viernes, 26 de enero de 2018

27 de enero. SAN JUAN CRISÓSTOMO, OBIS., CONF. Y DOCTOR. — (t 407) Flos Sanctorvm Santoral


San Juan, llamado por' su elocuencia el Crisóstomo, que quiere decir boca de oro, nació de padre  ilustres, en Antioquía. Aprendió las ciencias humanas en Atenas, y la sabiduría divina en el retiro monacal y en el encerramiento de una cueva, donde por espacio de dos años hizo penitencia muy rigurosa. Ordenóse " de presbítero en Antioquía, y cuando el santo obispo Flaviano imponía las manos sobre él, vióse una blanca paloma, que volando blandamente, vino a posar sobre la cabeza del nuevo sacerdote. Encomendáronle el ministerio de la divina palabra, y fué tan asombrosa la virtud de su predicación, que en breve se reformó aquella populosa ciudad. En esto quedó vacante la silla de Constantinopla y todos pusieron los ojos en el Crisóstomo, y entendiendo el emperador Arcadio que el santo había de huir a todo trance de aquella dignidad, mandó al gobernador de Antioquía que se apoderase de él secretamente, y con buena guardia le llevase a Constantinopla. En llegando a aquella capital del imperio, fué recibido triunfalmente y consagrado obispo y patriarca. En pocos días mudó también de semblante aquella corte, y es imposible decir las maravillas que allí obró el incomparable y elocuentísimo prelado, el cual, como si hallase estrecho aquel campo de su celo, recorrió además la Fenicia, y los pueblos de los Escitas y Celtas, exterminando de todo el imperio las herejías de los Eunomianos, Arríanos y Montañistas, y extendiendo su vigilancia pastoral a todas las iglesias de Tracia, del Asia y del Ponto, que eran veintiocho provincias eclesiásticas. No le faltaron enemigos así en la corte como en el clero; formóse contra él un conciliábulo, que le depuso de su silla patriarcal; mas apenas había tomado el santo el camino de su destierro, cuando un pavoroso terremoto movió a la emperatriz Eudoxia a restablecerle en su silla. Dos meses después, por haber predicado, con apostólica libertad, contra unos juegos públicos que eran resabios de la gentilidad, enojóse la emperatriz de manera que determinó de perderle, y le desterró a una miserable población de Armenia, a donde llegó muy enfermo y fatigado por los despiadados tratamientos que padeció en el viaje. Entonces cayó sobre Constantinopla una tempestad de rayos y piedra que hizo horrorosos estragos. La emperatriz murió de repentina muerte y casi todos los perseguidores del Crisóstomo vieron sobre sí la venganza del cielo. Totalmente, desterrado a Arabisa, y despaes al desierto de Pitias, conociendo que era llegada su hora postrera, cubrióse con una vestidura blanca para recibir la sagrada Comunión, en la iglesia de san Basilisco, donde entregó al Señor su alma preciosa.

Reflexión: Yendo a su destierro escribió una carta a sus fieles amigos, en la cual les decía estas palabras: «Si estáis encarcelados, encadenados y encerrados por no consentir a la maldad, alegraos y regocijaos y coronaos de fiesta, pues por ello tendréis copioso galardón del Señor; que también nosotros estamos consumidos y hemos pasado innumerables géneros dé muertes, y mayores miserias que los que trabajan en las minas y están detenidos en las cárceles. Llegando a Cesárea he tenido por gran regalo el beber un poco de agua limpia y comer un pedazo de pan que no fuese duro ni oliese mal».


Oración: Suplicámoste, Señor, que la gracia celestial dilate cada día más la santa Iglesia, que te dignaste ilustrar con los gloriosos merecimientos y con la doctrina del bienaventurado Juan Crisóstomo, tu confesor y pontífice. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 

jueves, 25 de enero de 2018

26 de enero. S. POLICARPO, OBISPO DE ESMIRNA Y MÁRTIR. (t 160) Flos Sanctorvm Santoral


