pero con universal aplauso y gozo del clero y del pueblo. Vino a él un día un hombre para confesarse; y aunque llevaba traje de penitente, así que el santo le vio, mandó que le quitasen la capa y que mirasen lo que traía y hallaron que iba armado con un puñal para matar al Arzobispo, como él mismo, lo confesó arrepentido ya de su pecado. Finalmente habiendo provisto de prelado a la religión premonstratense, y gobernado santísimamente su iglesia de Magdeburgo por espacio de ocho años, a los cincuenta y tres de su vida preciosa entregó su espíritu en las manos del Criador, quedando su santo cadáver sin la menor señal de corrupción y expuesto nueve días a la veneración del pueblo.

Reflexión: Escribe Paulo Morigia en la Historia del origen de las religiones, que la religión premonstratense creció tanto, que tenía treinta provincias, y en ellas más de mil y trescientos monasterios, y cuatrocientos de monjas. Pero ¿quién podrá decir la muchedumbre de santos religiosos y las excelentes virtudes con que han ilustrado a la Iglesia de Dios? Toda esta gloria redunda en alabanza de san Norberto y es fruto de su conversión. Si hubiese permanecido en los peligros de la corte y en la vanidad del mundo, no hubiera hecho nada, y por ventura se hubiera perdido, y sido causa de la perdición de muchas almas. Convirtióse de veras al Señor, y de caballero mundano, vino a ser gran santo y padre de innumerables santos.

Oración: Oh Dios, que hiciste tan excelente predicador de tu divina palabra al bienaventurado Norberto, tu confesor y pontífice, y por su medio te dignaste aumentar tu santa Iglesia con una nueva familia; concédenos por sus merecimientos, que practiquemos lo que nos enseñó con sus ejemplos y palabras. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


lunes, 4 de junio de 2018

5 de junio. San Bonifacio, apóstol de Alemania. — (t 755) Flos Sanctorvm Santoral


El celosísimo apóstol de Alemania san Bonifacio nació en la provincia de los Sajones occidentales en el reino de Inglaterra. Procuró su padre inclinarle a las cosas del mundo con halagos y con amenazas, pero cayendo malo de una grave enfermedad, conoció que aquel era castigo del cielo por la violencia que hacía a su hijo; y llorando su culpa condescendió con él enviándole a un monasterio para que allí se dedicase a la virtud y a las letras. Ordenado de sacerdote, queríanle los monjes por superior y abad, mas encendido él de un ardiente deseo de predicar el Evangelio a los gentiles y sellar su predicación con su sangre, se fué a Roma donde el papa Gregorio II le dio un tesoro de reliquias y un breve muy favorable para que predicase a los infieles de cualquier parte del mundo. Pasó luego el varón apostólico a Alemania y evangelizó las provincias de Turingin, Frisia y Hasia que confina con la Sajorna, donde bautizó gran número de infieles, derribó los templos de los falsos dioses y edificó otros nuevos al verdadero Dios, el cual le favoreció con singulares prodigios. Arrancando un día un árbol de extraordinaria grandeza que llamaban el árbol de Júpiter, concurrió gran multitud de paganos para estorbarlo y matarle, pero viendo que en comenzando él a dar con la segur en el tronco, caía el árbol hecho pedazos en cuatro partes, se convirtieron y él edificó en aquel lugar un oratorio en honra del apóstol san Pedro. Pasaron de cien mil los infieles que convirtió; por lo cual el papa Gregorio III a la dignidad de obispo que ya tenía el santo, quiso añadirle la de arzobispo, mandándole que ordenase obispos donde fuesen menester. Presidió san Bonifacio un concilio en que se halló Carlomagno, donde se ordenaron muchas cosas muy útiles para el bien de la Iglesia; fué nombrado arzobispo de Maguncia, y en nombre del pontífice coronó por rey de Francia a Pipino. Habiendo tenido noticia de que los Frisones habían vuelto a su antigua superstición, se embarcó con tres presbíteros y tres diáconos y cuatro monjes, para reparar los daños que el demonio había hecho en aquella provincia; y estando un día el santo con sus compañeros cerca de un río aguardando que viniesen los gentiles bautizados para recibir la Confirmación, cayeron sobre ellos de repente armados los bárbaros paganos y mataron a aquellos apostólicos varones y a otros cincuenta y tres compañeros, todos los cuales alcanzaron con san Bonifacio la palma del martirio.

