sábado, 3 de junio de 2017

SANTO DÍA DE PENTECOSTÉS. Del Año Litúrgico de Dom Guéranger

LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO 


El gran día que consuma la obra divina en el género humano ha brillado por fin sobre el mundo. "El día de Pentecostés—como dice San Lucas—se ha cumplido". Desde Pascua hemos visto deslizarse siete semanas; he aquí el día que le sigue y hace el número misterioso de cincuenta. Este día es Domingo, consagrado al recuerdo de la creación de la luz y la Resurrección de Cristo; le va a ser impuesto su último carácter, y por él vamos a recibir "la plenitud de Dios". 



PENTECOSTÉS JUDÍA. — En el reino de las figuras, el Señor marcó ya la gloria del quincuagésimo día. Israel había tenido, bajo los auspicios del Cordero Pascual, su paso a través de las aguas del mar Rojo. Siete semanas se pasaron en ese desierto que debía conducir a la tierra de Promisión, y el día que sigue a las siete semanas fue aquel en que quedó sellada la alianza entre Dios y su pueblo. Pentecostés (día cincuenta) fue marcado por la promulgación de los diez mandamientos de la ley divina, y este gran recuerdo quedó en Israel con la conmemoración anual de tal acontecimiento. Pero así como la Pascua, también Pentecostés era profético: debía haber un segundo Pentecostés para todos los pueblos, como hubo una segunda Pascua para el rescate del género humano. Para el Hijo de Dios, vencedor de la muerte, la Pascua con todos sus triunfos; y para el Espíritu Santo, Pentecostés, que le vió entrar como legislador en el mundo puesto en adelante bajo la ley. 


PENTECOSTÉS CRISTIANA. — Pero ¡qué diferencia entre las dos fiestas de Pentecostés! La primera, sobre los riscos salvajes de Arabia, entre truenos y relámpagos, intimando una ley grabada en dos tablas de piedra; la segunda en Jerusalén, sobre la cual no ha caído aún la maldición, porque hasta ahora contiene las primicias del pueblo nuevo sobre el que debe ejercer su imperio el Espíritu de amor. En este segundo Pentecostés, el cielo no se ensombrece, no se oyen los estampidos de los rayos; los corazones de los hombres no están petrificados de espanto como a la falda del Sinaí; sino que laten bajo la impresión del arrepentimiento y acción de gracias. Se ha apoderado de ellos un fuego divino y este fuego abrasará la tierra entera. Jesús había dicho: "He venido a traer fuego a la tierra y ¡qué quiero sino que se encienda!" Ha llegado la hora, y el que en Dios es Amor, la llama eterna e increada, desciende del cielo para cumplir la intención misericordiosa del Emmanuel. 


En este momento en que el recogimiento reina en el Cenáculo, Jerusalén está llena de peregrinos, llegados de todas las regiones de la gentilidad, y algo extraño agita a estos hombres hasta el fondo de su corazón. Son judíos venidos para la fiesta de Pascua y de Pentecostés, de todos los lugares donde Israel ha ido a establecer sus sinagogas. Asia, África, Roma incluso, suministran todo este contingente. Mezclados con los judíos de pura raza, se ve a paganos a quienes cierto movimiento de piedad ha llevado a abrazar la ley de Moisés y sus prácticas; se les llama Prosélitos. Este pueblo móvil que ha de dispensarse dentro de pocos dias, y a quienes ha traído a Jerusalén sólo el deseo de cumplir la ley, representa por la diversidad de idiomas, la confusión de Babel; pero los que le componen están menos influenciados de orgullo y de prejuicios que los habitantes de Judea. Advenedizos de ayer, no han conocido ni rechazado como estos últimos al Mesías, ni han blasfemado de sus obras, que daban testimonio de él. Si han gritado ante Pilatos con los otros judíos para pedir que el Justo sea crucificado, fue porque fueron arrastrados por el ascendiente de los sacerdotes y magistrados de esta Jerusalén, hacia la cual les había conducido su piedad y docilidad a la ley. 


EL SOPLO DEL ESPÍRITU SANTO. — Pero ha llegado la hora, la hora de Tercia, la hora predestinada por toda la eternidad, y el designio de las tres divinas personas, concebido y determinado antes de todos los tiempos, se declara y se cumple. Del mismo modo que el Padre envió a este mundo, a la hora de medianoche, para encarnarse en el seno de María a su propio Hijo, a quien engendra eternamente: así el Padre y el Hijo envían a esta hora de Tercia sobre la Tierra el Espíritu Santo que procede de los dos, para cumplir en ella, hasta el fin de los tiempos, la misión de formar a la Iglesia esposa y dominio de Cristo, de asistirla y mantenerla y de salvar y santificar las almas. 


De repente se oye un viento violento que venia del cielo; rugió fuera y llenó el Cenáculo con su soplo poderoso. Fuera congrega alrededor del edificio que está puesto en la montaña de Sión una turba de habitantes de Jerusalén y extranjeros; dentro, lo conmueve todo, agita a los ciento veinte discípulos del Salvador y muestra que nada le puede resistir. Jesús había dicho de él: "Es un viento que sopla donde quiere y vosotros escucháis resonar su voz"; poder invisible que conmueve hasta los abismos, en las profundidades del mar, y lanza las olas hasta las nubes. En adelante este viento recorrerá la tierra en todos los sentidos, y nada puede sustraerse a su dominio. 


LAS LENGUAS DE FUEGO. — Sin embargo, la santa asamblea que estaba completamente absorta en el éxtasis de la espera, conservó la misma actitud. Pasiva al esfuerzo del divino enviado, se abandona a él. Pero el soplo no ha sido más que una preparación para los que están dentro del Cenáculo, y a la vez una llamada para los de fuera. De pronto una lluvia silenciosa se extiende por el interior del edificio, lluvia de fuego, dice la Santa Iglesia, "que arde sin quemar, que luce sin consumir"; unas llamas en forma de lenguas de fuego se colocan sobre la cabeza de cada uno de los ciento veinte discípulos. Es el Espíritu divino que toma posesión de la asamblea en cada uno de sus miembros. La Iglesia ya no está sólo en María; está también en los ciento veinte discípulos. Todos ahora son del Espíritu Santo que ha descendido sobre ellos; se ha comenzado su reino, se ha proclamado y se preparan nuevas conquistas. 


Pero admiremos el símbolo con que se obra esta revolución. El que no ha mucho se mostró en el Jordán en la hermosa forma de una paloma aparece ahora en la de fuego. En la esencia divina él es amor; pero el amor no consiste sólo en la dulzura y la ternura, sino que es ardiente como el fuego. Ahora, pues, que el mundo está entregado al Espíritu Santo es necesario que arda, y este incendio no se apagará nunca. ¿Y por qué la forma de lenguas, sino porque la palabra será el medio de propaganda de este incendio divino? Estos ciento veinte discípulos hablarán del Hijo de Dios, hecho hombre y Redentor de todos, del Espíritu Santo que remueve las almas y del Padre celestial que las ama y las adopta; y su palabra será acogida por un gran número. Todos los que la reciban estarán unidos en una misma fe, y la reunión que formen se llamará Iglesia católica, universal, difundida por todos los tiempos y por todos los lugares. Jesús había dicho: "Id, enseñad a todas las naciones." El Espíritu trae del cielo a la tierra la lengua que hará resonar esta palabra y el amor de Dios y de los hombres que la ha de inspirar. Esta lengua y este amor se han difundido en los hombres, y con la ayuda del Espíritu, estos mismos hombres la transmitirán a otros hasta el fin de los siglos. 


DON DE LENGUAS. — Sin embargo de eso, parece que un obstáculo sale al paso a esta misión. Desde Babel el lenguaje humano se ha dividido y la palabra de un pueblo no se entiende en el otro. ¿Cómo, pues, la palabra puede ser instrumento de conquista de tantas naciones y cómo puede reunir en una familia tantas razas que se desconocen? No temáis: el Espíritu omnipotente ya lo ha previsto. En esa embriaguez sagrada que inspira a los ciento veinte discípulos les ha conferido el don de entender toda lengua y de hacerse entender ellos mismos. En este mismo instante, en un transporte sublime, tratan de hablar todos los idiomas de la tierra, y la lengua, como su oído, no sólo se prestan sin esfuerzo, sino con deleite a esta plenitud de la palabra que va a establecer de nuevo la comunión de los hombres entre sí. El Espíritu de amor hizo cesar en un momento la separación de Babel, y la fraternidad primitiva reaparece con la unidad de idioma.


¡Cuán hermosa apareces, Iglesia de Dios, al hacerte sensible por la acción divina del Espíritu Santo que obra en ti ilimitadamente! Tú nos recuerdas el magnífico espectáculo que ofrecía la tierra cuando el linaje humano no hablaba más que una sola lengua. Pero esta maravilla no se limitará al día de Pentecostés, ni se reducirá a la vida de aquellos en quienes aparece en este momento. Después de la predicación de los Apóstoles se irá extinguiendo, por no ser necesaria, la forma primera del prodigio; pero tú no cesarás de hablar todas las lenguas hasta el fin de los siglos, porque no te verás limitada a los confines de una sola nación, sino que habitarás todo el mundo. En todas partes se oirá confesar, una misma fe en las diversas lenguas de cada nación, y de este modo el milagro de Pentecostés, renovado y transformado, te acompañará hasta el fin de los siglos y será una de tus características principales. Por esto, San Agustín, hablando a los fieles, dice estas admirables palabras: "La Iglesia, extendida por todos los pueblos, habla todas las lenguas. ¿Qué es la Iglesia sino el cuerpo de Jesucristo? En este cuerpo cada uno de vosotros es un miembro. Si, pues, formáis parte de un miembro que habla todas las lenguas, vosotros también podéis consideraros como participantes en este don"'. Durante los siglos de fe, la Iglesia, única fuente del verdadero progreso de la humanidad, hizo aún más: llegó a reunir en una sola lengua los pueblos que había conquistado. La lengua latina fue durante largo tiempo el lazo de unión del mundo civilizado. A pesar de las distancias, se la podían confiar todas las relaciones existentes entre los diversos pueblos, las comunicaciones de la ciencia y aun los negocios de los particulares; nadie de los que hablaban esta lengua se consideraba extranjero en todo el Occidente. La herejía del siglo XVI emancipó a las naciones de este bien como de tantos otros, Europa, dividida durante largo tiempo, busca, sin encontrarlo, este centro común que únicamente la Iglesia y su lengua podían ofrecerle. Pero volvamos al Cenáculo, cuyas puertas aún no se han abierto, y contemplemos de nuevo las maravillas que en él hace el Espíritu de Dios. 


MARÍA EN EL CENÁCULO. — Nuestra mirada se dirige instintivamente hacia María, ahora más que nunca, "la llena de gracia". Podría parecer que después de los dones inmensos prodigados en su concepción inmaculada, después de los tesoros de santidad que derramó en ella la presencia del Verbo encarnado durante los nueve meses que le llevó en su seno, después de los socorros especiales que recibió para obrar y sufrir unida a su Hijo en la obra de la Redención, después de los favores con que Jesús la enriqueció, después de la gloria de la Resurrección, el cielo había agotado la medida de los dones con que podía enriquecer a una simple creatura, por elevada que estuviese en los planes eternos de Dios. 


Todo lo contrario. Una nueva misión comienza ahora para María: en este momento nace de ella la Iglesia; María acaba de dar a luz a la Esposa de su Hijo y nuevas obligaciones la reclaman. Jesús solo ha partido para el cielo; la ha dejado sobre la tierra para que inunde con sus cuidados maternales este su tierno fruto. ¡Qué emocionante y qué gloriosa es la infancia de nuestra amada Iglesia, recibida en los brazos de María, alimentada por ella, sostenida por ella desde los primeros pasos de su carrera en este mundo! Necesita, pues, la nueva Eva la verdadera "Madre de los vivientes", un nuevo aumento de gracias para responder a esta misión; por eso es el objeto primario de los favores del Espíritu Santo. 


El fue quien la fecundó en otro tiempo para que fuese la madre del Hijo de Dios; en este momento la hace Madre de los cristianos. "El río de la gracia, como dice David, inunda con sus aguas a esta Ciudad de Dios que la recibe con regocijo"; el Espíritu de amor cumple hoy el Oráculo de Cristo al morir sobre la Cruz. Había dicho señalando al hombre: "Mujer, he ahí a tu Hijo"; ha llegado el tiempo y María ha recibido con una plenitud maravillosa esta gracia maternal que comienza a ejercer desde hoy y que la acompañará aún sobre su trono de reina hasta que la Iglesia se haya desarrollado suficientemente y ella pueda abandonar esta tierra, subir al cielo y ceñir la diadema esperada. 