El glorioso obispo de la edad apostólica fué discípulo de san Juan evangelista y maestro de san Ireneo, el cual dice de él: «Policarpo no sólo fué enseñado por los apóstoles, y conversó con muchos que habían visto y conocido al Señor, sino que los mismos apóstoles le eligieron por obispo de Esmirna, en Asia. Yo le traté en el tiempo de mi mocedad, porque murió muy viejo, y tenía ya muchos años cuando pasó de esta vida después de un glorioso e ilustre martirio. Enseñó siempre aquella misma doctrina que había aprendido de los apóstoles, la que enseña la Iglesia, y la que es únicamente doctrina verdadera. En tiempo de Aniceto vino a Roma y reconcilió con la Iglesia de Dios a muchos seguidores de los herejes, publicando que la doctrina que él había aprendido de los apóstoles no era otra sino la que la Iglesia enseñaba.» Hasta aquí san Ireneo (Lib. de haeres). Fué también muy amigo de san Policarpo, el fervorosísimo mártir san Ignacio, obispo de Antioquía, el cual, cuando era conducido a Roma, y condenado a las fieras del anfiteatro, tuvo grande consuelo al pasar por Esmirna para dar su último abrazo a Policarpo, a quien escribió todavía dos cartas llenas de celo apostólico.

También fué a Roma san Policarpo, siendo de edad de ochenta años, para consultar con el Papa Aniceto algunos puntos de disciplina eclesiástica, y allí topó con el famoso hereje Marción; y preguntándole éste: ¿Me conoces? Respondióle el varón apostólico: Sí; te conozco; eres el hijo primogénito del diablo. Ochenta y seis años tenía, cuando en la sexta persecución de la Iglesia le prendieron y llevaron al anfiteatro de Esmirna. Al entrar en aquel lugar de su martirio, oyó una voz del cielo que le decía: ¡Buen ánimo, Policarpo, y persevera firme! Exhortándole luego el procónsul a maldecir a Jesús, respondió el venerable anciano: Ochenta y seis años ha que sirvo a mi Señor Jesucristo, jamás me ha hecho ningún mal, antes, cada día he recibido de él nuevas mercedes; ¿cómo quieres, pues, que le maldiga? Enojóse con esta respuesta el tirano, y clamaron los gentiles con grandes voces diciendo: ¡Al fuego! ¡Al fuego! Entonces hicieron con grande prisa una hoguera, en la cual arrojaron al santo obispo; mas el fuego no tocó al santo, ni le quemó, antes estaba a manera de una vela de nave que navega hinchada de próspero viento; y dentro de su seno parecía el cuerpo del santo, no como carne quemada, sino como oro resplandeciente en el crisol, y las mismas llamas, para mayor milagro, echaban, de sí un olor suavísimo como de incienso quemado en las brasas. Finalmente, viendo los ministros que no se podía acabar la vida de aquel santo con fuego, determinaron acabarle pasándole el cuerpo con una espada, y en este martirio voló aquella alma dichosa al cielo para gozar eternamente de Dios.

Reflexión: Así morían los santos obispos de la primitiva Iglesia y los inmediatos discípulos de los apóstoles. Después de haber enseñado con palabras y ejemplos la santísima doctrina del Señor, la sellaban con la sangre del martirio, única recompensa que llevaban de este mundo, pero magnífica prenda de alta gloria por toda la eternidad. ¿Te cuesta algún trabajo el ser cristiano de veras? Anímate, pues, recordando que mucho más padecieron los maestros de nuestra santa fe, y nunca te olvides de lo que dice san Pablo, a saber: Que todas las penas de esta vida no son nada en comparación con la futura gloria con que Dios recompensa a sus escogidos.


Oración: Oh Dios, que cada año nos alegras con la solemnidad de tu bienaventurado mártir y pontífice Policarpo, concédenos tu gracia, a fin de que mientras honramos su nacimiento en la gloría, nos holguemos mereciendo en la tierra su protección celestial. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 

miércoles, 24 de enero de 2018

25 de enero. LA CONVERSIÓN DE SAN PABLO. — (Año 35 de J. C.) Flos Sanctorvm Santoral


