viernes, 19 de enero de 2018

20 de enero. SAN SEBASTIÁN, MÁRTIR, — (f 288) Flos Sanctorvm Santoral


En este día dio la vida por amor de Jesucristo el ínclito mártir san Sebastián, favorito del emperador Diocleciano, y capitán de su guardia imperial. Ya hacía tiempo que empleaba la autoridad que tenía en la corte, en favorecer a los cristianos, de que estaban llenas las cárceles; despreciando mil veces la vida, a trueque de servirles. Convirtió a la fe a Nicostrato, oficial del juez Cromacio; a Claudio, alcaide de la cárcel, a sesenta y cuatro presos gentiles, a otro Cromacio, vicario del prefecto, a toda su familia y esclavos, que en número de cuatrocientos recibieron el bautismo y fueron puestos en libertad. Al fin delatáronle al emperador, el cual sintió mucho que el mismo capitán de su guardia fuese cristiano, e introdujese la religión cristiana en la corte y en el palacio, y mandó que sin forma alguna de proceso fuese luego asaetado por sus soldados. Ejecutóse la cruel sentencia; y como le dejasen ya por muerto atado a un tronco, por la noche fué a buscar el santo cuerpo Irene, viuda- del mártir Cástulo, oficial del emperador, y hallándole vivo todavía, le hizo llevar con mucho secreto a su casa, donde le curó las heridas de las saetas. Recobrada la salud, persuadíanle que se retirase, pero él, con un valor sin ejemplo, se presentó al emperador, el cual con grande asombro, le juzgó por resucitado. Abogó, pues, Sebastián delante de él por la causa de los cristianos, ofreciendo de nuevo la vida en defensa de la fe, mas como Diocleciano era monstruo sin entrañas, embravecióse como león sanguinario, y ordenó que llevasen al circo al fortísimo mártir, y que allí fuese públicamente apaleado hasta que expirase. Así terminó la vida el cristiano y heroico capitán, a quien el santo Papa Cayo había dicho después del bautismo: Quédate en buena hora, hijo mío, en el palacio y en traje de oficial del emperador, sé glorioso defensor de la Iglesia de Jesucristo. Tomaron los sayones el cadáver del santo mártir y le arrojaron de noche en un albañal, donde solía arrojar las inmundicias de la ciudad, para que los cristianos no supiesen donde estaba, ni le honrasen como a mártir, ni él hiciese milagros, y con la ocasión de ellos se convirtiesen los gentiles a la fe. Pero el Señor ordenó las cosas de otra manera: Porque el mismo san Sebastián apareció en sueños a una santa matrona, llamada Lucina, y le reveló dónde estaba su cuerpo, y cómo había quedado pendiente de un gancho de un madero, y no había caído en aquel lugar hediondo e infame; y le mandó que le enterrase en las catacumbas a la entrada de la cueva y a los pies de los apóstoles san Pedro y san Pablo. Todo lo cual ejecutó la religiosa señora puntualmente, y con gran devoción.

Reflexión: Cuando leemos estas proezas de los fortísimos mártires, se nos vienen las lágrimas a los ojos para llorar la ingratitud con que muchos cristianos de nuestros días reciben el soberano beneficio de la fe. Tenemos el mismo bautismo, el mismo Evangelio, el mismo Cristo: ellos ponían en su, defensa sus haciendas y vidas, nosotros no estamos dispuestos a morir por Cristo ni por la vida eterna, antes desacreditamos con nuestras malas costumbres la santidad y divinidad de nuestra Religión. Reconozcamos nuestra malicia y hagamos penitencia de nuestros pecados para que en el día del juicio no se levanten contra nosotros aquellos mártires cubiertos de gloriosas heridas para condenar nuestra torpísima y detestable indiferencia.

Oración: Atiende, oh Dios todopoderoso, a nuestra debilidad, y pues nos oprime el peso de nuestros pecados, alivíanos de él, por la intercesión del bienaventurado mártir san Sebastián. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 

jueves, 18 de enero de 2018

19 de enero SAN CANUTO, REY DE DINAMARCA, MÁRTIR. — (t 1087) Flos Sanctorvm Santoral