Contemplemos la nueva belleza que aparece en el rostro de quien el Señor ha dotado de una segunda maternidad: esta belleza es la obra maestra que realiza en este día el Espíritu Santo. Un fuego celeste abrasa a María y un nuevo amor se enciende en su corazón: se halla por entero ocupada en la misión para la cual ha quedado sobre la tierra. La gracia apostólica ha descendido sobre ella. La lengua de fuego que ha recibido no hablará en predicaciones públicas; pero hablará a los apóstoles, les guiará y les consolará en sus fatigas. Se expresará con tanta dulzura como fuerza al oído de los fieles que sentirán una atracción irresistible hacia aquella a quien el Señor ha colmado de sus gracias. Como una leche generosa, dará a los primeros fieles de la Iglesia la fortaleza que les hará triunfar en los asaltos del enemigo, y arrancándose de su lado, irá Esteban a abrir la noble carrera de los mártires. 


LOS APÓSTOLES. — Consideremos ahora al colegio apostólico. ¿Qué ha sucedido después de la venida del Espíritu Santo a estos hombres a quienes encontrábamos ya tan diferentes de sí mismos después de las relaciones tenidas durante cuarenta días con su Maestro? ¿No sentís que han sido transformados, que un ardor divino les arrebata y que dentro de breves instantes se lanzarán a la conquista del mundo? Ya se ha cumplido en ellos todo lo que les había anunciado su Maestro; realmente, ha descendido sobre ellos el poder del Altísimo a armarlos para el combate. ¿Dónde están los que temblaban ante los enemigos de Jesús, los que dudaban en su resurrección? La verdad que les ha predicado su maestro aparece clara a su inteligencia; ven todo, comprenden todo. El Espíritu Santo les ha infundido la fe en el grado más sublime y arden en deseos de derramar esta fe por el mundo entero. Lejos de temer, en adelante están dispuestos a afrontar todos los peligros predicando a todas las naciones el nombre y la gloria de Cristo, como él se lo había mandado. 


LOS DISCÍPULOS. — En segundo plano aparecen los discípulos, menos favorecidos en esta visita que los doce príncipes del colegio apostólico, pero inflamados como ellos del mismo fuego: también ellos se lanzarán a conquistar el mundo y fundarán numerosas cristiandades. El grupo de las santas mujeres también ha sentido la venida de Dios manifestada bajo la forma de fuego. El amor que las detuvo al pie de la cruz de Jesús y que las condujo las primeras al sepulcro la mañana de Pascua, ha aumentado con nuevo fervor. La lengua de fuego que se ha posado sobre ellas las hará elocuentes para hablar de su Maestro a los judíos y gentiles. 


LOS JUDÍOS. — La turba de los judíos que oyó el ruido que anunciaba la venida del Espíritu Santo se reunió ante el Cenáculo. El mismo Espíritu que obra en lo íntimo de la conciencia tan maravillosamente les obliga a rodear esta casa que contiene en sus muros a la Iglesia que acaba de nacer. Resuenan sus clamores y pronto el celo de los apóstoles no puede contenerse en tan estrechos límites. En un momento el colegio apostólico se lanza a la puerta del Cenáculo para poderse comunicar con una multitud ansiosa por conocer el nuevo prodigio que acaba de hacer el Dios de Israel. 


Pero he aquí que esa multitud compuesta de gente de todas las nacionalidades que espera oír hablar a galileos se queda estupefacta. No han hecho más que expresarse en palabras inarticuladas y confusas y cada uno les oye hablar en su propio idioma. El símbolo de la unidad aparece ahora en toda su magnificencia. La Iglesia cristiana se ha manifestado a todas las naciones representadas en esta multitud. Esta Iglesia será una; porque Dios ha roto las barreras que en otro tiempo puso, en su justicia, para separar a las naciones. He aquí los mensajeros de Cristo; están dispuestos para ir a predicar el evangelio por todo el mundo. 


Entre los de la turba hay algunos que, insensibles al prodigio, se escandalizan de la embriaguez divina que ven en los Apóstoles: "Estos hombres, dicen, se han saturado de vino." Tal es el lenguaje del racionalismo que todo lo quiere explicar a las luces de la razón humana. Con todo eso los pretendidos embriagados de hoy verán postrados a sus pies a todos los pueblos del mundo, y con su embriaguez comunicarán a todas las razas del linaje humano el Espíritu que ellos poseen. Los Apóstoles creen llegado el momento; hay que proclamar el nuevo Pentecostés en el día aniversario del primero. ¿Pero quién será el Moisés que proclame la ley de la misericordia y del amor que reemplaza la ley de la justicia y del temor? El divino Emmanuel ya antes de subir al cielo le había designado: será Pedro, el fundamento de la Iglesia. Ya es hora de que toda esa multitud le vea y le escuche; va a formarse el rebaño, pero es necesario que se muestre el pastor. Escuchemos al Espíritu Santo, que va a expresarse por su principal instrumento, en presencia de esta multitud asombrada y silenciosa; todas las palabras que profiere el Apóstol, aunque habla solamente una lengua, la escuchan sus oyentes de cualquier idioma o país que sean. Solamente este discurso es una prueba inequívoca de la verdad y divinidad de la nueva ley. 


EL DISCURSO DE PEDRO. — "Varones judíos, exclamó, y habitantes todos de Jerusalén, oíd y prestad atención a mis palabras. No están éstos borrachos, como vosotros suponéis, pues es la hora de Tercia, y esto es lo que predijo el profeta Joél: "Y sucederá en los últimos días, dice, el Señor, que derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas, y vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños; y sobre mis siervos y sobre mis siervas derramaré mi Espíritu y profetizarán." Varones israelitas, escuchad estas palabras: Jesús de Nazaret, varón probado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por Él en medio de vosotros, como vosotros mismos sabéis, a éste, entregado según los designios de la presciencia de Dios, le alzasteis en la cruz y le disteis muerte por mano de infieles. Pero Dios, rotas las ataduras de la muerte, le resucitó, por cuanto no era posible que fuese dominado por ella, pues David dice de Él: "Mi carne reposará en la esperanza, porque no permitirás que tu Santo experimente la corrupción del sepulcro." David no hablaba de sí propio, puesto que murió y su sepulcro permanece aún entre nosotros; anunciaba la resurrección de Cristo, el cual no ha quedado en el sepulcro ni su carne ha conocido la corrupción. A este Jesús le resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Exaltado a la diestra de Dios y recibida del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo derramó sobre toda la tierra, como vosotros mismos veis y oís. Tened, pues, por cierto hijos de Israel que Dios le ha hecho Señor y Cristo a este Jesús a quien vosotros habéis crucificado" (Act. II, 14-36). 


Así concluyó la promulgación de la nueva ley por boca del nuevo Moisés. ¿No habrían de recibir las gentes el don inestimable de este segundo Pentecostés, que disipaba las sombras del antiguo y que realizaba en este gran día las divinas realidades? Dios se revelaba y, como siempre, lo hacía con un milagro. Pedro recuerda los prodigios con que Jesús daba testimonio de sí mismo, de los cuales no hizo caso la Sinagoga. Anuncia la venida del Espíritu Santo, y como prueba alega el prodigio inaudito que sus oyentes tienen ante sus ojos, en el don de lenguas concedido a todos los habitantes del Cenáculo. 


LAS PRIMERAS CONVERSIONES. — El Espíritu Santo que se cernía sobre la multitud continúa su obra, fecundando con su acción divina el corazón de aquellos predestinados. La fe nace y se desarrolla en un momento en estos discípulos del Sinaí que se habían reunido de todos los rincones del mundo para una Pascua y un Pentecostés que en adelante serán estériles. Llenos de miedo y de dolor por haber pedido la muerte del Justo, cuya resurrección y ascensión acaban de confesar, estos judíos de todo el mundo exclaman ante Pedro y sus compañeros: "Hermanos, ¿qué debemos hacer?" ¡Admirable disposición para recibir la fe!: el deseo de creer y la resolución firme de conformar sus obras con lo que crean. Pedro continúa su discurso: "Haced penitencia, les dice, y bautizaos todos en el nombre de Jesucristo, y también vosotros participaréis de los dones del Espíritu Santo. A vosotros se os hizo la promesa y también a los gentiles; en una palabra: a todos aquellos a quienes llama el Señor." 


Con cada una de las palabras del nuevo Moisés se va borrando el antiguo Pentecostés, y el Pentecostés cristiano brilla cada vez con una luz más espléndida. El reino del Espíritu Santo se ha inaugurado en Jerusalén ante el templo que está condenado a derrumbarse sobre sí mismo. Pedro habló más; pero el libro de los Hechos no recoge más que estas palabras que resonaron como el último llamamiento a la salvación: "Salvaos, hijos de Israel, salvaos de esta generación perversa." En efecto, tenían que romper con los suyos, merecer por el sacrificio la gracia del nuevo Pentecostés, pasar de la Sinagoga a la Iglesia. Más de una lucha tuvieron que soportar en sus corazones; pero el triunfo del Espíritu Santo fue completo en este primer día. Tres mil personas se declararon discípulos de Jesús y fueron marcados con el sello de la divina adopción. 


¡Oh Iglesia del Dios vivo, qué hermosos son tus progresos con el soplo del Espíritu divino! En primer lugar has residido en la inmaculada Virgen María, la llena de gracia y Madre de Dios; tu segundo paso te dota de ciento veinte discípulos, y he aquí que en el tercero son tres mil los elegidos, nuestros padres en la fe, abandonarán pronto Jerusalén, que, cuando vayan a sus países, serán las primicias del nuevo pueblo. Mañana hablará Pedro en el mismo templo y a su voz se proclamarán discípulos de Jesús más de cinco mil personas. Salve, oh Iglesia de Cristo, la noble última y creación del Espíritu Santo, que militas aquí en la tierra, al mismo tiempo que triunfas en el cielo. 


¡Oh Pentecostés, día sagrado de nuestro nacimiento, tú abres con gloria la serie de siglos que recorrerá la Esposa de Cristo! Tú nos comunicas el Espíritu de Dios que viene a escribir la ley que regirá a los discípulos de Jesús, no sobre la piedra, sino sobre los corazones. ¡Oh Pentecostés promulgado en Jerusalén!, pero qué pronto extenderás tus beneficios a los pueblos de la gentilidad, tú vienes a cumplir las esperanzas que despertó en nosotros el misterio de Epifanía. Los magos venían de Oriente y nosotros les seguimos a la cuna del Niño Jesús, pero sabíamos que también llegaría nuestro día. Tu gracia, Espíritu Santo, los había empujado hacia Belén; pero en este Pentecostés que proclama tu imperio con tanta energía, tú nos llamas a todos; la estrella se ha transformado en lenguas de fuego y la faz de la tierra se renovará. Haz que nuestro corazón conserve los dones que nos has traído, estos dones que nos han destinado el Padre y el Hijo que te enviaron. 


EL MISTERIO DE PENTECOSTÉS. — No es extraño que la Iglesia haya dado tanta importancia al misterio de Pentecostés como al de Pascua, dada la importancia de que goza en la economía del cristianismo. La Pascua es el rescate del hombre por la victoria de Cristo; en Pentecostés el Espíritu Santo toma posesión del hombre rescatado; la Ascensión es el misterio intermediario. Por una parte, consuma ésta el misterio de Pascua, constituyendo al Hombre-Dios vencedor de la muerte y cabeza de sus fieles, a la diestra de Dios Padre; por otra, determina el envío del Espíritu Santo sobre la tierra.

Este envío no podía realizarse antes de la glorificación de Jesucristo, como nos dice San Juan, y numerosas razones alegadas por los Santos Padres nos ayudan a comprenderlo. El Hijo de quien, en unión con el Padre, procede el Espíritu Santo en la esencia divina, debía enviar personalmente también a este mismo Espíritu sobre la tierra. La misión exterior de una de las divinas personas no es más que la consecuencia y manifestación de la producción misteriosa y eterna que se efectúa en el seno de la divinidad. Así, pues, al Padre no le envían ni el Hijo ni el Espíritu Santo, porque no procede de ellos. Al Hijo le envía el Padre, porque éste le engendra desde la eternidad. El Padre y el Hijo envían al Espíritu Santo, porque éste procede de ambos. Pero, para que la misión del Espíritu Santo sirviese para dar mayor gloria al Hijo, no podía realizarse antes de la entronización del Verbo encarnado en la diestra de Dios; además era en extremo glorioso para la naturaleza humana que, en el momento de ejecutarse esta misión, estuviese indisolublemente unido a la naturaleza divina en la persona del Hijo de Dios, de modo que se pudiese decir con verdad que el Hombre-Dios envió al Espíritu Santo sobre la tierra. 