La maravillosa conversión de san Pablo la hallamos escrita en el sagrado Libro de los Actos de los Apóstoles por estas palabras: «En aquel tiempo, respirando todavía Saulo amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al Príncipe de los sacerdotes pidiéndole despachos para las sinagogas de Damasco, a fin de conducir presos a Jérusalén cuantos hombres y mujeres hallase profesores de la vida cristiana; pero yendo su camino, sucedió que cerca de Damasco, de repente, le rodeó una luz del cielo, y cayendo en tierra, oyó una voz que decía: Saulo, Saulo. ¿por qué me persigues? Y él preguntó: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor le dijo: Yo soy Jesús a quien tú persigues: dura cosa te es cocear contra el aguijón. Y Saulo, tembloroso y despavorido, volvió a preguntar: ¿Qué quieres que yo haga? — Levántate, le dijo el Señor, entra en la ciudad, y allí se te dirá lo que has de hacer. Los ministros que le acompañaban estaban pasmados al oír la voz que le hablaba, sin ver la persona. Levantóse Saulo de la tierra, y aunque abría los ojos, nada veía: de suerte que, asido de la mano le introdujeron en Damasco, donde permaneció tres días sin vista, y sin comer ni beber. Hallábase a la sazón en aquella ciudad cierto discípulo llamado Ananías, a quien el Señor en revelación llamó por su nombre, y respondiendo él: Aquí estoy, Señor; —• Levántate, le dijo, y ve al barrio que llaman Recto y busca en casa de Judas a Saulo que se llama el Tarsense. — Señor, respondió Ananías; he oído a muchos cuántos males ha causado este hombre a tus santos en Jerusalén, y que tiene facultad de los príncipes de los sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre. Mas el Señor le replicó: Ve, porque éste es mi vaso de elección que ha de llevar mi nombre ante las naciones, los reyes y los hijos de Israel, y a quien seguramente mostraré cuanto le conviene padecer por mi nombre. Con esto fuese Ananías, entró en la casa donde estaba Saulo, e imponiéndole las manos, le dijo: Hermano Saulo, me ha enviado el Señor Jesús, que te apareció en el camino por donde venías, a fin de que recobres la vista; y levantándose fué bautizado, después de lo cual comió y quedó confortado. Permaneciendo aún algunos días con los discípulos que había en Damasco, predicaba continuamente en las sinagogas que Jesús era el Hijo de Dios. Maravillábanse todos los que le oían, diciendo: ¿Por ventura no es éste el que perseguía en Jerusalén a los que invocaban el nombre cristiano, y vino aquí para llevarlos presos a los príncipes de los sacerdotes? Pero Saulo predicaba aún con mayor fortaleza, y confundía a los judíos que moraban en Damasco, afirmando que Jesús era el Cristo y Mesías esperado.» (Act. Apost. Cap. IX).

Reflexión: ¿Quién podía imaginar que aquel fariseo sin entrañas que guardaba la ropa de los que apedreaban a san Esteban, aquel bravo alguacil de Caifas que andaba de casa en casa para prender a los fieles y cargarles de cadenas, aquel tirano cruel que mandaba azotar bárbaramente en las sinagogas a los cristianos y a fuerza de tormentos había logrado que algunos renegasen; de récente se trocase en discípulo de Cristo, en el más ardiente predicador de Cristo y en el más celoso de los santos apóstoles? Estas son manifiestas obras del muy Alto, para que, como dice el mismo san Pablo, el hombre no se gloríe de nada.


Oración: ¡Oh Dios! que enseñaste a todo el mundo por medio de la predicación del apóstol san Pablo, concédenos que así como hoy honramos su conversión, así también caminemos hacia Ti, siguiendo su ejemplo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 

martes, 23 de enero de 2018

24 de enero SAN TIMOTEO, OBISPO Y MÁRTIR. (f 93 de J. C.). Flos Sanctorvm Santoral