San Canuto, cuarto de este nombre, nació para rey y para santo, pues el Señor le dotó de prendas reales y grandes virtudes. Cuando apenas tenía fuerzas para subir a caballo, mostró capacidad para mandar un ejército. Limpió el mar de piratas, sujetó la provincia de Sembia, y más tarde las naciones incultas y feroces del norte de Dinamarca, y las provincias de Curlandia, de Samogitia y de Estonia. En todas sus expediciones militares siempre salió vencedor, nunca vencido; pareciendo a todos que en él había resucitado Canuto el Grande. No teniendo ya enemigos que domar, se consagró a la nobilísima empresa de labrar la felicidad de sus vasallos. Dio prudentísimas leyes enderezadas a la reformación de las costumbres, eligió varones de reconocido mérito para el gobierno y la magistratura, reedificó muchas iglesias, fundó nuevos monasterios y hospitales, y no pocas veces agotó sus tesoros en beneficio de los pobres. A la iglesia de Roschlit dio su corona real que era de mucho precio, diciendo que mejor empleada estaba en servicio ole la Majestad de Dios, que para ornamento de su persona. Pasaba horas enteras en oración, bañados los ojos de dulces lágrimas, delante del Santísimo Sacramento; y tenía una muy tierna devoción a la Virgen Santísima, queriendo que sus fiestas se hiciesen con gran solemnidad. Teniendo ya ordenadas todas las cosas del reino, los enemigos de la Religión y de la Justicia, llevados de la ambición de reinar, tramaron contra él una sacrilega conjuración, y cercando el templo donde el santo monarca estaba oyendo misa, le asaetaron y traspasaron con una lanza. En sintiéndose herido de muerte, hincadas las rodillas, se ofreció al Señor como inocente víctima, y dijo; Yo os ofrezco, Dios mío,, este poco de vida que me resta. Muero, Señor, por defender vuestra Iglesia santa; dignaos recibir agradablemente mi pobre sacrificio, y haced que algún día se arrepientan mis enemigos de su pecado, para que vos se lo perdonéis, así como yo les perdono de todo corazón la muerte que me dan. Mientras pronunciaba estas últimas palabras, cayó su cuerpo en tierra, y voló su espíritu al reino celestial, donde añadió a la corona de santo rey la de mártir glorioso de Jesucristo. Al punto manifestó Dios la santidad de su fiel siervo con multitud de milagros. En aquel mismo año fué castigada Dinamarca con una extraordinaria enfermedad, para la cual no se descubría otro remedio que la invocación del santa rey. Finalmente, movido el Papa Clemente X de los muchos prodigios que obraba Dios cada día por san Canuto, ordenó que se celebrase el oficio de este santo en toda la Iglesia universal.

Reflexión: Mientras imperó el santo rey Canuto en Dinamarca, había en el reino virtud, paz, justicia y prosperidad verdadera; sólo estaban descontentos los ambiciosos; mas después del sacrilego regicidio, vino el azote de Dios sobre aquella nación, y al general desconcierto de todas las cosas se juntó el hambre, que duró muchos años, y fué tal, que hasta los grandes y el mismo rey se despojaban de sus posesiones para comprar a excesivos precios el sustento necesario. ¡Recio castigo el de un reino que cae en las manos de hombres codiciosos, y en las de Dios irritado! Roguemos por nuestra pobre patria, para que convirtiéndose al Señor, vuelva a su antigua cristiandad y gloria.

Oración: ¡Oh Dios! que para ilustrar a tu Iglesia te dignaste honrar con la palma del martirio y con gloriosos milagros al bienaventurado Canuto, rey; concédenos por tu bondad que así como él fué imitador de la Pasión de Jesucristo, así nosotros, imitando al santo, merezcamos llegar a la felicidad de que goza en los cielos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. 

miércoles, 17 de enero de 2018

18 de enero. LA CÁTEDRA DE SAN PEDRO EN ROMA. — (Año 48 de Cristo.) Flos Sanctorvm Santoral