No se debía dar esta augusta misión al Espíritu Santo hasta que no se hubiese ocultado a los ojos de los hombres la humanidad de Jesús. Como hemos dicho, era necesario que los ojos y el corazón de los fieles siguiesen al divino ausente con un amor más puro y totalmente espiritual. Ahora bien, ¿a quién sino al Espíritu Santo correspondía traer a los hombres este amor nuevo, puesto que es el lazo que une en un amor eterno al Padre y al Hijo? Este Espíritu que abraza y une se llama en las Sagradas Escrituras "el don de Dios"; éste es quien nos envían hoy el Padre y el Hijo. Recordemos lo que dijo Jesús a la Samaritana junto al pozo de Sicar: "Si conocieses el don Dios" Aún no había bajado, hasta entonces no se había manifestado más que por algunos dones parciales. A partir de este momento una inundación de fuego cubre toda la tierra: el Espíritu Santo anima todo, obra en todos los lugares. Nosotros conocemos el don de Dios; no tenemos más que aceptarle y abrirle las puertas de nuestro corazón para que penetre como en el corazón de los tres mil que se han convertido por el sermón de San Pedro. 


Considerad en qué época del año viene el Espíritu Santo a tomar posesión de su reino. Hemos visto cómo el Sol de justicia se levantaba tímidamente de entre las tinieblas del solsticio de invierno para llegar lentamente a su cénit. En un sublime contraste, el Espíritu del Padre y del Hijo busca otras armonías. Es fuego y fuego que consume; por eso aparece en el mundo cuando el sol brilla con todo su esplendor, cuando este astro contempla cubierta de flores y de frutos a la tierra que acaricia con sus rayos. 


Acojamos el calor vivificante del Espíritu de Dios y pidámosle que su calor no se extinga en nosotros. En este momento del Año Litúrgico estamos en plena posesión de la verdad por el Verbo encarnado; procuremos conservar fielmente el amor que nos trae el Espíritu Santo. 


LITURGIA DE PENTECOSTÉS. — Fundado sobre un pasado de cuatro mil años de figuras, el Pentecostés cristiano, el verdadero Pentecostés, es una de las fiestas que fundaron los mismos Apóstoles. Hemos visto cómo en la antigüedad, al igual de la Pascua, tenía el honor de conducir los catecúmenos a las fuentes bautismales. Su octava, como la de Pascua, no pasa del sábado por la misma razón. El bautismo se administraba en la noche del sábado al domingo, y para los neófitos comenzaba esta fiesta con la ceremonia del bautismo. Como los que eran bautizados en Pascua vestían túnicas blancas y las deponían el sábado siguiente, que se consideraba como el día octavo. 


En la Edad Media se dio a la fiesta de Pentecostés el nombre de Pascua de las rosas; ya hemos visto cómo se puso el nombre de Domingo de las rosas a la dominica infraoctava de la Ascensión. 


El color rojo de la rosa y su perfume recordaban a nuestros padres las lenguas de fuego que descendieron en el Cenáculo sobre los ciento veinte discípulos, como los pétalos deshojados de la rosa divina que derramaba el amor y la plenitud de la gracia sobre la Iglesia naciente. 


Esto es lo que nos recuerda la Liturgia al escoger el color rojo durante toda su octava. Durando de Mende, en su Racional tan precioso para conocer los usos litúrgicos de aquel tiempo, nos dice que durante el siglo XIII en nuestras iglesias se soltaban algunas palomas durante la misa, las cuales revoloteaban sobre los fieles en recuerdo de la primera manifestación del Espíritu Santo en el Jordán, y además se arrojaban desde la bóveda estopa encendida y rosas en recuerdo de su segunda manifestación en el Cenáculo. 


En Roma, la estación tenía lugar en la Basílica de San Pedro. Justo era que la Iglesia honrase al príncipe de los apóstoles, cuya elocuencia trajo a la Iglesia tres mil discípulos. 


TERCIA 


La Iglesia celebra hoy Tercia con solemnidad especial, con el fin de ponernos en comunicación más íntima con los dichosos habitantes del Cenáculo. Incluso escogió esta hora para celebrar durante ella el santo sacrificio, al cual preside el Espíritu Santo con todo el poder de su operación. Esta hora, que corresponde a las nueve de la mañana según nuestro modo de contar, se caracteriza, además, por una invocación al Espíritu Santo formulada en el Himno de San Ambrosio; pero hoy no es el Himno ordinario el que dirige la Iglesia al Paráclito. Es el cántico Veni Creator que nos ha legado el siglo IX y que compuso, según la tradicción, el mismo Carlomagno. 


El pensamiento de enriquecer el oficio de Tercia en el día de Pentecostés pertenece a San Hugo, abad de Cluny, que vivió en el siglo XI; práctica que incluso la Iglesia romana la ha aceptado en su Liturgia. De aquí viene que, aun en las iglesias en las cuales no se celebra el oficio canónico, se canta al menos el Veni Creator antes de la misa de Pentecostés. 


En esta hora tan solemne se recoge el pueblo fiel entre los acordes inspirados de este himno tan tierno al mismo tiempo que impresionante; adora y llama al Espíritu de Dios. En este momento, se cierne sobre todos los templos cristianos y desciende sobre el corazón de aquellos que le esperan con fervor. Digámosle que necesitamos de su presencia, y pidámosle que permanezca en nuestro corazón para no alejarse jamás de él. Mostrémosle nuestra alma sellada con su carácter indeleble en el Bautismo y Confirmación; roguémosle que cuide de su obra. Somos suyos. Dígnese Él hacer en nosotros lo que le pedimos, pero que nuestros labios lo digan con sinceridad, y acordémonos que para recibir y conservar el Espíritu de Dios hay que renunciar al mundo, porque Jesús ha dicho: "No podéis servir a dos señores" 


Año Litúrgico de Guéranger


 

viernes, 2 de junio de 2017

SÁBADO, VIGILIA DE PENTECOSTÉS. Del Año Litúrgico de Dom Guéranger.

ESPERA DEL ESPÍRITU SANTO 
 
La luz deslumbradora de la solemnidad de mañana ilumina ya este día. Los fieles se disponen con el ayuno a celebrar dignamente el misterio; pero, como en la Vigilia Pascual, la misa de los neófitos, que entonces se celebraba por la noche, ahora se ha anticipado; por eso desde antes de mediodía la alabanza del Espíritu Santo, cuya efusión está tan cercana, ha resonado en toda Iglesia que tenga pila bautismal. Por la tarde, el oficio de Vísperas da comienzo a la augusta solemnidad. El Reino del Espíritu divino está, pues, proclamado desde hoy por la Liturgia. Unámonos a los pensamientos y sentimientos de los habitantes del Cenáculo, donde está a punto de ser cumplida nuestra esperanza. 



LA CREACIÓN — En toda esta serie de misterios que hemos visto deslizarse hasta aquí en el curso del Año litúrgico, hemos presentido con frecuencia la acción de la tercera persona de la Santísima Trinidad. Las lecturas de los libros Sagrados, tanto del Antiguo como del Nuevo testamento, han llamado más de una vez nuestra atención respetuosa hacia este Espíritu divino que parecía rodearse de misterio, como si aún no hubiese llegado el tiempo de su manifestación. Las operaciones de Dios en las creaturas son sucesivas; pero llegan infaliblemente a su tiempo. El historiador sagrado, en la relación de la creación, nos muestra al Espíritu Santo flotando sobre las aguas y fecundándolas silenciosamente, esperando su separación de la tierra que inundaban. 


PREPARACIÓN DE LA ENCARNACIÓN. — Aunque el Reino patente del Espíritu Santo sobre el mundo se ha diferido hasta el establecimiento del Hijo de Dios sobre su eterno trono, no vayamos a creer por eso que el Espíritu divino ha permanecido inactivo hasta ahora. Todas las Sagradas Escrituras, de las que hemos hallado tantos fragmentos en la liturgia, ¿qué son sino la obra oculta de aquel que, como nos dice el Símbolo, "ha hablado por los Profetas"? (Qui locutus est per Propfetas. Símbolo de Nicea — Constantinopla). Era quien nos daba el Verbo, Sabiduría de Dios, por medio de la Escritura, como más tarde debía dárnoslo en la carne de la humanidad. 


No ha estado ocioso ni un solo momento en la duración de los siglos. Preparaba el mundo para el reino del Verbo encarnado, juntando y mezclando las razas, produciendo esta expectativa universal que se extendió desde los pueblos más bárbaros hasta las naciones más avanzadas en la civilización. No se había dado a conocer aún a la tierra, pero se cernía con amor sobre la humanidad, como se había cernido al principio sobre las aguas mudas e insensibles. 


LA ENCARNACIÓN.— Esperando su venida, los profetas le anunciaban en los mismos oráculos, donde predecían la llegada del Hijo de Dios. El Señor decía por boca de Joél: "Yo esparciré mi Espíritu sobre toda carne" (Joél, 11, 29). En otra ocasión se anunciaba así por la voz de Ezequiel: "Yo derramaré sobre vosotros un agua pura, y seréis purificados de todas vuestras manchas, y os purificaré de todos vuestros ídolos. Y os daré un corazón nuevo, y colocaré en medio de vosotros un nuevo espíritu; y os arrancaré el corazón de piedra que está en vuestra carne, y os daré un corazón de carne, y colocaré en medio de vosotros un Espíritu que es el mío". 


Pero antes de su propia manifestación, el Espíritu Santo había de obrar directamente para la del Verbo divino. Cuando el poder creador hizo salir de la nada el cuerpo y el alma de la futura madre de un Dios, preparó la morada de la soberana majestad, santificando a María desde el primer instante de su Concepción y tomando posesión de ella como de un templo donde el Hijo de Dios se dignaría descender. En el momento de la Anunciación, el Arcángel declaró a la Virgen que el Espíritu Santo iba a venir sobre ella y que la virtud, del Altísimo iba a cubrirla con su sombra. Apenas la Virgen pronunció su consentimiento, cuando la operación del Espíritu Santo produjo en ella el más inefable de sus misterios: el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros. Sobre esta flor nacida en la rama que retoñó del tronco de Jessé, sobre esta humanidad producida divinamente en María, el Espíritu del Padre y del Hijo, reposa con amor, la colma de sus dones y la adapta a su fin glorioso y eterno (Isaías, X, 1-3). El que había dotado a la Madre de tantos tesoros de gracia, sobrepasa en su Hijo de una manera inconmensurable la medida que parecía ya próxima de lo infinito. Y todas estas maravillas las obra en silencio como siempre; porque la hora en que debe brillar su venida no ha llegado todavía. La tierra no hará sino entreverlo, el día en que sobre el cauce del Jordán, a cuyas aguas descendió Jesús, extenderá sus alas y vendrá a posarse sobre la cabeza de este Hijo muy amado del Padre. Juan advierte el misterio del mismo modo que, antes de nacer, había sentido en el seno de María el fruto bendito que habitaba en ella; pero los hombres no vieron más que una paloma, y la paloma no reveló los secretos de la eternidad. 


El Reino del Hijo de Dios se asienta sobre sus fundamentos predestinados. Tenemos en él a nuestro hermano, porque ha tomado nuestra carne con sus enfermedades; tenemos en él nuestro doctor, porque es la sabiduría del Padre y porque con sus lecciones nos inicia en toda verdad; en él tenemos nuestro médico, porque nos cura todas nuestras flaquezas y enfermedades; en él tenemos nuestro mediador, porque hace volver en su santa humanidad a toda la creación a su autor; tenemos en él nuestro reparador y en su sangre nuestro rescate: porque el pecado del hombre había roto el lazo entre Dios y nosotros y nos hacía falta un redentor divino; tenemos en él un jefe que no se sonroja de sus miembros por humildes que sean, un rey que acabamos de ver coronar para siempre y un Señor a quien el Señor hace sentar a su diestra. 


LA IGLESIA. — Pero si para siempre nos gobierna, ahora lo hace desde lo alto de los cielos, hasta el momento en que aparezca de nuevo para quebrantar contra la tierra la cabeza de los pecadores, cuando clame la voz del Ángel: "Ya no hay más tiempo". Pero esperando esta venida se deben pasar muchos siglos, y estos siglos han sido destinados al imperio del Espíritu Santo: "Pero no se podía dar el Espíritu Santo—dice San Juan—mientras Jesús no hubiese sido glorificado". El misterio de la Ascensión forma, pues, el límite entre los dos reinados divinos aquí abajo: el reino visible del Hijo de Dios y el reino visible del Espíritu Santo. Con el fin de unirlos y preparar su sucesión no sólo son profetas mortales los que hablan, sino también el mismo Emmanuel, durante su vida mortal, se hizo el heraldo del reino próximo del Espíritu.