Nació este apostólico varón y mártir de Cristo en Licaonia, de padre gentil y de madre judía. Viniendo san Pablo con san Bernabé a Listra, entre otros que se convirtieron a la fe, fué uno Timoteo, cuyos padres hospedaron a los apóstoles en su casa, y les entregaron a su hijo, mozo de buen ingenio y bien inclinado; y el apóstol san Pablo le tomó en su compañía y le tuvo por hijo y discípulo amantísimo, enseñándole aquella doctrina que él había aprendido en el tercer cielo, y llevándole consigo en sus peregrinaciones, como compañero suyo muy amado. Llámale en sus Epístolas, hermano, hijo carísimo en el Señor, ministro de Dios y coadjutor suyo en el Evangelio. Y en algunas de ellas, pone la salutación: Paulo y Timoteo, siervos de Jesucristo, como si fueran aquellas Epístolas de ambos y no de sólo san Pablo. Mas aunque san Timoteo fué tal como le pinta el mismo Apóstol de las Gentes, no por eso se descuidaba de sí, antes era más humilde y penitente: y padeciendo mucha flaqueza de estómago y otras enfermedades, bebía agua con tanto rigor, que fué menester que el mismo apóstol le mandase que¡ bebiese un poco de vino, porque así convenía a su salud. Después de haber participado de las fatigas apostólicas de san Pablo en Macedonia, Asia, Grecia, Acaya, Palestina y Roma, fué nombrado obispo de Efeso en lugar de san Juan Evangelista a quien el emperador "Domiciano había desterrado a la isla de Patmos: mas no vivió san Timoteo muchos años en aquella silla: porque haciendo allí una fiesta los gentiles, en la cual, -enmascarados, usaban de una bárbara crueldad contra los hombres y mujeres que topaban por las calles, dándoles muchos golpes con unas mazas, y matando a algunos de ellos, pensando que con aquel sacrificio aplacaban a los dioses; el santo obispo les reprendió y procuró apartar de aquella sacrilega locura; y fué tanto lo que se enojaron contra él, que le arrojaron todo lo que les venía a las manos; y asiendo de él con gran crueldad y fiereza, le arrastraron y le dejaron por muerto. Los cristianos acudieron y le hallaron boqueando, poco después dio su espíritu al Señor. Su cuerpo fué sepultado en un lugar llamado Pión, con gran sentimiento y devoción de los fieles, hasta que el emperador Constancio, hijo del gran Constantino, trasladó sus reliquias .a un templo, que edificó en honra de los apóstoles; y el emperador Justiniano le acrecentó, y le hizo más suntuoso y magnífico. San Ignacio en una epístola que escribe a los de Efeso, les dice: -«Vosotros habéis conversado con Pablo y con Juan y con el fidelísimo Timoteo». Y en otra carta, que escribe a los de Filadelfia, dice «que Timoteo se debía contar entre el número de los santísimos varones, que en virginidad y pureza pasaron su vida».  

Reflexión: Con sangre selló el Hijo de Dios su Evangelio, con sangre lo sellaron sus santos apóstoles, con sangré lo sellaron sus discípulos, como el glorioso san Timoteo, y con sangre de millones de mártires se propagó sobre toda la tierra. Parece pues imposible que haya cristianos que adoren la cruz sangrienta de Cristo, y al mismo tiempo los ídolos del interés terrenal y del placer sensual, como los gentiles y los moros. No quieras tú gozar antes de tiempo. Mira el santo crucifijo como modelo de los predestinados, y oye al apóstol san Pablo que dice: Si nos crucificamos con Cristo, reinaremos con Cristo en su gloria.


Oración: Oh Dios omnipotente, mira con ojos piadosos nuestra flaqueza, y pues nos oprime el peso de nuestros pecados, alívianos de él, por la gloriosa intercesión de tu bienaventurado mártir Timoteo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 