La fiesta de la Cátedra de san Pedro en Roma, la instituyó la santa Iglesia para celebrar aquel dichoso día en que el príncipe de los apóstoles, después de haber tenido siete años la Cátedra apostólica en Antioquía, la colocó en aquella ciudad, que era señora y cabeza del mundo, para que estando en ella el Vicario de Cristo, más fácilmente abrazase y gobernase todas las provincias del orbe cristiano. También nos recuerda hoy la Iglesia aquel singular beneficio que Cristo nuestro Señor hizo a san Pedro y en él a todo el mundo, cuando alumbrado no de la carne y la sangre, sino con la luz del Padre eterno, reconoció y testificó por Hijo coeterno suyo a Jesucristo, y el Señor, en pago de esta confesión, le hizo Piedra fundamental de su Iglesia, y le dio las llaves del reino de los cielos. Por esta tan grande potestad fué constituido san Pedro pastor universal del rebaño de Cristo, y el primero de toda la serie de soberanos pontífices que por legítima sucesión habían de gobernar la Iglesia, la cual, conforme a la promesa del Señor, ha de durar hasta el fin de los siglos. Entró san Pedro en Roma hacia el año 48 del Señor, y en el segundo del emperador Nerón, que fué el mayor monstruo de crueldad que había de perseguir a la Iglesia todavía naciente. Si consideras a san Pedro pobremente vestido, descalzos los pies, una alforja al hombro, y un báculo en la mano, encaminándose a Roma con intención de asentar en aquella capital de los cesares el trono de su monarquía espiritual, no podrás menos de decir: estas son cosas de Dios; si fueran empresas humanas no tuvieran ningún resultado. Pero el Señor es quien guiaba a Roma los pasos del pobre pescador de Galilea, desprovisto de todo humano recurso; y Dios es quien estableció allí la Cátedra de su Vicario en la tierra, y quien la ha conservado por espacio de diez y nueve siglos, y la conservará hasta el fin del mundo. Esta es la Cátedra de la verdad que Jesucristo dejó establecida perpetuamente sobre la tierra para conservar sin alteración la doctrina de su santo Evangelio, y enseñar a todos los hombres lo que han de saber y obrar para salvarse. Esta es la piedra fundamental de la Iglesia de Cristo, en la cual se han estrellado innumerables y poderosos enemigos, que jamás han cesado en su diabólico empeño de derribarla, y contra la cual, conforme a la promesa del Señor, no prevalecerá todo el poder del infierno. En esta Cátedra gobernó san Pedro a la cristiandad por espacio de veinticinco años, y hasta ahora se guarda en Roma la pobre silla de madera en que se dice que se sentaba el glorioso Príncipe de los apóstoles, y por ella ha obrado el Señor muchos prodigios.

Reflexión: Habiendo dicho Jesucristo a san Pedro: «Tú eres Pedro, y sobre ti edificaré mi Iglesia», han de saber todos los fieles que quieren estar incorporados en este edificio espiritual, que han de estar unidos con esta primera piedra, y con la fe y doctrina de la Iglesia romana, que los sucesores de san Pedro enseñan; y que así como el miembro para tener vida ha de estar unido con su cabeza y el ramo con su raíz y el río con su fuente; así cualquier fiel y católico cristiano ha de estar unido con la Cátedra de san Pedro y de sus sucesores, que después de Cristo son cabezas de todo el cuerpo de la Iglesia, fuera de la cual no se halla la vida, espíritu y la gracia con que se sustenta.


Oración: ¡Oh Dios! que concediste a tu apóstol el bienaventurado san Pedro la autoridad pontificia de atar y desatar, dándole las llaves del reino de los cielos, concédenos por su intercesión que nos veamos libres de las ataduras y cadenas de nuestros pecados. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. 