¿No le oímos decir: "Os es más provechoso que yo me vaya; porque si no me marchase, no vendría a vosotros el Paráclito"? (S. Juan, XVI, 7). El mundo tiene, pues, gran necesidad de este huésped divino, del que se hace precursor el mismo Hijo de Dios. Y a fin de que conociésemos cuál es la majestad de este nuevo dueño que va a reinar sobre nosotros, nos declara Jesús la gravedad de los castigos que caerán sobre quienes le ofendan. "Quienquiera que haya proferido alguna palabra contra el Hijo—dice-—será perdonado; pero el que haya pronunciado esta palabra contra el Espíritu Santo, no obtendrá perdón, ni en este mundo ni en el otro" (S. Mat., XII, 32). Sin embargo, este Espíritu no tomará la naturaleza humana como el Hijo; no trabajará por rescatar el mundo, como lo rescató el Hijo, sino que vendrá con un amor tan grande que no se podrá despreciarle impunemente. A él confiará Jesús la Iglesia su Esposa durante los largos siglos que ha de durar su viudez, a él confiará su obra para que la mantenga y la dirija en todo. 


DISPOSICIONES PARA RECIBIR EL ESPÍRITU SANTO. — Nosotros, pues, los llamados a recibir dentro de pocas horas la efusión del Espíritu de amor que viene a "renovar la faz de la tierra", estemos atentos como lo estuvimos en Belén en los momentos que precedieron al nacimiento del Emmanuel. El Verbo y el Espíritu Santo son iguales en gloria y en poder y su venida a la tierra procede del mismo decreto eterno y pacífico de la Santísima Trinidad, que determinó, por esta doble visita, "hacernos participantes de la naturaleza divina". Nosotros, hijos de la nada, somos llamados a llegar a ser, por la operación del Verbo y del Espíritu, hijos del Padre celestial. Ahora, si deseamos saber cómo debe prepararse el alma fiel a la venida del Paráclito divino, volvamos mentalmente al Cenáculo, donde dejamos juntos a los discípulos, perseverando en la oración, según la orden del Maestro, y esperando que la Virtud de lo alto descienda sobre ellos y les cubra como una armadura para los combates que han de sostener. 


NUESTRA SEÑORA EN EL CENÁCULO. — En este asilo de recogimiento y de paz, nuestros ojos buscan respetuosamente en seguida a María, madre de Jesús, obra maestra del Espíritu Santo, Iglesia del Dios vivo, de la que mañana saldrá, como del seno de una madre, por la acción del mismo Espíritu, la Iglesia militante que esta nueva Eva representa y contiene aún en sí. ¿No tiene derecho en estos momentos a recibir todos nuestros homenajes esta creatura incomparable, a quien hemos visto asociada a todos los misterios del Hijo de Dios y que muy pronto va a ser el objeto más digno de la visita del Espíritu Santo? Te saludamos, María llena de gracia, nosotros, los que estamos todavía encerrados en ti y gustamos la alegría en tu seno materno. ¿No ha hablado para nosotros la Iglesia en la Liturgia al comentar a gloria tuya el cántico de tu ascendiente David? (Sicut laetantium omnium nostrum habitatio est in te, Sancta Dei genitrix - Ps., LXXXVI, 7). En vano tu humildad pretende sustraerse a los honores que mañana te esperan. Creatura inmaculada, templo del Espíritu Santo, es necesario que este Espíritu se te comunique de un modo nuevo; porque una nueva obra te espera, y la tierra debe poseerte todavía. 


LOS APÓSTOLES. — Alrededor de María se ha unido el colegio apostólico, contemplando con arrobamiento a aquella cuyos rasgos augustos le recuerdan al Señor ausente. Los días precedentes ha tenido lugar un grave acontecimiento a los ojos de María y de los hombres en el Cenáculo. Lo mismo que para establecer el pueblo de Israel, Dios había escogido doce hijos de Jacob como fundamentos de esta raza privilegiada, Jesús se había escogido doce hombres de este mismo pueblo para que fuesen las bases del edificio de la Iglesia cristiana, cuya piedra angular es él y Pedro con él y en él. La caída de Judas había reducido a once los escogidos por la elección divina; ya no existía el número sagrado y el Espíritu Santo estaba para descender de un momento a otro sobre el colegio apostólico. Antes de subir al cielo, no había juzgado Jesús a propósito hacer él mismo la elección de sucesor del discípulo caído. Pero era preciso se completase el número sagrado antes de la efusión de la Virtud de lo alto. La Iglesia no debía envidiar en nada a la Sinagoga. ¿Quién cumpliría el oficio del Hijo de Dios en la designación de un Apóstol? Tal derecho no podía pertenecer sino a Pedro, nos dice San Juan Crisóstomo; pero en su modestia declinó el honor, no queriendo acordarse más que de la humildad (3ra Homilía sobre los Hechos de los Apóstoles). Una elección siguió al discurso de Pedro y Matías, juntado a los otros Apóstoles, completó el número misterioso, y esperó con ellos la venida prometida del Consolador. 


LOS DISCÍPULOS. — En el Cenáculo, a los ojos de María, se reunieron también los discípulos que, sin haber tenido el honor de haber sido elegidos Apóstoles, fueron, sin embargo, testigos de las obras y los misterios del Hombre-Dios; fueron puestos aparte y reservados para la predicación de la buena nueva. Magdalena y las otras santas mujeres esperan con el recogimiento que les prescribió el Maestro, esta visita de lo alto, cuyo poder van a experimentar muy pronto. Rindamos nuestros homenajes a esta santa asamblea, a esos ciento veinte discípulos que se nos dieron por modelos en esta importante circunstancia; porque el Espíritu Santo ha de venir en seguida a ellos; son sus primicias. Más tarde descenderá también sobre nosotros, y con el fin de prepararnos a su venida, la Iglesia nos impone hoy el ayuno. 


LA LITURGIA DE ESTE DÍA. — En la antigüedad este día se parecía a la Vigilia Pascual. Al atardecer los fieles se recogían en la iglesia para tomar parte en la solemnidad de la administración del bautismo. La noche siguiente se confería a los catecúmenos el sacramento de la regeneración, a quienes la ausencia o la enfermedad habían impedido juntarse a los otros la noche de Pascua. También contribuían a formar del grupo de los aspirantes al nuevo nacimiento que se toma en la fuente sagrada aquellos a quienes no se consideró suficientemente probados todavía, o cuya instrucción no pareció bastante completa, pero ahora se juzgaba que estaban en disposición de dar satisfacción a las justas exigencias de la Iglesia. En lugar de las doce profecías que se leían en la noche de Pascua, mientras los sacerdotes cumplían con los catecúmenos los ritos preparatorios al Bautismo, no se leen ordinariamente más que seis; lo que nos lleva a pensar que el número de los bautizados la noche de Pentecostés era menos considerable. 


El cirio pascual volvía a aparecer esta noche de gracia, con el fin de inculcar a los nuevos reclutas de la Iglesia el respeto y amor para con el Hijo de Dios, que se hizo hombre para ser "la luz del mundo" Todos los ritos que hemos detallado y explicado el Sábado Santo se celebraban en esta nueva ocasión, en que aparecía la fecundidad de la Iglesia; el Santo sacrificio, del cual tomaban parte los neófitos, comenzaba antes de rayar el alba. 


En el rodar de los tiempos, la costumbre de conferir el bautismo a los niños poco después de su nacimiento, al tomar fuerza de ley, ha anticipado la Misa bautismal a la mañana del Sábado de la Vigilia de Pentecostés, como sucede con la Vigilia de Pascua. Antes de la celebración del Sacrificio se leen seis profecías de las que hemos hablado hace poco; después tiene lugar la solemne bendición de las aguas bautismales. El cirio pascual vuelve a aparecer en esta función, a la que falta con frecuencia la asistencia de los fieles.


Año Litúrgico de Guéranger


 

LOS NUEVE OFICIOS DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Historia

La primera en practicar esta devoción es Sta. Margarita María de Alacoque. Cuenta la Santa que estando un día en un patio cerca al tabernáculo, se le presento, el Sagrado Corazón, más brillante que el sol envuelto de amor puro, rodeado de serafines y la invitaron a asociarse con ellos, con el fin de tributarle un homenaje continuo de amor, alabanza y adoración al Santísimo Sacramento. En muchas ocasiones se asoció Santa Margarita Ma a los espíritus angélicos para glorificar al Corazón del Salvador. Y dice que desea éste que nosotros le imitemos, en fin de que hallándonos unidos y asociados a ellos, suplan por nosotros en su divida presencia, tanto para tributarle nuestro homenaje, como para amarle por nosotros y por todos los que no le aman, y para reparar las irreverencias que nosotros cometemos en su santa presencia En la vida de Santa Ma Alacoque, toda dedicada al Sagrado Corazón de Jesús por la Comunidad del Primer Monasterio de la Visitación de Sta. María, en Madrid, se insertaron los cinco primeros oficios; “El de Mediadora, Reparadora, Adoradora, Victima y Celadora. Nuestro señor mismo le dió un oficio haciéndola medianera para pedir al Padre Eterno que se dé a conocer este Sagrado Corazón, al Espíritu Santo que lo haga amar y a la Santísima Virgen para que haga sentir los efectos de su poder a todos los que se dirijan a Él. Y sobre todo la vida de Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento nos señala los diferentes Oficios que Él mismo desempeña, siendo modelo y ejemplar nuestro Los Nueve Oficios, tales como hoy día se usan, fueron tomados de los escritos de la Beata por un Sacerdote Jesuita, fervoroso adorador del Corazón de Jesús, y redactados por vez primera en español en 1830 para las Religiosas de la Visitación en España, siendo traducido del español al Francés, y del francés al italiano y otros idiomas.




1° OFICIO: EL PROMOTOR

Unido al coro de los Tronos, de las doce a las tres de la tarde


        Fin Especial: Promover la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y esforzarse por llegar a ser, unido al Corazón Inmaculado de María, como el “mediador” entre Dios y los hombres, en orden al establecimiento del Reino Universal del Corazón de Cristo Rey    

        Promesa particular: (Hecha a Santa Margarita María), como podemos creer piadosamente, para los que cumplan este oficio: "Jesús mismo será su Mediador (de una manera más especial) ante su Padre Eterno”.

        Ofrecimiento de la práctica del oficio para todo el mes (primer viernes de mes):
       
¡Oh Señor Jesucristo! Por medio del Corazón inmaculado de María y unido al coro de los Tronos, ofrezco a vuestro Divino Corazón todas mis oraciones, actividades y sufrimientos de este mes por todas las intenciones por las que os inmoláis continuamente en los Altares. Más particularmente las ofrezco suplicando al Padre Celestial que ilumine a los pobres hombres para que conozcan por fin las aspiraciones, los ideales, los afectos, las delicadezas y todas las excelentes y eminentes virtudes de vuestro Corazón, y así sean inducidos todos a tomarlas como regla de conducta entre sí, en su vida privada, y en todas sus relaciones sociales, políticas y religiosas. De este modo vendrá a nosotros vuestro reino y se establecerá plenamente sobre la tierra.
Las ofrezco para que el Espíritu Santo inflame a los hombres en el amor hacia vuestro Divino Corazón y en el deseo de ver al mundo abrasado del fuego que habéis venido a traer. Las ofrezco. En fin. Para que la Santísima Virgen interponga su poderosa mediación, para que todo el mundo, sobre todo los que confían en vuestra bondad. Experimenten los poderosos y saludables efectos del Reino de vuestro Corazón de Majestad infinita. Así sea. ”

        Virtud particular: Será procurar con gran solicitud atraer algún alma a la devoción del Sagrado Corazón de Jesús, e infamar más y más a los que la profesan, para lo cual se harán varias oraciones y Sacrificio, y se hablará a menudo de las excelencias y ventajas de este devoción

       Práctica de la virtud: Al menos cinco veces por dia, acordándose, por ejemplo, de las Cinco Llagas de Jesús Crucificado, hacer algunos actos como los que siguen:
·         Esforzarse por reproducir en nosotros las aspiraciones y virtudes de nuestro Rey.
·         Aprovechar las ocasiones para promover la devoción al Sagrado Corazón.
·         Repetir la oración o la jaculatoria correspondiente al Oficio, o simplemente decir: "Corazón Sagrado de Jesús, deseo ardientemente que todos los hombres os conozcan y os adoren cada vez más".
·         Ofrecer en espíritu las misas que se celebran en el mundo, para que la Verdad, la Justicia y la Misericordia del Corazón de Jesús, reinen en la tierra.