lunes, 22 de enero de 2018

23 de enero SAN ILDEFONSO, ARZOBISPO DE TOLEDO. (t 669). Flos Sanctorvm Santoral


Por muchos años desearon tener hijos los ilustres padres de san Ildefonso, y prometía su madre a María Santísima que, si le daba un varón, con todas sus fuerzas procuraría que fuese su capellán. Cumplió el Señor tan santos deseos, naciendo el santo niño. Criáronle sus padres con todo cuidado, y señaladamente su madre por tenerlo ofrecido a Nuestra Señora. Llegado a la edad competente, le enviaron a san Isidoro, arzobispo de Sevilla, para que en su colegio aprendiese, con otros mancebos de su edad, las letras humanas y divinas, principalmente el amor y  temor de Dios. Pasados doce años, volvió de Sevilla, docto y bien ejercitado en la filosofía y las Letras Sagradas, y abandonando todas las cosas del mundo, retiróse en el monasterio de benedictinos. Mas su padre fué con gente armada para sacarlo del claustro; y no pudiendo lograrlo, por haberse ocultado el santo joven entre unas paredes ruinosas, desistió de su mal propósito. Vieron los monjes en Ildefonso un acabado modelo de perfección y sabiduría, y de común acuerdo le eligieron por su abad: más habiendo fallecido su tío el arzobispo de Toledo, san Eugenio, a propuesta del rey y por aclamación del pueblo fué escogido por sucesor nuestro santo, y por más que lloraba y gemía, no pudo resistir a la voluntad de Dios, y hubo de sentarse en la cátedra arzobispal de Toledo. Aquí, como en más ancho campo, resplandecieron y dieron mayor brillo sus dotes naturales y sus virtudes.  Amábanle todos, como a padre; llamábanle Crisóstomo y boca de oro por su elocuencia, y doctor de la Iglesia por sus admirables escritos. Convenció en pública disputa a los herejes venidos de la Galia gótica, que ponían mácula en la virginal integridad de Nuestra Señora; y en recompensa de este celo y devoción, mereció que la virgen santa Leocadia en el día de su fiesta a vista de todo el pueblo se levantase de su sepulcro y le dijese: «Ildefonso, por ti vive la gloria de mi Reina». Cortó después el santo con la daga del rey Recesvinto, que estaba presente, una parte del velo que cubría el rostro de la santa virgen. Entrando otro día en la catedral, aparecióle la Reina de los cielos con grande majestad, y le regaló una preciosa casulla, como a su amado capellán. Finalmente, a los sesenta años de edad,' murió el santo arzobispo con gran sentimiento de toda su grey, y fué sepultado el sagrado cuerpo en el templo de santa Leocadia: después en la invasión de los moros fué llevado por los cristianos a Zamora, donde es tenido en gran veneración.

Reflexión: Aunque san Ildefonso fué admirable en todas sus obras, en lo que más se esmeró, fué en la devoción de Nuestra Señora, que se le había pegado ya en las entrañas de su madre; y así en las muchas y provechosas obras que escribió resplandece su santidad y una ternura y afecto entrañable cuando trata de la sacratísima Virgen María, y entonces parece que extiende las velas de su devoción y se deja llevar con el viento fresco del espíritu del cielo que le guiaba. Imitémosle todos en es tierna y filial devoción a la Madre de Dios, porque es prenda de eterna vida. Ninguno de los devotos de la Santísima Virgen ha tenido la desgracia de morir en pecado mortal y condenarse. Todos los que han sido fieles devotos de la Virgen están en el cielo.


Oración: Oh Dios, que honraste por medio de la gloriosísima Madre de tu Hijo al bienaventurado Ildefonso tu confesor y pontífice, enviándole un regalo de los tesoros celestiales, concédenos propicio, que por sus ruegos alcancemos los eternos dones. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 

domingo, 21 de enero de 2018

22 de enero. SAN VICENTE, DIÁCONO Y MÁRTIR. (T 304). Flos Sanctorvm Santoral


El ilustrísimo diácono y mártir san Vicente nació en la ciudad de Huesca y crióse en la de Zaragoza del reino de Aragón. Desde niño se inclinó a las obras de piedad y a las letras y finalmente fué ordenado de diácono por san Valerio, obispo de Zaragoza, el cual por ser ya viejo e impedido de la lengua, encomendó a san Vicente el oficio de predicar. Eran emperadores en este tiempo Diocleciano y Maximiano, y enviaron a España al presidente Daciano, el cual llegando a Zaragoza hizo grande estrago en la Iglesia de Dios. Prendió a san Valerio y a san Vicente y los mandó llevar a la ciudad de Valencia a pie cruelmente atormentado. Tendiéronle pues sobre el potro y con cuerdas a los pies y a las manos descoyuntáronle los sagrados miembros; rasgáronle después el pecho y las espaldas con uñas aceradas hasta descubrirle los huesos. En todos estos suplicios no dio el santo mártir ni un gemido, ni derramó una lágrima; antes decía a los atormentadores: ¡Qué flacos sois! ¡por más valientes os tenía! Entonces le extendieron en una cama de hierro ardiendo, y abrasáronle los costados con planchas encendidas, poniéndole sal en las llagas; "y como siguiese el valor oso soldado de Cristo haciendo burla de los sayones y de Daciano, viéndose éste vencido, mandó que le echasen de nuevo a la cárcel. Descubrióse en aquella cárcel obscura y tenebrosa una luz venida del cielo; sintióse una fragancia suavísima y bajaron ángeles a visitar al santo mártir. Turbáronse los guardas creyendo que san Vicente se había huido más él les dijo: No he huido, no:' aquí estoy; aquí estaré; entrad, y gustad parte del consuelo que Dios me ha enviado; que por aquí conoceréis cuán grande es el Rey a quien yo sirvo; y después de haberos enterado de esta verdad, decidle a Daciano de mi parte, que prepare nuevos tormentos, porque yo estoy sano y dispuesto a nuevos martirios. El día siguiente Daciano, viéndole curado de sus heridas. Je mandó acostar en una cama blanda y regalada, y en ella le mostró el glorioso mártir que aborrecía más las delicias que las penas, porque en aquel regalo dio su espíritu al Señor. Arrojado el sagrado cadáver a los perros, y a las olas del mar, fué preservado milagrosamente, y sepultado fuera de los muros de la ciudad en una iglesia que después se dedicó al Señor en honor del mártir.