Reflexión: Es muy celebrado un dicho de san Bonifacio, el cual hablando de los sacerdotes y de los cálices antiguos y de los de su tiempo, dijo que los sacerdotes antiguos eran de oro y celebraban en cálices de madera, y los de su tiempo eran sacerdotes de madera y celebraban en cálices de oro. De este dicho se hace mención en el Decreto y en el concilio Triburense. No quiso decir el santo que no estuviese bien empleado el oro en el servicio de Dios, que bien merece nuestro Señor todo esto y mucho más: sino que deseaba que los sagrados ministros fuesen también puros y preciosos como el oro en el acatamiento divino. Roguemos pues al Señor por los sacerdotes, para que no permita que ninguno se haga indigno de su sagrado y angelical ministerio, sino que todos resplandezcan por su vía ejemplar, y sean, como dice Jesucristo, la luz del mundo y la sal de la tierra.

Oración: Oh Dios, que te dignaste llamar al conocimiento de tu nombre una muchedumbre de pueblos por medio del celo de tu bienaventurado mártir y pontífice Bonifacio, concédenos propicio que experimentemos el patrocinio de aquel santo cuya solemnidad celebramos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

domingo, 3 de junio de 2018

4 de junio. San Francisco Carácciolo, fundador. —(f 1608) Flos Sanctorvm Santoral



El fervorísimo sacerdote, san Francisco Carácciolo, nació en el lugar llamado Santa María, de la diócesis de Trivento del reino de Napóles, y fué hijo de nobilísimos y cristianísimos padres. Desde sus primeros años se mostró tan compasivo de los pobres, que cuando se sentaba a la mesa para comer, dejaba a un lado el plato que más le gustaba y le llevaba a los pobres. Siendo de mayor edad se inclinó a las armas, y aprendió los ejercicios militares propios de los caballeros de su tiempo; mas como se viese acometido de una maligna dolencia que le cubrió de pies a cabeza de una lepra asquerosísima, y redujo toda su hermosura y gentileza a un disforme esqueleto, ofreció a Dios que si le restituía la primera salud, abrazaría el estado religioso. Mientras estaba haciendo esta resolución, se sintió inundado de una avenida tan copiosa de lágrimas, que embargándole la voz, le dejó suspenso: y vuelto en si, como si despertara de un dulce sueño, se halló fuera de todo peligro, y en pocos días se vio bueno y sano. Aprendió las letras humanas y divina, y habiéndose ordenado de sacerdote, celebró su primera misa con asistencia de la nobleza más distinguida de Napóles; y fué este acto de grande ternura y edificación. Juntándose después con don Agustín Adorno y "don Fabricio, fundaron la nueva orden de clérigos, que el sumo pontífice Sixto II quiso se nombrase de Clérigos menores; y habiendo fallecido el padre Agustín Adorno, primer general, fué elegido nuestro Francisco que era confundador; mas a los seis años de su gobierno alcanzó con sus muchos ruegos dejar su oficio. Entonces se dio a una vida tan santa como admirable: porque escogió para su habitación un rincón debajo de la escalera de la casa, estrecho, oscuro y guarnecido de calaveras, que más parecía sepulcro de muertos, que habitación de vivos. Allí estaba recluso, todo el tiempo que le sobraba de los actos de comunidad, absorto en la contemplación de las cosas celestiales. Las noches pasaba en la iglesia velando en oración, donde le vieron varias veces en éxtasis con los brazos en cruz. Finalmente habiendo tenido revelación de su muerte, y sintiéndose abrasado de una grave calentura, preguntó al enfermero que le asistía: «¿En qué día estamos?» y respondió: En martes 3 de junio, antevíspera del Corpus.» Dijo Francisco: «Pues según eso, mañana saldré de este mundo.» Y el día siguiente, recibidos con grande devoción los sacramentos, plácidamente expiró. Comenzó luego su cadáver a despedir una suavísima fragancia, y estuvo en el féretro tres días para satisfacer a la devoción del pueblo, después de los cuales determinaron embalsamarle para transportarle a Napóles y le hallaron ceñidos con un áspero cilicio.