martes, 16 de enero de 2018

17 de enero: SAN ANTONIO, ABAD. (t 356) Flos Sanctorvm Santoral


El admirable patriarca de los monjes, san Antonio, nació en Como de Egipto, de nobilísimos y cristianísimos padres, los cuales murieron siendo él de edad de diez y siete años. Entrando pues un día en la iglesia, al tiempo que se leía aquel Evangelio en que el Señor decía a un mancebo: «Si quieres ser perfecto, vé y vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, que así hallarás gran tesoro en los cielos», Antonio tomó tan de veras aquellas palabras, como si para él sólo las hubiera dicho Cristo nuestro Señor, y volviendo a casa dio a su hermana la parte de la hacienda que le cabía y repartió todo lo demás a los pobres. Había ya en el desierto algunos solitarios, y entre ellos uno a quien el santo se propuso imitar; aunque como abeja solícita también iba a visitar a los otros monjes, para tomar de todos, como de flores, con que labrar la miel de su devoción; y sacar en sí un perfectísimo retrato de las virtudes que veía en los otros. Pero el demonio, temiendo tan gloriosos principios, le asaltó con todas sus fuerzas, tentándole reciamente para que dejase la soledad, acometiéndole con la llama de los apetitos libidinosos, apareciéndole en figura de una doncella sobremanera hermosa y lasciva, y atormentándole, ya con gritos, alaridos y horribles visiones de monstruos infernales, ya con azotes y otros suplicios, hasta dejarle como muerto. Triunfó el santo de todo el poder del infierno, y aún acrecentó sus austeridades, encerrándose en la cueva de un castillo desamparado, donde moró por espacio de veinte años, hasta que, viniendo a él muchos hombres tocados de Dios, que querían vivir debajo de su santa instrucción, salió de su encerramiento y comenzó a fundar muchos monasterios, los cuales fueron tantos, que aquellos desiertos parecían ciudades populosas, habitadas por ciudadanos del cielo. Sabiendo entonces que muchos cristianos eran presos en la persecución de Maximiliano y llevados a Alejandría, encendióse en gran deseo del martirio; servíales en las cárceles, acompañábales a los tribunales, animábales en los tormentos, muriendo porque no moría por Cristo. Más no quiso el Señor que se acabase con el filo de la espada la vida del que era padre y maestro de innumerables monjes. No se puede fácilmente creer la grandeza de los milagros que obró el Señor por este su siervo fidelísimo, ni la muchedumbre de enfermos que prodigiosamente sanó. Finalmente, habiendo vivido ciento cinco años, y llenado el mundo con la fragancia de su santidad y de sus milagros y victorias, mandó a solas a dos discípulos suyos que en muriendo, le sepultasen, sin que ninguno supiese el lugar donde estaba enterrado, y despidiéndose luego tiernamente de todos, extendió los pies, y miró con alegría la muerte, como quien veía los coros de los ángeles que venían por su alma para llevarla al cielo.

Reflexión: San Juan Crisóstomo decía; «Si alguno ahora viniere a los desiertos de Egipto, hallará que están más a menos y deleitosos que el paraíso, y verá innumerables compañías de ángeles en figura humana, y ejércitos de mártires y coros de vírgenes, y la tiranía del demonio derribada y el reino de Cristo resplandeciente». ¡Oh, qué bien estaría la sociedad si se gobernase por las leyes del Evangelio! Fuerza tiene hasta para formar ciudades de santos, ¿cuánto más, para hacer a los ciudadanos, medianamente virtuosos? Desengañémonos; al paso que la sociedad se acerca a Dios, se va tornando en paraíso; y al paso que se aleja de píos, se convierte en infierno. Y lo mismo pasa en la familia.


Oración: Suplicámoste, Señor, que nos recomiende a ti la intercesión del bienaventurado Antonio, abad, para lograr por su intercesión lo que no podemos alcanzar por nuestros méritos. Por Jesucristo, Señor nuestro. Amén. 

lunes, 15 de enero de 2018

16 de enero. SAN FULGENCIO, OBISPO, CONFESOR Y DOCTOR. — (t 630) Flos Sanctorvm Santoral


El glorioso prelado y sagrado doctor español san Fulgencio, nació en Cartagena, y tuvo por padre al ilustre capitán del ejército de aquella provincia, y por hermanos a los santos Leandro, Isidoro y Florentina. Instruyóse desde su mocedad en las lenguas griega, hebrea, siriaca, itálica y latina, y salió tan aventajado en las Letras sagradas, que alcanzó entre los españoles el grado de doctor. Defendió con tanta erudición y elocuencia la divinidad de Jesucristo, que muchas veces dejó a los herejes arrianos avergonzados y corridos. Por esta causa fué desterrado de Sevilla por orden del rey, y padeció gravísimos trabajos de hambre y sed encerrado en un calabozo de Cartagena, donde ni aun se le permitía mudarse la ropa que llevaba puesta. Desde la cárcel animaba con sus cartas a los católicos, para que defendiesen aun a costa de su sangre si fuese menester, la verdad infalible del artículo revelado en las Santas Escrituras, y exhortaba a su sobrino Hermenegildo a morir por la fe, antes que abrazar la herejía del rey Leovigildo, su padre, que le amenazaba con la muerte; diciéndole que por ningún respeto de hijo había de rendirse a la voluntad de su padre hereje, con tan grande detrimento de la honra de Dios, y atormentándole ya con gritos, alaridos y tanta ruina de la religión católica y estrago de toda la nación. Murió mártir el hijo; y el padre, viéndose acosado de terribles dolores, se movió a penitencia, aunque no lo suficiente para la salvación, mandando a Recaredo, que oyese como a padre y obedeciese a Leandro y Fulgencio, que resplandecían como antorchas de la Iglesia de España. Sosegada la persecución por muerte de Leovigildo, autor de tempestad tan deshecha, mudaron de semblante las cosas de España, cuando recibió el gobierno del reino Recaredo, el cual dio orden de que fuesen luego restituidos a sus iglesias los obispos y celosos varones católicos desterrados de ellas por su padre; con cuyo motivo volvió a Sevilla san Fulgencio con grande júbilo de toda la ciudad, que le recibió como ínclito defensor de la fe de Cristo. Abjurando después Recaredo el error arriano en el concilio de Toledo, toda la nación se convirtió a la verdadera fe. Gobernó san Fulgencio con admirable solicitud las iglesias de Sevilla, Ecija y Cartagena; escribió muchos libros llenos de celestial sabiduría y de aquella gracia que derrama el Espíritu Santo sobre los doctores de la Iglesia; y lleno de méritos y virtudes, y asistido en su último trance por san Braulio, obispo de Zaragoza, y Laureano, obispo gaditano, entregó su alma preciosa al Señor. Las diócesis de Cartagena y Plasencia le veneran como a su patrono; sus reliquias se conservan en la catedral de Murcia, y en el Escorial.