      Visitas al Santísimo / Oraciones:
      “Jesús, Rey de Corazón Divino, uniéndome al Corazón inmaculado de María y al Coro de los Tronos para suplir mi insuficiencia, os adoro en espíritu durante todo el dia, pero más particularmente durante estas tres horas, en las Sagradas Hostias donde permanecéis realmente por mi amor; y me refugio con ardiente afecto en lo más íntimo de Vuestro Sagrado Corazón. Que todos los hombres, conociendo sus tesoros inagotables y repudiando los placeres y satisfacciones mundanas, vengan a gustar las delicias inefables que reserváis en este Corazón para los que os aman".

       ¡Oh dulcísimo Jesús, haz que conociendo todos los hombres los inestimables tesoros de tu divino Corazón y abandonando los placeres del mundo, vengan a ‘gustar las inefables delicias que en tu Corazón tienes preparadas a los que te aman!

        Rezar tres Padrenuestros, y tres Salves, pidiendo a Dios por intercesión de los Sagrados Corazones de Jesús y de María que encienda en los de todos los hombres, y en particular de los congregantes el fuego santo de su divino amor.

         Después de un profundo acto de fe y de adoración a Jesús en el Santísimo Sacramento, procurando unirse a los  sentimientos de Mediador que palpitan en su Corazón, se dirá:
“¡Oh Corazón Sagrado de Jesús! Uniéndome al Corazón inmaculado de la Santísima Virgen, y a los espíritus celestiales del Coro de los Tronos, os pido con vivas instancias que. Por los méritos infinito de vuestro Corazón, os dignéis reinar como Maestro Supremo en ‘nuestra Congregación, y en el Corazón de cada uno de sus hijos; en todas las otras Congregaciones Religiosas, en la Santa Iglesia Jerárquica, en toda la sociedad humana, sobretodo en tantos millones de almas que os han costado vuestra sangre, pero que no os adoran porque no os conocen. Os pido además que nos concedáis la gracia de cumplir fielmente la adoración en espíritu y la virtud del Oficio" (recordarla por un simple pensamiento).

      Jaculatorias:
·         “Corazón Sagrado de Jesús, venga a nosotros tu reino”
·          “Cuándo, Señor, os conocerán y amarán los hombres cual vos merecéis
·         “Corazón de mi amable Salvador, haz que siempre arda y siempre crezca en mi tu amor
·          “Corazón Sagrado de Jesús, deseo ardientemente que todos los hombres
    os conozcan y adoren cada vez más”
·          “Santificado sea, Señor, tu santo nombre”

2“OFICIO: EL REPARADOR
Unido al coro de las Potestades, de las tres a las seis de la tarde


       Fin especial: Pedir perdón de las injurias que se hacen a Jesús en el Santísimo Sacramento y procurar con oraciones y comuniones fervorosas reparar tantos agravios. ¡Ay Señor, si sólo os ofendiesen los infieles, los herejes o impíos! Más ¡ay! Son también los cristianos... ¡he sido yo mismo!

        Promesa particular: “El que se emplea en reparar los pecados de los otros, es tan agradable a Nuestro Señor según su promesa, puede humildemente tener con confianza de que El a su vez obtendrá misericordia".

         Ofrecimiento de la práctica del oficio para todo el mes (primer viernes de mes):
"Adorable Jesús, por medio del Corazón Inmaculada de María. Y unido al Coro de las Potestades, os ¿todas las oraciones, obras y sufrimientos de este mes, por todas las intenciones por las que os inmoláis sobre los Altares. 
Os las ofrezco más particularmente para daros una satisfacción, ofrezcas una reparación y obtener de misericordia el perdón de los ultrajes y ofensas de los hombres; sobre todo de las que han cometido contra el Santísimo Sacramento de la Eucaristía. Así sea"

                Virtud particular: Su virtud será la fidelidad en el exacto cumplimiento de "todas las obligaciones de su estado venciendo todos los obstáculos y respetos humanos que se lo impidan: hará cada dia cinco actos de esta virtud, ha por ejemplo, los trabajos de su oficio del mejor modo que sepa, y los ofrecerá a Dios en unión de los méritos del Sagrado Corazón.

                Práctica de la virtud: Al menos cinco veces por dia, hacer algunos de los actos propuestos a continuación, en honor de las Cinco Llagas de Nuestro Señor:

·          Observar la más afectuosa y profunda reverencia hacia el Santísimo Sacramento
·          Hacer algún acto de observancia regular o renovar la intención de hacerlo. ,
·         Vencer todo respeto humano en el cumplimiento de cualquier deber.
·          Pedir perdón por las flaquezas y tomarla resolución de re-pararlas enseguida
·         Ofrecer en espíritu de reparación las Santas Misas que continuamente se celebran en toda la tierra.

                     Visitas al Santísimo / Oraciones:

“Jesús, Rey de Corazón Divino, uniéndome al Corazón Inmaculado de María y al Coro de las Potestades para suplir mi insuficiencia, os adoro en el Santísimo Sacramento del Altar durante todo el día, pero más particular durante estas tres horas, encerrándome en vuestro Corazón Sagrado como en una prisión de Amor y ofreciendo vuestros méritos infinitos a la Majestad Divina ofendida y ultrajada en este Sacramento adorable”

        ¡Oh Jesús mío!, tu corazón es un tesoro, y nuestra confianza es la llave con que se puede abrir. Haz que conozcamos su inestimable precio

         ¡Que tenga yo un solo corazón y esté tan frío, Señor, para corresponder a vuestro Amor, y resarcir la tibieza de tantos hombres ingratos para con Vos!

Después de un acto de viva fe y profunda adoración a Jesús presente en las Sagradas Hostias del Sagrario se dirá de todo corazón:

          "¡Oh Corazón Divino de Jesús! Unido al Corazón inmaculado de la Santísima Virgen y a los espíritus celestiales del Coro de las Potestades, quiero pediros perdón y desagraviaros de las misas mal celebradas, de las comuniones con tibieza, sobre todo por las almas que  están especialmente consagradas, y de las faltas cometidas en la Comunidad que más han podido desagradar a vuestro Divino Corazón. Os pido también que me concedáis la gracia de cumplir fielmente la adoración en espíritu y la virtud del Oficio" (recordarla por un simple pensamiento).
          Acto de reparación (para leerlo durante la visita): "Os adoro, Jesús, Rey amantísimo, por todos los que no os adoran, os amo por todos los que no os aman; deseo reparar toda la ingratitud que vuestro Corazón recibe de los hombres y para mostraros mi amor, os doy mi corazón y me consagro enteramente a Vos, ahora y por toda la eternidad. Así sea"
          
          Jaculatorias
·         ¡Oh Dios mío! ¡Os ofrezco los méritos infinitos de vuestro Sagrado Corazón en reparación en reparación sobre las injurias que recibís en el Santísimo Sacramento!
·         “Corazón de mi amable Salvador, haz que arda y siempre crezca en mi tu amor
·         “María, Madre mía, guárdame de todo pecado y de toda mala compañía”


3º OFICIO: EL ADORADOR
Unido al coro de las Dominaciones, de las seis a las nueve de la noche


         Fin especial: Uniendo sus humildes alabanzas a las que el Sagrado Corazón rinde continuamente a la Santísima Trinidad, el Adorador se esforzará en suplir con frecuentes adoraciones el deplorable y general olvido de Dios que el mundo.

          Promesa particular: “El Padre busca tales adoradores... que adoren a Dios en espíritu y en verdad"

         Ofrecimiento de la práctica del oficio para todo el mes (primer viernes de mes):
        “Divino Corazón de Jesús, por el Corazón Inmaculada de María y asociado al Coro de las Dominación ofrezco las oraciones, obras y sufrimientos de este mes, por todas las in—tenciones por las que Vos os inmoláis altares. Os las ofrezco en particular para reparar el olvido de Dios que hay en el mundo, uniendo mis alabanzas a las que Vos ofrecéis continuamente a la Santísima Trinidad. Y os consagro y dedico para vuestra mayor gloria todo e que se haga en toda la tierra… Así sea”

          Virtud particular: Guardar la más profunda reverencia en las iglesias y capillas guardando verdadero recogimiento y respetuoso silencio, sobre todo porque Jesucristo habita en ellas.
Práctica de la virtud: Al menos cinco veces por dia, en honor de las cinco Llagas de Nuestro Señor:
·         Pedir que se observe el más profundo respeto en las iglesias y capillas en donde habita Jesucristo en el Santísimo Sacramento.
·         Durante este mes, tener siempre la más recogida actitud, en la capilla o en las iglesias.
·         Yendo a visitar al Santísimo Sacramento, hacer el equivalente de la segunda adición de la segunda semana de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio: "Pensar a dónde voy y delante de quién, acordándose de Aquél que nuestras adoraciones”
·         Cuando se sale, al ver un campanario o una iglesia, saludar a Dios que allí se ha hecho prisionero, dulce compañero de nuestro destierro.

       Visitas al Santísimo / Oraciones:         
      
“Divino Corazón de Jesús, por medio del Corazón inmaculado de María y en unión del Coro deDominaciones, para suplir mi insuficiencia, 'es adoro durante todo el dia, pero más profundamente durante estas tres horas en el Santísimo Sacramento del Altar, deleitándome interiormente con el cántico que los Bienaventurados entonan cielo a la Santísima Trinidad: Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios de los ejércitos"
       ¡Oh Jesús mío, digno adorador de la Majestad divina! yo me uno con todo mi espíritu a las continuas adoraciones, que rindes a vuestro Padre celestial en el secreto de vuestro Divino Corazón, y quisiera que exhalase mi alma todos los afectos que vos comunicáis a María Santísima, y a vuestros santos, para honraros y glorificaros dignamente por toda la eternidad!
“Ya que no puedo, Trinidad Augusta, adoraros cual Vos merecéis, os ofrezco las adoraciones que os rinde justos y la Reina de los Santos, con las que os rindió Jesucristo en el secreto de su Corazón”
Después de un acto de viva fe y profunda adoración a Jesús presente en las Sagradas Hostias del Sagrario se de todo corazón: “Divino Corazón de Jesús, os adoro con toda mi alma por el Corazón inmaculado de María. Por su intercesión, y en unión del Coro de las Dominaciones, os suplico que concedáis a cada miembro de esta Comunidad nombre de la cual yo hago esta visita, a todos los miembros de esta Congregación, a los religiosos de otras órdenes y a todos los sacerdotes seculares, el espíritu de fervor y de celo para cumplir las obligaciones de su estado “Yo os ofrezco también, oh Corazón Sagrado, vuestros méritos infinitos en reparación del deplorable y general olvido de Dios en el mundo suplicándoos en cambio que nos concedáis la gracia de observar fielmente la adoración en espíritu y de cumplir la virtud del Oficio" (recordarla por un simple pensamiento).
“Oh Corazón Divino, verdadero adorador y perfectísimo amante de la Divinidad, tened misericordia de mi" (tres vece honor de la Santísima Trinidad).
   
    Jaculatorias:
·         “Corazón de mi amable Salvador, haz que arda, y siempre crezca en tu amor”
·         “María, madre mía, Guárdame de todo pecado y de toda mala compañía”
·         “Jesús, Dios mío, yo os adoro aquí presente en el Sacramento de vuestro amor”


4º OFICIO: EL AMANTE
Unido al coro de los Serafines, de las nueve de la noche a las seis de la mañana




         Fin especial: resarcirá la indiferencia y frialdad de los corazones consagrados a Dios
       
          Promesa particular: “Si desterráis todo sentimiento de amor propio y todo respeto humano,          gustaréis la suavidad de su dulce intimidad” (Santa Margarita María).


         Ofrecimiento de la práctica del oficio para todo el mes (primer viernes de mes):
"Adorable Jesús, por medio del Corazón Inmaculada de María y asociado al Coro de los Serafines, os ofrezco todas mis oraciones, obras y sufrimientos de este mes por todas las intenciones por las que Vos os inmoláis en los altares.
Os las ofrezco en particular para reparar la indiferencia de los corazones que os están consagrados".


          Virtud particular: La fidelidad de la esposa que roba el corazón del esposo con sus puros y ardientes afectos.     Exactitud en las cosas pequeñas. Pero todo por amor y en todas las cosas.

          Práctica de la virtud:
·         Hacer lugar al divino amor en nuestro corazón luchando contra el amor propio, desterrando toda afición puramente natural, todo respeto humano, toda ambición terrestre, todo deseo de consolación humana.
·         Hacer a menudo algunos actos de amor y de petición de amor.
·         En todas nuestras acciones y sufrimientos tener el cuidado de mostrar nuestro amor a Jesús, de ser “del pequeño número de sus amigos" (Santa Teresa del Niño Jesús).
·         Recordar que la Oración y la Comunión son las dos hogueras donde se inflama el amor divino. Multiplicar durante el dia las comuniones espirituales.
·         Todos los miércoles hará a Jesús Sacramentado una visita, y le pedirá se digne conceder a todos los asociados un corazón según Dios, que sepa amarle cuanto es debido.