Reflexión: No es menester vivir como este santo en una celda pobrísima, obscura y llena de calaveras, pero es gran desatino pensar que hemos venido a este mundo para tener nuestro cielo en la tierra, y pasar la vida conforme a la ley de nuestros gustos y antojos. Hemos de morir: y si hemos de morir, no ha de caerse jamás de nuestra memoria el saludable recuerdo de la muerte. ¿Qué provecho ha sacado de todas las riquezas, honras y placeres de su vida, el que la termina con una mala muerte? ¿Y qué daño recibe de todos sus contratiempos, el que la acaba con santa muerte? En eso está todo el gran negocio de la vida mortal del hombre: en morir bien.

Oración: Oh Dios, que ilustraste al bienaventurado Francisco, fundador de nueva orden, con el amor de la oración y de la penitencia, concede a tus siervos, que imitando su ejemplo, perseveren en la oración y domen la rebeldía de su cuerpo para merecer la gloria celestial. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

3 de junio. Santa Clotilde, reina de Francia. (t 545) Flos Sanctorvm Santoral



Santa Clotilde, gloriosísima reina de Francia, fué hija de Chilperico, hermano menor de Gondebaldo, tirano rey de Borgoña que quitó la vida a él, a su mujer y a los demás hermanos suyos, por usurpar la corona. En esta lamentable tragedia solo fueron perdonadas dos hijas de Chilperico, de las cuales una fué nuestra santa Clotilde. Crióse en la corte de su tío y aunque se hallaba entre herejes arrianos deparóle el Señor quien la instruyese en las cosas de la verdadera fe. Por su extraordinaria hermosura, honestidad y discreción pidióla y alcanzóla por esposa Clodoveo, potentísimo rey de Francia. Procuró ella a su vez ganar a su rey esposo para Jesucristo, persuadiéndole que dejase la vana idolatría, y aunque él prometía de hacerlo así, no lo acabó consigo hasta que una grande necesidad y aprieto ablandó y rindió su corazón: porque en una batalla que libró contra los Alemanes, siendo él muy inferior en fuerzas, levantó el corazón al cielo y dijo: «El verdadero Dios de mi mujer Clotilde me valga»; y habiendo conseguido la victoria, no solamente se bautizó como había prometido, sino que también acabó de desterrar de su reino la idolatría y levantó en París la iglesia mayor san Pedro y san Pablo, llamada después Santa Genoveva y envió su real diadema, conocida hoy con el nombre de reino, al sumo pontífice Hormisdas, significándole por aquel presente que dedicaba su reino a Dios. Muerto el rey, se retiró su santa esposa a Tours donde pasó el resto de sus días en oraciones, vigilias, penitencias, y muchas obras de caridad y beneficencia propias de su magnífico y real ánimo. Predijo el día de su muerte un mes antes que sucediese y en su última enfermedad llamó a sus dos hijos Childeberto rey de París, y Clotario rey de Soissons, y los exhortó con santas palabras y maternal autoridad a mirar por la honra de Dios, a conservar entre sí la paz y concordia y hacer justicia y misericordia a los pobres. Recibió después con tiernísima devoción los sacramentos de la Iglesia, hizo pública profesión de fe y entregó su alma preciosa en las manos del Criador. Su cadáver fué sepultado con el de su marido el rey Clodoveo en la iglesia de santa Genoveva, e ilustró el Señor su sepulcro con muchos milagros.

Reflexión: Bárbaro y gentil era el rey Clodoveo; y por las oraciones y piadosas instancias de santa Clotilde dejó la vana idolatría y abrazó la fe de nuestro Señor Jesucristo. ¡Oh! ¡Cuánto valen y pueden delante de Dios las súplicas y lágrimas de una esposa, para alcanzar la conversión de su marido! Entiéndanlo bien las señoras que tienen el marido apartado de la religión y de la fe; porque si no cesan de rogar por él y de exhortarle con oportunos avisos, alcanzarán del Señor su conversión. En esto han de manifestarle principalmente su amor; porque ¿qué cosa más para sentirse y llorarse, que verse eternamente separados el uno del otro dos consortes, que mucho se amaban, por haberse salvado la mujer fiel y condenádose el marido infiel? Y ¿qué mayor ventura pueden desearse, si de veras se aman, que la de poderse unir eternamente con los más dulces e inquebrantables lazos del amor en la gloria del paraíso, donde la esposa gozará de la vista y compañía de su esposo glorioso y el esposo de la regalada presencia y conversación de su esposa glorificada, sin temor ninguno de que la muerte pueda separarlos jamás, ni de que tribulación alguna pueda menoscabar un punto su gozo y felicidad beatífica?