Reflexión: Cualquiera que imagine, dice san Agustín, que san Vicente padeció con sus propias fuerzas este martirio, se engaña y torpemente yerra, y el que pensara tener ánimo para vencer con su paciencia tales suplicios, es vencido por su soberbia, porque si en esta martirio consideramos la paciencia humana, se nos hace increíble, más si ponemos los ojos en el poder divino, deja de ser admirable. En aquella horrible carnicería y crueldad de tormentos, no parecía sino que uno era el que padecía, y otro el que hablaba. Y así era: porque Dios armaba al santo mártir de tan divina fortaleza, que los tormentos le parecían regalos, el fuego refrigerio y la muerte vida, peleando a porfía  y el furor de Daciano y el ánimo y fervor del santo mártir: pero antes se cansó Daciano de atormentarle, que Vicente de reírse de sus tormentos.


Oración: Oh Dios omnipotente, que no permitiste que el bienaventurado diácono Vicente fuese atemorizado con amenazas, ni vencido con tormentos, rogámoste que nos esfuerces para sufrir con invencible constancia las adversidades de este mundo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 

sábado, 20 de enero de 2018

21 de enero: TERCER DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA. Dom Próspero Gueranguer


La movilidad de la fiesta de Pascua ocasiona casi todos los años un cambio en el orden de los domingos que siguen. Septuagésima puede llegar a caer en enero, y a veces sucede que Quincuagésima se anticipa a la fiesta de la Purificación. Como consecuencia, el Oficio de los cuatro últimos domingos después de Epifanía puede ser trasladado a otro tiempo del ciclo litúrgico.

MISA
El Introito nos presenta a los Ángeles del Señor adorándole, en el momento de su entrada en el mundo, como lo explica San Pablo en su Epístola a los Hebreos. La Iglesia celebra con David la alegría de Sión y el gozo de las hijas de Judá.

INTROITO
Adorad a Dios todos sus Ángeles: lo oyó y se alegró Sión: y se gozaron las hijas de Judá. salmo: El Señor reinó, regocíjese la tierra: alégrense todas las Islas. J. Gloria al Padre.

ORACION
Omnipotente y sempiterno Dios, mira propicio nuestra flaqueza: y extiende, para protegernos, la diestra de tu Majestad. Flor el Señor.

EPISTOLA
Lección de la Epístola del Apóstol San Pablo a los Romanos (XII, 16-21.) Hermanos: No os tengáis vosotros mismos por sabios: no devolváis a nadie mal por mal; haced el bien, no sólo ante Dios, sino también ante los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, tened paz con todos los hombres; no os defendáis a vosotros mismos, carísimos, sino dad lugar a la ira. Porque escrito está: Mía es la venganza; yo pagaré, dice el Señor. Así que, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber. Porque obrando así, amontonarás sobre su cabeza carbones de fuego. No te dejes vencer por el mal, sino vence el mal con el bien.

La caridad para con el prójimo que nos recomienda el Apóstol, tiene su raíz en la fraternidad universal que el Salvador vino a traernos del cielo con su nacimiento. Vino a hacer paces entre el cielo y la tierra; deben, por tanto, los hombres vivir en paz unos con otros. Si nos recomienda el Señor, no dejarnos vencer por el mal, sino vencer el mal con el bien es porque El mismo lo practicó descendiendo hasta los hijos de ira para hacer hijos de adopción, por medio de sus humillaciones y sufrimientos. En el Gradual, continúa la Santa Iglesia celebrando la venida del Emmanuel, invitando a todas las naciones y a todos los reyes de la tierra a acudir a celebrar su Nombre.