Reflexión: La conversión de España a la verdadera fe, redunda en mucha gloria de los santos hermanos Leandro y Fulgencio, clarísimas lumbreras de la Iglesia española. Y pues la doctrina de los sagrados doctores es la de los santos apóstoles, y la doctrina de los apóstoles es la de nuestro Señor Jesucristo. Dios y hombre verdadero, conservémosla en toda su entereza. Esta es la única doctrina autorizada, verdadera, celestial y divina. Las doctrinas anticatólicas son puras cavilaciones de hombres falibles, veleidosos, apóstatas, impíos, deshonestos y soberbios. ¡Grande imprudencia y extremada locura es, el hacer algún caso de lo que éstos enseñan, tratándose del negocio de toda nuestra eternidad!


Oración: Oh Dios que escogiste para tu pueblo como ministro de la eterna salud al bienaventurado Fulgencio, rogámoste nos concedas, que tengamos por intercesor en los cielos, al que tuvimos en la tierra por doctor y maestro de nuestra vida. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 

domingo, 14 de enero de 2018

15 de enero SAN PABLO, PRIMER ERMITAÑO. —. (t 342.) Flos Sanctorvm Santoral


El gloriosísimo san Pablo, primer ermitaño y modelo de la vida solitaria y contemplativa, nació en la Baja Tebaida, de padres muy ricos. Quedó huérfano a los quince años, y bien enseñado en las letras griegas y egipcias; y como a la sazón Decio y Valeriano persiguiesen a la Iglesia en aquellas partes de Egipto, él se retiró a una casa de campo, en la cual se halló menos seguro, porque su cuñado, por codicia de su hacienda, quería venderle a sus enemigos. Determinó, pues, huir al desierto, y halló en la falda de un monte una cueva espaciosa, y junto a ella una grande palma y una fuente de clara y limpia agua. Allí vivió como ángel en carne humana, muy regalado del Señor, vistiéndose de las hojas de la palma y comiendo de su fruta y bebiendo el agua de la fuente. Un hombre sólo vio en el espacio de noventa años; éste fué el gran padre de los monjes san Antonio abad, el cual por divina inspiración fué a visitarle. Abrazáronse los dos santos con gran ternura, saludándose por sus nombres, como si se hubieran mucho antes conocido; y mientras estaban platicando, vino un cuervo, y puso delante de ellos un pan. San Pablo dijo a san Antonio: ¡Bendito sea Dios! sabed, hermano, que ha sesenta años que este cuervo me trae medio pan, y ahora que vos habéis venido, el Señor nos envía ración doblada. A la mañana siguiente, le comunicó la noticia que tenía de su cercana muerte, y le rogó que le trajese el manto de Atanasio, que sabía tenía guardado, y que envolviese con él su cuerpo. Fuese, pues, Antonio con este recado a su monasterio, y viéndole sus discípulos que le salieron a recibir, le dijeron: «¿En dónde habéis estado, padre?». Respondió: «He visto a Elias, he visto a Juan Bautista en el desierto y a Pablo en el paraíso»; y estando ya de vuelta, vio entre los coros de los ángeles, entre los profetas y apóstoles, el alma de san Pablo que subía a los cielos; y así que llegó a la cueva halló el cadáver del santo, hincadas" las rodillas, la cerviz y las manos levantadas, como cuando hacía oración. Besóle muchas veces, y rególe con sus lágrimas, y queriéndole enterrar y no sabiendo cómo abrirle sepultura, salieron de repente de lo más secreto del yermo dos leones, los cuales comenzaron con las manos a cavar la tierra y hacer la sepultura. Terminada su obra, se acercan a Antonio, bajando la cabeza y lamiéndole los pies; y entendiendo el santo que le pedían su bendición, se la dio y les hizo señas que se fuesen. Entonces vistió el sagrado cadáver con el manto de san Atanasio, y habiéndolo cubierto de tierra, llevóse aquella túnica que estaba tejida de hojas de palma, y con este tesoro se fué a su monasterio. En testimonio de lo que apreciaba aquella presea, los días de Pascua de Resurrección y del Espíritu Santo, se la vestía por fiesta y regocijo.