Oración: Óyenos, oh Dios autor de nuestra salud, para que los que nos alegramos en la festividad de la bienaventurada Clotilde, seamos enseñados en el afecto de la piadosa devoción. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

viernes, 1 de junio de 2018

2 de junio. La beata Ana de Jesús de Paredes. — (t 1645) Flos Sanctorvm Santoral



La inocentísima y penitente virgen, beata María Ana de Jesús, nació de esclarecido linaje en la ciudad de Quito de la América meridional. Casi desde la cuna tomó el camino de la perfección, y se dio tanta prisa a correr por él, que al empezar, pudo parecer que acababa. Apenas tenía diez años, hizo ya los tres votos de pobreza, castidad y obediencia, que suelen hacerse en la profesión religiosa. Como oyese un día las alabanzas de aquellos tres santos mártires de la Compañía de Jesús, que en el Japón habían sido crucificados y alanceados por la fe que predicaban, encendiéndose la santa niña en vivos deseos de ganar almas a Cristo y derramar su sangre en esta demanda, dejó secretamente, como santa Teresa de Jesús, la casa de sus padres y se puso en camino para ir a la conversión de los pueblos bárbaros e idólatras: mas no pudiendo llevar a cabo su intento, se hizo en una pieza muy retirada de su casa su yermo y soledad, donde apartada de todas las cosas del mundo, pudiese vivir para solo Dios. Allí imitó la vida asperísima y penitente que leemos de los admirables anacoretas de la Tebaida. Llevaba hincada en la cabeza una corona de punzantes espinas, ceñía su delicado cuerpo con áspero silicio, poníase piedrecillas en los zapatos, tomaba su breve descanso sobre una cruz sembrada de espinas, y afligía varias veces así de día como de noche todos los miembros de su cuerpo con inauditas invenciones de tormentos. Eran tan extraordinarios y maravillosos sus ayunos que pasaba a veces ocho y diez días sin comer más de una onza de pan duro. A pesar de este extremado rigor que usaba consigo, era tan blanda y afable con los demás, que fácilmente rendía los corazones de cuantos trataba, y los ganaba para Jesucristo; y así redujo a vida honesta y virtuosa a muchos pecadores de toda condición y estado que se hallaban encenagados en los vicios, o muy apartados del camino de su salvación. Las consolaciones y soberanos favores que recibía en su íntimo trato con Dios, no son para declararse con palabras humanas. Viéronla levantada de la tierra y brillando su rostro con una luz del cielo: tuvo Excelente don de profecía y discreción de espíritu, curó a muchos enfermos, y resucitó a una mujer difunta. Finalmente habiéndose ofrecido al Señor para satisfacer con su muerte por los pecados del pueblo afligido a la sazón por la pestilencia que hacía en Quito grandes estragos, a la edad de veintiséis años entregó su alma al celestial Esposo. Una maravilla del cielo se vio momentos después de espirar la purísima doncella: y fué que de su sangre cuajada brotó una blanquísima y hermosísima azucena: por cuyo soberano acontecimiento comenzaron a apellidar a la santa con el nombre de Azucena de Quito.

Reflexión: ¡Qué contraste forma la vida de esta santísima doncella con la que llevan las doncellas mundanas de nuestros días, ataviados con todas las invenciones de la moda y escandalizando con su inmodestia y profanidad! Pero aquella con su retiro, su modestia, su honestidad y mortificación admirable fué una grande santa, y está gozando de inefable gloria en el cielo; y ¿qué será de esas jóvenes tan vanas, distraídas, orgullosas y sensuales, tan enemigas de la verdadera piedad, y tan amigas de los placeres del mundo?

Oración: ¡Oh Dios! que hasta en medio de los lazos del mundo quisiste que la bienaventurada María Ana floreciese como lirio entre las espinas, por su virginal castidad y asidua penitencia; concédenos por sus méritos e intercesión, que nos apartemos de los vicios y sigamos 1a senda de las virtudes. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.