        Visitas al Santísimo / Oraciones:        
        
“Oh Corazón Divino de Jesús, os adoro en las Sagradas Hostias consagradas del Sagrario, por el Corazón Inmaculado de María y en unión del coro de los Serafines, para suplir mi insuficiencia, y encierro mi corazón dentro de vuestro Sagrario, en vuestra dulce compañía”.
         ¡Oh Corazón amantísimo de Jesús, fragua divina donde arde aquel amoroso fuego que viniste a traer a la tierra y en que con tanto ahínco deseas ver encendidos nuestros pechos! Ardan. Señor, hasta consumirse en esa llama suavísima.     Seráficos espíritus de la corte celestial, os suplico rendidamente digáis al autor de mi vida que yo quisiera amarlo hasta desfallecer en su dulcísimo amor.
         Antes de dormirse: “Yo dormiré, pero mi corazón permanecerá en vela dentro del de mi Amado" "Oh Corazón adorable de Jesús, yo suplico al Corazón lnmaculado de María y a los espíritus celestiales del Coro de los Serafines que os amen y os adoren en mi lugar y en mi nombre todo el tiempo que dure mi descanso".
         Durante las oraciones de la mañana: “Os adoro, Corazón Divino de mi adorable Redentor, por el Corazón Inmaculado de María y, dando fervientes acciones de gracias a los espíritus celestiales que se han dignado suplir mi ausencia delante de Vos con sus ardientes oraciones, os renuevo, oh Corazón Dulcísimo, mis protestas de amor. Y por el mismo Corazón Purísimo de vuestra Madre y la intercesión del Coro de los Serafines os suplico que os dignéis inflamar en el fuego de vuestro divino amor los corazones tibios y lánguidos para que ahora y eternamente vivamos abrasados en      vuestras celestiales llamas. También os suplico que nos concedáis la gracia de guardar fielmente la adoración en espíritu y de poner en práctica la virtud del Oficio" (recordarlo por un simple pensamiento).

Después de un acto de viva fe y profunda adoración a Jesús presente en las Sagradas Hostias del Sagrario se dirá de todo corazón:

        Jaculatorias:
·          “Oh Corazón amabilísimo, que nuestro corazón se abrase en el fuego de Vuestro en el tiempo y en la eternidad”
·         “Os amo, dulce Jesús mío: ¡quien os hubiese amado siempre”
·         “Corazón de mi amable Salvador, haz que arda, y siempre crezca en tu amor”
                                           
5º OFICIO: EL DISCÍPULO

Unido al coro de los Querubines, de las seis a las nueve de la mañana.


      Fin especial: pedirá al Señor se digne derramar los abundantes raudales de su divina sabiduría en los entendimientos de todos los hombres, y tomará como particularmente dirigidas a si estas palabras del divino Maestro: « Aprended de mí que soy manso y humilde de Corazón.»
     Promesa particular: “Cuanto más silencioso seas, más serás enseñado y más se grabará en tu corazón la importante lección de tu adorable Maestro: su dulzura y su humildad".


     Ofrecimiento de la práctica del oficio para todo el mes (primer viernes de mes):     
“Adorable Jesús, por medio del Corazón Inmaculada de María y unido al Coro de los Querubines, yo os ofrezco todas mis oraciones, obras y sufrimientos de este mes, por todas las intenciones por las que os inmoláis sobre los Altares los ofrezco en particular para obtener la gracia de ser dócil a vuestras enseñanzas y vuestras inspiraciones sobre todo en la oración y en la Comunión, y para que los que están encargados de enseñar sean fieles a vuestra doctrina y no se aparten jamás de ella. Amén”.
Virtud particular: Su virtud será corresponder fielmente a las divinas inspiraciones, especialmente por el recogimiento y silencio, no hablando sin necesidad. "

       Práctica de la virtud:
·         Examinará cada dia los buenos pensamientos que haya tenido, y el modo como ha correspondido a ellos; y si allá haber cometido alguna falta pedirá a Dios perdón, y pondrá en ejecución sus buenos pensamientos, aconsejándose antes con su director espiritual.
·         Leer durante algunos minutos al dia alguna buena lectura
·         Acordarse de rogar por los profesores y los escritores, y más particularmente por los profesores de Universidades, facultades y seminarios católicos. No olvidarse de los protestantes, modernistas, ateos, etcétera.…
·         Guardar de una manera más particular durante este mes todas las Reglas del silencio y del recogimiento.
·         Ponerse en la escuela del Sagrado Corazón. Cuando se ha de tomar una resolución decirle: ¿Qué quieres que haga?
·         En la oración y las ocupaciones verle por la fe, diciéndonos: "Aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón”
·         Procurar acordarse interiormente de las lecciones recibidas y ponerlas en práctica en orden a nuestra perfección

Visitas al Santísimo / Oraciones:
¡Oh Corazón lleno de infinita sabiduría, que dichosos son Señor, los que aprenden en vuestra escuela! Enseñarme, amabilísimo Corazón, pues os habéis dignado admitirme por vuestro discípulo: haced a mi Corazón dócil a vuestras divinas lecciones, y traed a vos con eficacia a todos los que resisten a la verdad.
¡Oh Corazón lleno de infinita sabiduría, cuánto aprenden y que pronto, los que logran tenerte por Enséñame, amabilísimo Corazón, pues te has dignado admitirme por discípulo tuyo. Haz mi corazón dócil a tus divinas lecciones. Y atrae a Ti con eficacia a todos los que resisten a la verdad.
       “Jesús Rey de Corazón divino, uniéndome al Corazón Inmaculada de María y al Coro de los Querubines para suplir mi insuficiencia, os adoro durante todo el dia; pero más particularmente durante estas tres horas. En el Santísimo Sacramento del Altar, entrando en vuestro Corazón Divino como en una divina escuela donde se aprende la ciencia del casto amor que hace olvidar las vanidades del mundo, deseando poner en práctica vuestras lecciones para mi perfección”.
       Después de un acto de viva fe y profunda adoración a Jesús presente eh las Sagradas Hostias del Sagrario se dirá de todo corazón:       
“Oh Divino Corazón de Jesús en el cual están todos los tesoros de la Sabiduría y de la Ciencia. Oh, cuanto aprenden y cuán presto, los que llegan a teneros a Vos por Maestro. Enseñadme, oh Corazón amabilísimo y condescendiente, puesto que Vos habéis decidido recibirme como discípulo vuestro. Haced mi corazón dócil a vuestras divinas enseñanzas. Guiad a los que están encargados de instruir y atraed a Vos a los que resisten a la verdad”.

Veni Creator Spiritus.      
 
 Ven, Espíritu Creador, visita las almas de tus fieles y llena de la divina gracia los corazones, que tu    mimo creaste       .
       Tú eres nuestro Consolador, don de Dios Altísimo, fuente viva, fuego, caridad y espiritual unción.
       Tú derramas sobre nosotros los siete dones; tu', el dedo de la mano de Dios; tú, el prometido del Padre; tú, que pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.         
      Enciende con tu luz nuestros sentidos; infunde tu amor en nuestros corazones; y, con tu perpetuo auxilio, fortalece nuestra débil carne          .
      Aleja de nosotros al enemigo, danos pronto la paz. Se tú mismo nuestro guía. Y puestos bajo tu dirección evitaremos todo lo nocivo.          
      Por ti conozcamos al Padre, y también al Hijo; y que en ti, Espíritu de entrambos. Creamos en todo tiempo       .
      Gloria a Dios Padre, y al Hijo que resucitó, y al Espíritu Consolador. Por los siglos infinitos. Amén.

      V. Envía tu Espíritu y serán creados         .
      R. Y renovarás la faz de la tierra.
      Oración: Oh Dios, que has instruido los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos según el mismo Espíritu, conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos. Por Jesucristo nuestro Señor Amén.

          Himno al Espíritu Santo.       
          
Ven Espíritu Santo y envía desde el cielo, un rayo de Tu luz.
          
Ven, Padre de los pobres, ven, Dador de los dones, ven, luz de los corazones,
          
Consolador Óptimo, dulce Huésped del Alma, suave alivio.
          
Descanso en el trabajo, brisa en el ardiente estío, consuelo en el llanto.
         
¡Oh luz Santísima, llena lo más íntimo de los corazones de Tus fieles!
          
Sin tu ayuda, nada hay en el hombre, nada que sea inocente.
          
Lava lo que está manchado, riega lo que es árido, sana lo que está enfermo.
          Doblega lo que es rígido, Calienta lo que está frío, Endereza lo que está desviado.
          
Concede a Tus fieles Que en Ti confían, -Tus sagrados dones.
          
Dales el premio de la virtud, dales el puerto de la salvación, dales la felicidad eterna. Amén.

          Jaculatorias:
·         “Enséñame, Señor, a hacer tu voluntad”
·          "Jesús, manso y humilde de Corazón, haced mi corazón semejante al vuestro"
·         “Aprenda yo, Señor, a ser como Vos, manso y humilde de corazón”

6º OFICIO: LA VÍCTIMA
Unida al coro de las Virtudes, desde las nueve hasta las doce de la mañana


        Fin especial: Ofrecerse como Víctima a Jesús en unión con su Corazón Sagrado para que sus
divinos designios de aplacar la Justicia Divina se cumplan. Espíritu de sacrificio, para aplacar el enojo divino contra los pecadores        

     Promesa particular: A los que cumplen el Oficio de Víctima por él: Que no teman, El será su fuerza.

     Ofrecimiento de la práctica del oficio para todo el mes (primer viernes de mes):
“Oh Señor Jesucristo, por media del Inmaculada Corazón de María, y asociado al Coro de las Virtudes, ofrezco a Vuestro Divino Corazón todas mis oraciones, actividades y sufrimientos de este mes, unida a las intenciones por las os inmoláis en las Altares. Os las ofrezco en particular uniéndome a vuestra estado de Víctima en la Santa Mis Santísimo Sacramento, deseoso de participar en vuestra inmolación, con vuestra ayuda, en reparación de las pecados del mundo y para aplacar la cólera divina indignada contra los pecadores y obtener misericordia”

        Virtud particular: Abnegación sumisa y resignada. Espíritu de mortificación, guarda de los sentidos

        Práctica de la virtud: í
·         Unirse espiritualmente a Jesucristo en espíritu de víctima, ofreciéndose a cada instante del dia y de la noche como víctima expiatoria y propiciatoria
·         Aceptar ser tratado como Nuestro Señor lo fue, sobre todo en el Calvario y en el Santísimo Sacramento
·         Dar gracias humildemente a Dios por nuestras penas y sufrimientos, acordándonos de las palabras en la Agonía, o aquellas del Salmo: “Fiat(hágase), Fiat...Amén”
·          Hacer actos de mortificación exteriores y sobre todo interiores.
·          Reprimir alguna de las pasiones desordenadas, o su mal genio, o abstenerse de comer alguna cosa todos los viernes, y mortificando algunas veces en el día su curiosidad de mirar o hablar.

       Visitas al Santísimo / Oraciones:         
    
¡Oh Corazón humildísima, víctima perpetua de amor sacrificada en nuestros altares! ¿Pedís Señor otra víctima que os acompañe en vuestro sacrificio? Heme aquí, Dios mío, rendido a vuestra voluntad para ser hostia inmolada y consumida en las llamas de vuestra divina amor para mayor gloria de vuestro Eterno Padre y por la conversión de los pecadores!
   "Jesús, Rey de Corazón Divina, uniéndome al Corazón Inmaculada de María, y a los espíritus celestiales del Coro de las Virtudes, para suplir mi insuficiencia, as adoro durante todo el día, pero más particularmente durante es horas, y me ofrezco a vuestra Corazón Divino para participar en vuestro estado de Victima en la Santa Misa y en el Santísimo Sacramento del Altar. '
        “Oh Padre Eterno, puesto que os habéis dignado elegirme por Víctima, recibid con benevolencia mi sacrificio en unión con el de vuestra Hija adorable. Así sea”.
        “Corazón Divino de Jesús, uniéndome al Corazón Inmaculada de María y al Coro de las Virtudes, adoro, prosternado en espíritu, la Justicia divina, llena de santa indignación contra la desgraciada humanidad estúpidamente levantada contra vuestra Majestad, su santa Ley y su Iglesia. Deseo unirme a los sentimientos de ardiente caridad y de profunda sumisión de vuestro Corazón hacia vuestra Padre Eterno, y le suplica con las más afectuosos instancias aplacarse por vuestras méritos infinitas y use de misericordia con el mundo entero".