Reflexión: San Jerónimo, que escribió la vida de este santo, la termina con esta reflexión: «Quiero preguntar a los que son tan ricos que no saben lo que tienen, a los que edifican grandes palacios y en una sarta de piedras preciosas traen grandes tesoros, que me digan: ;qué faltó jamás a este santo y desnudo? Yo ruego al que esto leyere, que se acuerde de Jerónimo pecador, a quien si Dios le diese a escoger, más querría la túnica de Pablo con sus merecimientos, que la púrpura de los reyes con sus penas».


Oración: ¡Oh Dios! que cada año nos alegras con la fiesta de tu confesor el bienaventurado Pablo, concédenos por tu bondad que imitemos en la tierra las acciones de aquél, cuyo nacimiento para el cielo celebramos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 

sábado, 13 de enero de 2018

14 de enero: SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE EPIFANÍA. EL MILAGRO DE CANÁ. Dom Próspero Gueranguer


El tercer Misterio de Epifanía nos muestra la consumación de los planes de la misericordia divina sobre el mundo, y nos manifiesta por tercera vez la gloria del Emmanuel. La Estrella ha llevado al alma hasta la fe, el Agua santificada del Jordán la ha purificado, el Banquete nupcial la une a su Dios. Hemos cantado al Esposo cuando salía radiante al encuentro de la Esposa; hemos oído llamarla desde las cumbres del Líbano; después de haberla ilustrado y purificado, quiere embriagarla con el vino de su amor. Han preparado un banquete, un banquete nupcial; a él asiste la Madre de Jesús, porque es conveniente que, después de haber cooperado al misterio de la Encarnación del Verbo, sea asociada a todas las obras de su Hijo, a todas las gracias que prodiga a sus elegidos. En medio del banquete, llega a faltar el vino: Hasta entonces la Gentilidad no había conocido el dulce vino de la Caridad; la Sinagoga sólo había producido racimos silvestres. Cristo es la verdadera Viña, como El mismo dice. Sólo Él podía dar el vino que alegra el corazón del hombre (Salmo CIII) e invitarnos a beber de ese cáliz embriagador que David había cantado. (Salmo XXII.) Dice María al Salvador: "No tienen vino."" Corresponde a la Madre de Dios hacerle presente las necesidades de los hombres, de quienes es también madre. Respóndele Jesús con aparente sequedad: "¿Mujer, qué nos importa a ti a mí? Mi hora no ha llegado todavía." Iba a obrar en este gran Misterio, no como Hijo de María, sino como Hijo de Dios. Más tarde, en una hora que tendrá que llegar, aparecerá a los ojos de la misma Madre, muriendo en la cruz, con aquella naturaleza humana recibida de ella. María comprendió inmediatamente la divina intención de su hijo y pronunció aquellas palabras que repite sin cesar a todos sus hijos: "Haced lo que Él os diga." Ahora bien, había allí seis grandes ánforas de piedra, que estaban vacías. El mundo efectivamente, había llegado a su sexta edad, según explica San Agustín y otros doctores que en esto le siguen. Durante esas seis edades la tierra había esperado al Salvador que debía enseñarla y salvarla. Jesús manda llenar de agua esas ánforas; mas, el agua no es a propósito para un banquete nupcial. Esta agua eran las profecías y figuras del mundo antiguo, y ningún mortal hasta el comienzo de la séptima edad en que Cristo que es la Viña debía comunicarse, había contraído alianza con el Verbo divino. Pero cuando llega el Emmanuel, no hay ya más que una palabra posible: "Sacad ahora." El vino de la nueva Alianza, el vino que había sido guardado para el fin llena ya todas las tinajas. Al tomar nuestra naturaleza humana, naturaleza débil como el agua, operó El una transformación; elevóla hasta sí mismo, haciéndonos participantes de la naturaleza divina (II S. Pedro, I, 4); nos hizo capaces de unirnos a él, de formar ese Cuerpo de que es Cabeza, esa Iglesia de quien es Esposo, y a la que amó desde toda la eternidad con un amor tan ardiente, que bajó desde el cielo para desposarse con ella. San Mateo, Evangelista del Hombre-Dios, recibió del Espíritu Santo la misión de anunciarnos el misterio de la fe por medio de la Estrella; San Lucas, Evangelista del Sacerdocio, fué elegido para enseñarnos el Misterio de la Purificación por el Agua; correspondía al Discípulo amado revelarnos el misterio de las Bodas divinas. Por eso, al sugerir a la Iglesia la idea de este tercer misterio, se sirve de la siguiente expresión: Este fué el primero de los milagros de Jesús y con él manifestó su gloría. En Belén, el Oro y el Incienso de los Magos declararon la divinidad y la realeza ocultas en el Niño; en el Jordán, la bajada del Espíritu Santo y la voz del Padre proclamaron hijo de Dios al artesano de Nazaret; en Caná, Jesús obra por sí mismo y obra como Dios: "Porque, como dice San Agustín, el que en las tinajas cambió el agua en vino, no podía ser otro que El que anualmente realiza el mismo prodigio en la viña." Además, desde este momento, según nota San Juan, "sus discípulos creyeron en El" y comenzó la formación del colegio apostólico.