GRADUAL
Señor, las gentes temerán tu nombre, y todos los reyes de la tierra tu gloria. — y. Porque el Señor ha edificado a Sión: y será visto en su majestad.

ALELUYA
Aleluya, aleluya. — 1. El Señor reinó, regocíjese la tierra: alégrense todas las Islas. Aleluya.

EVANGELIO
Continuación del santo Evangelio según San Mateo. (VIII, 1-13.)

 En aquel tiempo, habiendo bajado Jesús del monte, le siguieron grandes multitudes: y he aquí que un leproso, acercándose, le adoró, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, extendiendo su maño, le tocó, diciendo: Quiero, sé limpio, Y al punto se limpió su lepra. Y le dijo Jesús: Mira, no se lo digas a nadie; antes, vete, muéstrate al sacerdote, y ofrece tu sacrificio, el que estableció Moisés, para testimonio ante ellos. Y, habiendo entrado en Cafarnaún se acercó a él un Centurión, rogándole y diciéndole: Señor, mi siervo yace en casa paralítico, y es muy atormentado. Y le dijo Jesús: Iré yo y le curaré. Y, respondiendo el centurión, dijo: Señor, yo no soy digno de que entres bajo mi techo: dílo sólo de palabra y sanará mi siervo. Porque también yo soy un hombre, constituido bajo potestad, que tengo soldados a mis órdenes. Y le digo a este: Vete, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oírle Jesús, se admiró, y dijo a los que le seguían: En verdád os digo: No he hallado una fe tan grande en Israel. Y también os digo que vendrán muchos de Oriente y de Occidente, y se sentarán con Abrahán e Isaac y Jacob en el reino de los cielos: mas, los hijos del reino serán arrojados en las tinieblas exteriores: allí será el llanto y el crujir de dientes. Y dijo Jesús al centurión: Vete; y, como has creído, te suceda. Y sanó su siervo en aquel instante.

El género humano padecía la lepra del pecado: el Hijo de Dios se ha dignado tocarle en el misterio de la Encarnación, devolviéndole la salud; pero, exige que el enfermo curado vaya a ver al sacerdote, y realice las ceremonias prescritas por la Ley, para demostrar que asocia al sacerdocio humano a la obra de nuestra redención. En la fe del Centurión aparece también la vocación de los Gentiles, cuyas primicias fueron los Magos. Un soldado romano y muchos millones semejantes a él, serán considerados como verdaderos hijos de Abrahán, de Isaac y de Jacob, mientras que hijos directos de estos Patriarcas serán arrojados fuera de la sala del banquete, a las tinieblas de la obcecación; su castigo será ejemplar para todos los pueblos. En el Ofertorio, el hombre, salvado por la venida del Emmanuel canta el poder de Dios, que ha desplegado en nuestra redención la fortaleza de su brazo. El hombre estaba condenado a muerte eterna; pero, no morirá, pues tiene a un Dios por hermano; vivirá, a fin de poder publicar las maravillas del Dios que le ha salvado.

OFERTORIO
La diestra del Señor ejerció su poder: la diestra del Señor me ha exaltado: no moriré, antes viviré, y contaré las obras del Señor.

SECRETA
Suplicámoste, Señor, hagas que esta Hostia purifique nuestros pecados y santifique los cuerpos y las almas de tus siervos, para poder celebrar este Sacrificio. Por el Señor. Mientras se distribuye el Pan de vida, la Santa Iglesia nos recuerda la admiración que despertaron en los pueblos las palabras de Jesús. Los hijos de la Iglesia, iniciados en todos los misterios, saborean en estos momentos el efecto de esa inefable Palabra, por medio de la cual el Redentor cambió el pan en su cuerpo y el vino en su sangre.

COMUNION
Se admiraban todos de las palabras que salían de la boca de Dios.

POSCOMUNION

A los que nos haces, Señor, gozar de tan grandes Misterios, dígnate, te los suplicamos, adaptamos realmente a sus efectos. Por el Señor.