          Acto de reparación: “Postrada a vuestros pies, y ansioso de probaras mi amor, Oh corazón de Jesús traspasado de dolor a causa de nuestros pecados, as consagra mi cuerpo y mi alma. Todos mis pensamientos. Deseos, intenciones palabras y acciones; as ofrezco todos los latidos de mi corazón, durante mi vida y en la hora de mi muerte. Que manos de vuestra Padre en espíritu de inmolación, con todas sus angustias, penas y dolores. Deseo por ello haceros un acta de desagravio, para reparar todas nuestras tibiezas e ingratitudes, para daros satisfacción de todas nuestras ofensas, sobre todo de las que más han herido el amor que nos habéis mostrado instituyendo la Santa Misa y permaneciendo dia y noche en el Santísimo Sacramento: para reparar en fin todos los males o escándalos por los cuales yo o el prójimo hayamos podido causar detrimento a la creencia de vuestra Presencia real, impedir la reverencia debida a vuestra Majestad Eucarística, y disminuir la confianza en vuestra amar misericordioso "


     Jaculatorias:
·         “Quien pudiera inmolarse en las llamas de vuestro divino amor por la salvación de los pecadores Acepad oh padre Eterno, mi sacrifica, unido al Corazón de Jesús, crucificado por mí"”
·         “Corazón de Jesús, Víctima de amor, haced que ya sea por Vos una hostia viva, santa y agradable a Dios” (por esta jaculatoria se pueden renovar las actas de adoración en espíritu más brevemente)
·         “Cuando el que sacrifica la víctima es el amor divino, por dolorosas que sean los golpes, parecen suaves”

7º OFICIO: EL ESCLAVO  
 Unido al coro de los Arcángeles, durante todo el día


         Fin especial: Honrar el anonadamiento del Corazón de Jesús en el Santísimo Sacramento, trabajando con fervor en su servicio en calidad de esclavo fiel, “Servus Christi” (Cor. 7, 22). Poner toda nuestra gloria y nuestra dicha llevar las cadenas del tierno y generoso amor que tienen al Redentor cautivo en las Sagradas Hostias.   
      
        Promesa particular: Jesús recompensará vuestras acciones en su servicio, en la medida de vuestro amor.

         Ofrecimiento de la práctica del oficio para todo el mes (primer viernes de mes):
“Oh Jesús, nuestro Rey y Maestro Divino, por el Corazón de vuestra Esclava Inmaculada y unido a los espíritus celestiales del Coro de los fieles Arcángeles, ofrezco a vuestro Corazón «hecho obediente hasta la muere”,  todas mis oraciones, obras y sufrimientos de este mes por todas las intenciones por las que os inmoláis continuamente en los Altares. Os los ofrezco más particularmente para que os dignéis hacer comprender a los hombres el amor que os ha inducido a convertiros en su verdadero esclavo, obedeciendo hasta la muerte por ellos, y quedando incomprensible sumisión a los hombres en el Santísimo Sacramento.          
        "Venced, dulce Jesús, por el atractivo de vuestra humildad eucarística, la resistencia del mundo orgullo serviros".

        Virtud particular: Conformidad con la voluntad de Dios

         Práctica de la virtud:
·         Actos de particular sumisión a los representantes de Dios, obedeciéndoles con alegría y prontitud.
·         Ejercitarse en la fidelidad en las cosas más pequeñas.
·         Ser fiel y estar atento a las inspiraciones divinas.
·         Ofrecerse a los hermanos con algunos humildes servicios
·         Acordarse particularmente de los hombres, de los dirigentes de las naciones y de los estados, que se han rebelado contra el Divino Maestro
·         En cada hora del día renovará la servidumbre que ha ofrecido al divino Corazón de Jesús, como a su Dueño y Señor, con estas palabras: ¡Oh Señor!, siervo tuyo soy;  con estas: Enséñame a cumplir tu voluntad, pues Tú eres mi Dios.

         Visitas al Santísimo / Oraciones:
        “Oh Corazón de mi Maestro Jesús, os adoro en las Sagradas Hostias, unido al Corazón Inmaculado de María y asociado al Coro de los Arcángeles, para suplir mi insuficiencia; y renueva con todo mi corazón mi esclavitud de amor hacia Vos y mi voluntad de serviros fielmente hasta la muerte. ¡Serviros es reinar!”

          "Oh Corazón Divino de Jesús, que habiendo tomado la condición de esclavo, hecho como el último habéis venido a este mundo para servir y no hacer más que la voluntad de Vuestro Padre, unido al Corazón inmaculado de la Santísima Virgen María y asociado a los espíritus celestiales del coro de los Arcángeles, os adoro aquí presente y os suplico que me concedáis la gracia de que yo también sepa emplearme sin reserva, en vuestro servicio. Admirado profundamente de veros sometido en este Sacramento, al arbitrio de los hombres, de una manera tan sorprendente, os ruego que todos mis actos de sumisión de este dia, para que vuestra servidumbre eucarística llegue a producir en el mundo efectos saludables”

         "Padre Celestial, haced que vuestro Hijo Encarnado sea en este Sacramento mejor honrado, más frecuentemente recibido y ofrecido en sacrificio con mayor fe y amor. Permitidme todavía que os pida la gracia de cumplir fielmente la virtud del Oficio y de guardar la adoración en espíritu"
        “Amor omnipotente, que has roto las cadenas que me tenían cautivo lejos de Ti. ¡Oh, si yo pudiera hacer que me siguiesen todos cuantos andan fugitivos y descarriados, como anduve yo, y que gustasen a tus pies, como gusto yo  ahora, las delicias de esta nueva y regalada servidumbre, que constituye otros tantos felices cuantos esclavos tiene! ¡Oh misteriosa sujeción de Jesús en el Sacramento de su amor! ¡Oh imán de las almas! ¡Oh dulcísimo Jesús! yo me consagro eternamente a honrarte y glorificarte y a procurar con mis esfuerzos y deseos traer a Ti todos los corazones”
      “Llama, Señor, a todos los pecadores, líbralos del duro yugo y cautiverio del pecado, admítelos a tu servicio, para que te amen, alaben y bendigan con los justos ahora y por toda la eternidad”

  Ofrenda total: “Tomad, Señor, y recibía  toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad: todo mi haber y mi poseer; Vos me lo disteis, a Vos Señor lo torno; todo es vuestro, disponed de todo según vuestra voluntad.       
Dadme vuestro amor y gracia, que ésta me basta"

     Jaculatorias:
·         “Oh Señor yo soy vuestro esclavo"
·         Decir con la Virgen Santísima. "He aquí la (el) esclava(o) del Señor hágase en mi según tu palabra
·         “Corazón de mi amable Salvador, haz que arda, y siempre crezca en mi tu amor



8º OFICIO: EL SUPLICANTE
Unido al coro de los Ángeles, durante todo el día

Fin especial: Ofreciendo al Eterno Padre los méritos infinitos de Jesucristo, pedirá con fe viva gracias abundantes para todos los asociados al Sagrado Corazón de Jesús, y para todos los que se hallen en alguna necesidad, rogando en especial por los que estén en la agonía, por las almas del purgatorio, por la conversión de los pecadores, por el Pontífice y la Iglesia Católica, y por la paz y concordia entre los príncipes cristianos.

Promesa particular: “Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo concederá Pedid y recibiréis”

Ofrecimiento de la práctica del oficio para todo el mes (primer viernes de mes):
Adorable Jesús, por el corazón inmaculado de María y asociado al Coro de los Ángeles, y en particular a las oraciones, la Guarda, os ofrezca las oraciones, las obras y los sufrimientos de este mes, en reparación de todas nuestras ofensas y por todas las intenciones por las que os inmoláis sobre el altar; los ofrezco en particular al Padre Eterno, suplicándole se digne derramar las inmensas gracias de vuestro Divino Corazón sobre todos nosotros, sobre todos los que se encuentran en algún grave peligro espiritual o temporal y especialmente sobre los moribundos, y las almas del purgatorio”

Virtud particular: perseverancia en la oración, (Caridad Fraterna)
Práctica de la virtud:

·         Cinco veces, en honor de las cinco llagas, decir con gran humildad: “Oh divino Corazón, por la llaga concedednos a todos el espíritu de fervor y la perseverancia final ”
·         Rogar por todas las personas que mueren y comparecen cada día ante Dios (Aprox. 160000) "Oh Dios mío, yo te ofrezco todas las Misas que se celebran hoy en el mundo entero por los pecadores que están en agonía) por la conversión de los pecadores, por los van a morir hoy, Que la Sangre preciosa de Jesucristo Redentor. les obtenga misericordia"
·         Permanece constante y confiado en nuestro oficio de suplicante aún en medio de las sequedades
·         Ofrecer por medio de la Santísima Virgen, las llagas de Nuestro Señor, por la conversión de los pecadores, por los que hacen ejercicios espirituales, por los devotos del Sagrado Corazón etc.
·         Pedir a Dios, especialmente en las comuniones y en la oración, que oiga benignamente nuestros ruegos, por ese Corazón adorable, digno objeto de sus complacencias.
·         Practicar la humildad, humillándose alguna vez, por ejemplo, hablando a su enemigo, o saludando al que le tiene rencor, o dando la preferencia a otro; dirá cinco veces cada dia: «Si no me hago como niño, no entraré en el reino de los cielos.»

Visitas al Santísimo / Oraciones:

“Jesús, Rey de Corazón Divino uniéndome al Corazón Inmaculada de María y asociado al coro de los Ángeles especialmente al de los Ángeles de la guarda para suplir mi insuficiencia os adoro durante todo el dia y os ofrezco las oraciones, los trabajos, los sufrimientos de hoy, uniéndolos a los méritos infinitos de vuestro Sagrado Corazón en reparación de todas nuestras ofensas y por todas las intenciones por las que os inmoláis sobre el Altar, Suplico a vuestra misericordia que quiera derramar abundantes gracias sobre la Santa Iglesia, sobre nuestra congragación. Sobre nuestros miembros. Os pido particularmente por todos los que se encuentran en al algún grave peligro espiritual o temporal, por los agonizantes, por los que han de morir sin agonía y por las almas del purgatorio”
“Divino Corazón de Jesús os adoro con todo el afecto de mi alma por el Corazón Inmaculada de María. Por su intercesión y unido al coro de los Ángeles especialmente de los Ángeles de la Guarda suplico a vuestro Sagrado Corazón que derrame abundantes gracias sobre nosotros para nuestra santificación, sobre los que se encuentran un grave peligro espiritual o corporal y sobre los que están a punto de morir. Os suplico en fin. que os dignéis librar a las almas del Purgatorio. Como prenda de su rescate os  ofrezco vuestras santas Llagas por el Corazón Inmaculado de María. Oh Corazón dulcísimo, dignaos concedernos igualmente la gracia de guardar fielmente la adoración en espíritu y de cumplir la virtud del oficio”
 “Padre Santo, os ofrezco todas y cada una de las Misas celebradas o que se van a celebrar hay en toda la Iglesia, afín de que por la Sangre de Jesús, vuestro sz0, y la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, transida de dolor al pie de la Cruz, os dignéis conceder a los justos el gran don de la perseverancia, a los pecadores la gracia de una perfecta conversión, y a todos los fieles de Cristo, sobre todo a mí y a mis hermanos en el momento de la muerte la recepción del Santo Viatico, la santa unción y una muerte preciosa a vuestros ojos. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor”

“Escucha ¡Oh Corazón clementísimo! Las voces de los menesteroso y se el consuelo de los atribulados, pues tu mayor placer siempre fue perdonar y hacer  bien a los hombres”

     Jaculatorias
·         “Corazón Sagrado de Jesús, ten piedad de nosotros”
·         “María Madre mía, líbranos de todo pecado y toda mala compañía”
·         “Corazón de mi amable Salvador, haz que arda siempre crezca en mi tu amor”


9º OFICIO: EL CELADOR  

Unido al coro de los Principados (los nueve coros de Ángeles), durante todo el día


       Fin especial: Procurar por todos los medios posibles la gloria del Sagrado Corazón de Jesús, velando atentan por la salvación y perfección del prójimo, especialmente de los propios hermanos. Pensar especialmente en la misiones, sobre todo en las de Asia, Africa y Oceanía

       Promesa particular: “Nuestro Señor reserva a los que hacen este Oficio incalculables tesoros de gracia y nos asegura que su nombre será grabado para siempre en su corazón (Santa Margarita María)

   Ofrecimiento de la práctica del oficio para todo el mes (primer viernes de mes):         
"Adorable Jesús, por el Corazón Inmaculada de María y asociado a os nueve coros Angélicos y especialmente al Corazón  los Principados, os ofrezco todas mis oraciones, obras y sufrimientos de este mes por todas las intenciones por las que os inmoláis sobre los Altares. Os los ofrezco en particular para que el Corazón de Jesús sea conocido y adorado en toda la tierra, y alabado y glorificado por mis hermanos y compañeros. "
Virtud particular: Aprovechar con celo y con una discreta prudencia todas las ocasiones para  impedir cualquier ultraje al Sagrado Corazón, extender el amor de este Corazón adorable y aumentar el número de adoradores ejemplo y con la palabra.