MISA
El Introito celebra el gozo de este día que nos muestra a la humanidad unida como Esposa al Hijo del Padre eterno. Imposible pensar que la tierra no se dedique en lo sucesivo a adorar y ensalzar ese sagrado Nombre, del cual se han hecho partícipes, en el banquete nupcial, todos los hijos de Adán.

INTROITO
Adórete, oh Dios, toda la tierra, y salmodie en tu honor: diga un salmo a tu nombre, ¡oh, Altísimo! Salmo: Tierra toda, canta jubilosa a Dios, di un salmo a su nombre: dale gloria y alabanza. — J. Gloria al Padre. El Nombre de Hijo de Dios hecho nuestro por el derecho del contrato nupcial, es la paz, nos dirá el mismo Jesús en sus biaventuranzas, la paz de Dios que nos hemos apropiado con el auxilio de la gracia justificante. Por eso la paz aparece en la Colecta como el objetivo final del gobierno divino en el cielo y en la tierra, y también como el supremo deseo de la Iglesia.

ORACION
Omnipotente y eterno Dios, que gobiernas a un tiempo las cosas celestes y las terrenas: escucha clemente las súplicas de tu pueblo, y concede tu paz a nuestros tiempos. Por el Señor.

EPISTOLA
Lección de la Epístola del Apóstol San Pablo a los Romanos. (XII, 6-16.)
Hermanos: Poseemos dones diferentes, según la gracia que nos ha sido dada: bien (el don) de profecía, conforme a la fe; bien el de ministerio, para ejercerlo en el ministerio; el de enseñanza para el que enseña: el de exhortación para el que exhorta; el de simplicidad para el que distribuye; el de solicitud para el que preside; el de alegría para el que ejerce la misericordia. Sea vuestro amor sin disimulo; odiad el mal, apegaos al bien; amaos mutuamente con fraternal caridad; prevenios con mutuo honor; no seáis perezosos en el cuidado; sed fervorosos de espíritu; servid al Señor; gozaos en la esperanza; sed sufridos en la tribulación; perseverad en la oración; asociaos a las necesidades de los santos; seguid la hospitalidad. Bendecid a los que os persigan; bendecid y no maldigáis. Alegráos con los que se alegren, llorad con los que lloren. Sentid todos lo mismo; no ambicionéis cosas altas, sino acomodáos a las humildes.
La paz que en el mundo de los santos es la característica de los hijos de Dios, es la que crea de igual modo la unidad de la Iglesia ya desde este mundo, pues sólo gracias a ella forma un solo cuerpo cuyos diversos miembros mantienen su multiplicidad bajo el influjo de la cabeza y de su jefe único, y cuyas funciones tan distintas, son todas ellas dirigidas, dentro de su variedad, por el amor de Cristo-Esposo. La Epístola que se nos acaba de leer no tiene más objeto que mostrarnos sometidas al imperio de la caridad, reina de las virtudes, muchas de las aplicaciones de esa paz esencial al cristianismo, especificar detalladamente sus formas y condiciones y adaptar su práctica a todos los estados sociales y a todas las circunstancias de la vida. Es tal para nuestra Santa Madre la Iglesia, la importancia de estas consideraciones, que volverá a tomar este tema, dentro de ocho días, el Domingo tercero después de Epifanía, continuando el texto, del Apóstol en el lugar en que hoy lo deja. Ahora bien, antes de estas sagradas bodas, lejos de la vida divina y de la paz de Dios, que ellas traen al mundo, no había en él más que división y muerte. Cantemos en el Gradual, el prodigio obrado, y ensalcemos al Señor con los Angeles que no cesan de admirarse.