        Práctica de la virtud:
·         ingeniarse para impedir las ofensas a Dios entre los que nos rodean
·         evitará cuanto le, sea posible los pecados de murmuración, hablando bien de todos, y manifestando su disgusto, aunque sea tan solo mostrándose triste con los que murmuraren
·         Procurar enfervorizar las almas cristianas, especialmente las de nuestros hermanos, comunicándoles la llama del verdadero Celo.
·         Dirigir peticiones al Sagrado Corazón para que impida las ofensas hacia Él y hacia su amor
·         Rogar para que aumente, por nuestros ejemplos y palabras, el número de los verdaderos adoradores
·         En cada hora del dia adorará, desde donde se halle, al divino Corazón, pidiéndole humildemente que disimule faltas que los compañeros hayan cometido en aquella hora, en el cumplimiento de sus obligaciones.

        Visitas al Santísimo / Oraciones:        

       
“Divino Corazón de Jesús. os adoro en el Santísimo Sacramento durante Todo el dia. Por el Corazón Inmaculado de María y en unión de los nueve coros de Ángeles, y especialmente el de los principados, para suplir mi insuficiencia, y ofrecer un culto de amor ardiente e inflamado”
        “Divino Corazón de Jesús, os adoro con toda mi alma por el Corazón Inmaculada de María. Por su intercesión y unido a los nueves Coros de los Ángeles, especialmente al coro de los Principados, os pido con instancias que vuestro Corazón sea conocido en toda la tierra, que los idólatras y los infieles que no os conocen, y que todos los cristianos que no viven en conformidad con su Fe, sean atraídos por vuestro Amor. Dignaos concedernos la gracia de guardar fielmente la adoración en espíritu y de cumplir la virtud del oficio”
         “Oh ardiente Corazón de Jesús, tan amable como amante del hombre ¿Cuándo te veré amado por todos ardentísimamente? Séame dado, Señor, por gracia tuya, publicar en todo el mundo las maravillas de tu amor, o logre por lo menos, atraerte un alma que te ame de todo corazón. Pero esto es poco: concédeme que gane para Ti los corazones de cuantos hombres viven sobre la tierra”
        Pedir a Jesucristo la conversión de tantos infelices, pedírsela al corazón purísimo de María, refugio pecadores. Rezar nueve veces el "Gloria Patri.”

          Jaculatorias:
·            Donde no hay celo, no hay Amor” (San Agustín)
·    “Oh Corazón el más amable y amante de los hombres ¿Cuándo seréis amado de todos              ardientísimamente?
·         “María Madre mía, líbranos de todo pecado y de toda mala compañía”
“Corazón de mi amable Salvador, haz que arda y siempre crezca en mi tu amor”
FIN

jueves, 1 de junio de 2017

2 de Junio: VIERNES DESPUÉS DE LA OCTAVA DE LA ASCENSIÓN. Del Año Litúrgico de Dom Guéranger.

PRESENCIA INVISIBLE DEL SEÑOR 
 
Ha acabado la octava; ya se ha acabado el misterio de la Ascensión; Jesús ya no se mostrará más a nuestras miradas hasta que venga a juzgar a los vivos y a los muertos. En adelante sólo la fe nos le revelará y sólo le podremos poseer por el amor: tal es la condición de nuestra prueba, hasta que, como recompensa de esta fe y de este amor, seamos admitidos al interior del santuario. 


Sin embargo, no murmuremos. Esperemos, más bien, con esa esperanza que nunca engaña, como dice el Apóstol (Rom., V, 5).

¿Y cómo no hemos de vivir enteramente en esta esperanza, cuando Jesús nos ha prometido estar con nosotros hasta la consumación de los siglos? (Mat., XXVIII, 20). Nunca ya se hará visible, pero siempre estará allá. ¿Podrá, quizás, abandonar a la Iglesia, su esposa? ¿Y no somos nosotros los miembros de esta esposa amadísima? 

LA PROMESA DEL ESPÍRITU SANTO. — Pero Jesús hace más todavía por nosotros. Si se retira, no lo hace sin decirnos con una ternura infinita: "No os dejaré huérfanos" (Juan, XIV, 18). Cuando nos dice: "Es necesario que me vaya", añade: "Si no me marchase no vendría a vosotros el Consolador" (Ibid., XVI, 7). Este Consolador es el Espíritu Santo, el Espíritu del Padre y del Hijo que descenderá incesantemente a nosotros, y que debe permanecer entre nosotros visible en sus obras, hasta que Jesús vuelva a aparecer para sacar a sus elegidos de un mundo que merecerá ser abandonado a las llamas. Pero el Espíritu no debe descender a nosotros mientras no sea enviado, y, como nos enseña el Evangelista: "No debe ser enviado hasta que Jesús no sea glorificado" (Juan, VII, 39). Viene a continuar la obra. Pero esta obra debía ser primero llevada a cabo por el Hijo de Dios hasta el término señalado por los decretos eternos. 

Después de sus trabajos, Jesús entró en su reposo, llevando consigo la humanidad elevada en él a honores divinos. El Espíritu Santo no revestirá esta naturaleza; pero viene a consolarnos de la ausencia de Jesús y a acabar lo que falta cumplir en la obra de nuestra santificación. Es aquel a quien ya hemos visto trabajando estos dos días precedentes, cuando contemplamos los prodigios de fe y de amor, después de la partida de aquel que es el objeto de la una y del otro. El Espíritu Santo es quien produce la fe en las almas y al mismo tiempo "derrama la caridad en los corazones"(Rom., V. 5)

Hemos llegado por fin al momento de ver inaugurarse una nueva serie de maravillas del amor de Dios a su creatura. Dentro de unas horas el reino del Espíritu Santo va a comenzar; pero en este último día que nos queda, puesto que mañana va a inaugurarse ya la solemnidad de Pentecostés, dejémonos arrastrar de esa legítima necesidad de venerar todavía las huellas de nuestro Redentor sobre la tierra. La Liturgia nos lo había ido presentando poco a poco, desde el Adviento en que rodeamos a la Madre divina, esperando con respeto el momento feliz en que nos diese su fruto bendito; y ahora, para encontrarle, nos es preciso levantar nuestra mirada hacia el cielo, salir de este mundo, donde ya no se deja ver.

¡Recuerdos gratos del trato íntimo que tuvimos tanto tiempo con el Emmanuel, desde que nos admitió a seguirle en todos sus caminos, ya no podemos relegaros al olvido! Más aún, contamos con el Espíritu divino para grabaros más profundamente en nuestras almas. ¿No ha anunciado Jesús que al venir a nosotros este inefable Consolador nos haría recordar todo lo que habíamos oído, gustado y experimentado en la compañía de aquel que, siendo Dios, se dignó vivir con nosotros nuestra vida, para prepararnos a vivir la suya eternamente? 

LA PEREGRINACIÓN DEL CABALLERO. — San Bernardino de Sena trae en su primer sermón de la fiesta de la Ascensión una historia emocionante que puede servirnos de instrucción útil, este día en que damos el último adiós a la presencia visible de nuestro Redentor. Cuenta que un caballero emprendió un viaje con el deseo de visitar los lugares que habían sido testigos de los misterios de nuestra salvación. Quiso empezar su peregrinación por Nazaret, y en el lugar mismo en que el Verbo se hizo carne, rindió sus homenajes al amor infinito que le había traído a la tierra desde el cielo, para sacarnos de nuestra perdición. Belén vio a continuación a nuestro peregrino llegar a sus muros, buscando el lugar del bienaventurado nacimiento que nos dio un Salvador. Sus lágrimas se deslizaron abundantes sobre el lugar en que María había adorado a su recién nacido, y como cuenta San Francisco de Sales, que también ha querido narrar esta deliciosa historia, "lamió el polvo sobre el cual había comenzado la primera infancia del divino bebé". 

El viajero, que no temía recorrer Palestina en todos los sentidos, marchó desde Belén a las riberas del Jordán, y se detuvo en Bethabara, en el lugar llamado Betania, donde el Precursor había bautizado al Redentor. Y para honrar más enteramente este misterio, quiso a su vez penetrar en el cauce del río, y se bañó en aquellas aguas que le recordaban, las que Jesús se había dignado santificar por el contacto de sus miembros sagrados. Desde allí, siguiendo las huellas del Hijo de Dios, penetró en el desierto, para ver con sus propios ojos el teatro de la penitencia, de los combates y de la victoria de nuestro Maestro. A continuación dirigió su marcha hacia el Tabor; allí veneró el misterio de la Transfiguración de Jesús, cuando dejó brillar ante la vista de tres de sus discípulos algunos rayos de su gloria. 

Por fin, el piadoso caballero entró en Jerusalén. El Cenáculo le vio recoger con el amor más tierno los recuerdos del lavatorio de los pies a los discípulos y la institución del gran misterio de la Eucaristía. Aguijoneado por el deseo de no dejar una estación sin haber orado en ella con lágrimas, pasó el torrente de Cedrón y se dirigió al huerto de Getsemaní, donde el pensamiento de su Salvador, cubierto de sangre, infundió en su corazón una simpatía inefable hacia la víctima de nuestros pecados. En seguida le vino a la imaginación la figura de este Salvador cargado de cadenas y arrastrado por Jerusalén. "Entonces camina—nos dice el Santo Obispo de Ginebra, a quien conviene dejar la palabra sobre este asunto—, camina siguiendo por todas partes las huellas de su amado, y le ve en su imaginación arrastrado de aquí para allá, en casa de Anás, en casa de Caifás, en casa de Pilatos, en casa de Herodes, azotado, mofado, escupido, coronado de espinas, presentado al pueblo, condenado a muerte, cargado con su cruz, y mientras la lleva tiene el encuentro doloroso de su madre, traspasada de dolor, y de las mujeres de Jerusalén, que lloran por él.

"Por fin este devoto peregrino sube al monte Calvario y ve en espíritu la cruz extendida sobre la tierra y a Nuestro Señor, a quien se tiende y se clava cruelmente en ella de pies y manos. Luego contempla cómo levantan la cruz y el crucificado queda en el aire y su sangre surca por todas las partes de su divino cuerpo. Mira a la pobre Virgen Santísima traspasada completamente por una espada de dolor; luego vuelve los ojos al Salvador crucificado, a quien escucha las siete palabras con un amor sin igual; y, en fin, le ve moribundo, luego muerto, y después recibiendo la lanzada y mostrando por la abertura de la herida su divino Corazón; luego quitado de la cruz y llevado a un sepulcro, a donde le sigue derramando un mar de lágrimas en los lugares regados con la sangre de su Redentor; a continuación entra en el sepulcro y amortaja su corazón al lado del cuerpo de su Maestro. 

"Más tarde, resucitando con él, va a Emaús, y ve todo lo que ocurre entre el Señor y los dos discípulos; y, por fin, volviendo al monte Olívete, donde ocurre el misterio de la Ascensión, y viendo allí las últimas huellas y vestigios de los pies del divino Salvador, prosternado sobre ellos y besándolos mil y mil veces con suspiros de un amor infinito, comenzó a concentrar en sí toda la intensidad de sus afectos, como un arquero estira su cuerda cuando quiere disparar su flecha; luego, levantando sus ojos y sus manos al cielo: "Oh Jesús—dijo—, mi dulce Jesús, ya no sé dónde buscarte y seguirte más en la tierra. ¡Ay! Jesús, Jesús, amor mío, concede, pues, a mi corazón te siga y marche contigo a lo alto. Y con estas ardientes palabras lanzó su alma al cielo, como una saeta sagrada que, como divino arquero, tiró al blanco de su objeto feliz" 

San Bernardino de Sena cuenta que los compañeros y servidores del piadoso caballero, viéndole sucumbir al esfuerzo de su amor, corrieron a buscar un médico, pensando que sería posible todavía volverle a la vida. Pero esta alma bienaventurada había volado siguiendo al Redentor y dejándonos un monumento inmortal del amor que pudo nacer en el corazón de un hombre con la sola contemplación de estos misterios divinos que nosotros hemos seguido a nuestro gusto, conducidos por la Iglesia, en la sucesión de las escenas de la Sagrada Liturgia. ¡Ojalá pudiésemos poseer ahora en nosotros a Cristo, a quien tantas facilidades hemos tenido de conocer! ¡Dígnese el Espíritu Santo, en su próxima visita, conservar en nuestras almas los rasgos de este jefe divino, con el cual va a unirnos más estrechamente todavía!


Año Litúrgico de Guéranger