GRADUAL
El Señor envió su Verbo y los sanó: y los libró de la muerte. — J. Alaben al Señor sus misericordias: y sus maravillas con los hijos de los hombres.

ALELUYA
Aleluya, aleluya. — J. Alabad al Señor todos sus Ángeles: alabadle todos sus ejércitos. Aleluya.

EVANGELIO
Continuación del santo Evangelio según San Juan. (II, 1-11.)
En aquel tiempo se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la Madre de Jesús estaba allí. Y fué llamado también Jesús y sus discípulos a las bodas. Y, faltando el vino, le dijo la Madre de Jesús: No tienen vino. Y le dijo Jesús: ¿Qué nos importa a ti y a mí, mujer? Aún no ha llegado mi hora. Dijo su Madre a los servidores: Haced cuanto El os diga. Y había alli seis tinajas de piedra, dispuestas para el lavado de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres cántaros. Di joles Jesús: Llenad de agua las tinajas. Y las llenaron hasta el borde. Y díjoles Jesús: Sacad ahora y llevad al maestresala. Y llevaron. Y, cuando el maestresala saboreó el agua hecha vino, que no sabía de dónde procedía (peno sí lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua), llamó al esposo el maestresala, y le dijo: Todo hombre pone primero el vino bueno: y cuando se han saciado, entonces presenta el peor: mas, tú has guardado el buen vino hasta ahora. Este primer milagro hizo Jesús en Caná de Galilea: y manifestó su gloria, y creyeron en El sus discípulos.

¡Oh suerte admirable la nuestra! Dios se ha dignado, como dice el Apóstol mostrar las riquezas de su gloria en vasos de misericordia (Rom., IX, 23.) Las tinajas de Caná, símbolos de nuestras almas, eran cosas inanimadas y de ningún modo merecían tal honor. Jesús manda a los criados que las llenen de agua; y el agua sirve para purificarlas; pero no cree haber concluido hasta que las ve llenas hasta arriba de aquel vino nuevo y celestial, que sólo en el reino de su Padre debía beberse. De modo semejante se nos comunica a nosotros la caridad divina, que reside en el Sacramento del amor; para no defraudar a su gloria, antes de desposarse con ellas, el divino Emmanuel eleva hasta sí nuestras almas. Dispongámonos, pues, para esta unión y según el consejo del Apóstol, hagámosnos semejantes a la Virgen pura que está destinada a un Esposo inmaculado. (II, Cor., XI.) Al Ofertorio, la Iglesia vuelve a entonar sus cánticos de alegría, dando libre curso a su santo gozo, e invitando a todas las almas fieles a celebrar con ella el misterio adorable de la unión íntima del hombre con Dios.

OFERTORIO
Tierra toda, canta jubilosa al Señor: cantad un salmo a su nombre: venid y escuchad todos los que teméis a Dios, y os contaré cuán grandes cosas ha hecho el Señor a mi alma, aleluya.

SECRETA
Santifica, Señor, estos dones ofrecidos: y purifícanos de las manchas de nuestros pecados. Por el Señor. El milagro de la mutación del agua en vino que la Iglesia recuerda una vez más en la antífona de la Comunión, no era más que una lejana figura de la maravillosa trasformación que acaba de realizarse en el altar, un símbolo del divino Sacramento, manjar de nuestras almas, en el cual se opera de un modo inefable nuestra unión con Dios.

COMUNION
Dice el Señor: Llenad de agua las tinajas, y llevad al maestresala. Cuando el maestresala saboreó el agua hecha vino, dijo al esposo: Has guardado el buen vino hasta ahora. Este primer milagro hizo Jesús delante de sus discípulos.

POSCOMUNION

Suplicámoste, Señor, se acreciente en nosotros la obra de tu poder, para que, alimentados con los divinos Sacramentos, nos preparemos, con tu favor, a, conseguir sus promesas. Por el Señor,