lunes, 16 de enero de 2017

16 de Enero: SAN MARCELO I, PAPA Y MÁRTIR

En tiempo, pues, de Majencio tirano, fue martirizado san Marcelo papa , el cual después de san Marcelino, así mismo papa y mártir, habiendo vacado la silla apostólica, no siete años, como dicen al gunos, sino seis meses y veinte y cinco días, fue elegido con gran consentimiento del clero y contentamiento de todo el pueblo, por vicario universal de Cristo y sucesor de san Pedro.


Fue san Marcelo romano, su padre se llamó Benito y gobernó la Iglesia santísimamente, la cual por la persecución de Diocleciano y Maximiano, estaba muy afligida, animando a todos los fieles con su doctrina y ejemplo, a la constancia en la fe y porque la sangre de los cristianos, que habían derramado los tiranos, había sido como semilla de trigo, que producía y multiplicaba nuevas mieses y por uno que moría, nacían muchos. 

Instituyó Marcelo en la ciudad de Roma veinte y cinco títulos, o parroquias, en las cuales se bautizaban los que de nuevo venían a la fe, los pecadores podían hacer penitencia y los mártires podían ser sepultados, lo cual como fuese la noticia al tirano Majencio, mandó este a prender al santo pontífice y procuró primero con palabras blandas y promesas, persuadirle, que no se nombrase Pontífice de Cristo y que adorase a sus falsos dioses. 

Después viendo este que no le complacía, le mandó azotar cruelmente y le condenó al catábulo, que era un establo grande, donde estaban las bestias de carga para uso y servicio de la república y que en él tuviese cargo de ellas. 

Estuvo el santo Pontífice en aquel abatido y vil oficio nueve meses, orando, velando, llorando, y exhortando de palabra y por cartas a los fieles a la perseverancia. Al cabo de vinieron de noche los clérigos de Roma para librar a su pastor  y escondiéronle en casa de una santa mujer llamada Lucía, la cual habiendo vivido quince años con su marido, había ya diez y nueve que era viuda. Ella le recibió como un ángel de Dios en su casa y le suplicó, que la consagrase en Iglesia; y el santo pontifice lo hizo, y después se llamó este lugar san Marcelo. 

Allí se juntaban los cristianos, para alabar y glorificar de día y de noche al Señor. Supo esto Majencio y lleno de rabia y furor, mandó que aquella Iglesia se profanase y que sirviese de establo para bestias públicas y que san Marcelo se ocupase en el servicio de ellas y que viviesen en aquella sucia morada. En este establo sucio, asqueroso y hediondo, estuvo algún tiempo el santo Pontífice desnudo y sin abrigo, vestido de cilicio, sirviendo a aquellos animales y con este género de martirio dio su alma a Dios a los 16 días de enero del año del Señor de 309, en el cual celebra la Iglesia su fiesta.

El cuerpo de san Marcelo fue recogido por Juan Presbítero  y Lucía y le enterraron en la vía Salaria, en el cementerio de Priscila. Fue Pontífice sumo cinco años y un mes y veinte y cinco días; aunque en los años de su pontificado hay mucha diversidad en los autores.

Ordenó en Roma de una vez, en el mes de diciembre veinte y cinco Presbíteros y dos diáconos y consagró veinte y un obispos en diferentes lugares. Dos epístolas se hallan de san Marcelo: la una escrita a los obispos de la provincia de Antioquia, en la cual les pide y ruega que no sientan ni enseñen otra cosa, sino lo que aprendieron del apóstol san Pedro y de los otros apóstoles y santos padres, pues habiendo tenido a san Pedro por primer ministro, no es justo, dice que dejeis a vuestro padre y sigais a los extraños, especialmente siendo él la cabeza de toda la Iglesia; la otra es para Majencio tirano, en la cual le dice, que los verdaderos Sacerdotes de Dios, más quieren ser preseguidos por la justicia y por la verdadera fe y padecer por el nombre del Señor, que tener muchas riquezas y ser honrados y estimados  y perder el cielo, porque todo lo de acá es momentáneo y lo de allá es eterno, lo de acá en una hora se acaba y lo de allá dura para siempre. También le dice, que el oficio del buen príncipe y religioso rey, es reparar las Iglesias maltratadas y caídas, y edificar nuevos templos y honrar y defender a los sacerdotes del Señor.

San Marcelo, ora pro nobis.


La Leyenda de Oro
Vida de todos los santos que venera la Iglesia

domingo, 15 de enero de 2017

15 de Enero: LAS BODAS EN CANÁ DE GALILEA. II DOMINGO DESPUÉS DE LA EPIFANÍA. De la Catena áurea de Santo Tomás

Juan II. 01-11 Y de allí a tres días se celebraron unas bodas en Caná de Galilea: y estaba allí también la madre de Jesús. Fue también convidado Jesús y sus discípulos a las bodas. Y llegando a faltar vino, la madre de Jesús le dice: "No tienen vino". Y Jesús le dijo: "Mujer, ¿qué nos da a mí ni a ti? Aún no es llegada mi hora". Dijo la madre de El a los que servían: "Haced cuanto os dijere". Y había allí seis hidrias de piedra, conforme a la purificación de los judíos, y cabían en cada una dos o tres cántaros. Y Jesús les dijo: "Llenad las hidrias de agua": y las llenaron hasta arriba. Y Jesús les dijo: "Sacad ahora y llevad al maestresala". Y le llevaron. Y luego que gustó el maestresala el agua hecha vino, y no sabía de dónde era, aunque los que servían lo sabían porque habían sacado el agua, llamó al esposo el maestresala y le dijo: "Todo hombre sirve primero el buen vino; y después que han bebido bien, entonces da el que no es tan bueno; mas tú guardaste el buen vino hasta ahora". Este fue el primer milagro que hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria, y creyeron en El sus discípulos. 




Crisóstomo, in Ioannem, hom. 20 
Como el Señor era conocido en Galilea, lo invitaron a unas bodas. Por esto sigue: "De allí a tres días se celebraron unas bodas en Caná de Galilea".  

Alcuino 

Caná es un pueblecito de la provincia de Galilea.  

Crisóstomo, ut sup 

Llaman al Señor a las bodas, no como persona distinguida, sino como uno de muchos, y sencillamente porque era conocido. Para expresar esto, el Evangelista dice: "Y estaba la madre de Jesús allí". Y así como habían llamado a la Madre, llamaron también al Hijo. Por esto sigue: "Y fue también convidado Jesús y sus discípulos a las bodas, y acudió". Esto no afectaba a su dignidad, sino que sucedía en beneficio nuestro; porque Aquél que no desdeñó de tomar la forma de siervo, tampoco desdeñó el venir a las bodas de sus siervos. 
 
San Agustín, De verb. Dom., serm. 41 
Avergüéncese, por tanto, el hombre, de ser soberbio, porque Dios se humilló. Considera aquí cómo entre otras cosas el Hijo de la Virgen vino a las bodas, siendo así que cuando estaba con el Padre instituyó el matrimonio.
  
San Agustín, in Ioannem, tract. 8 
¿Qué de extraño tiene que fuera a aquella casa donde se celebraban las bodas, Aquél que vino al mundo a celebrar las suyas? Porque tiene aquí a su Esposa, a quien redimió con su sangre, a quien concedió como obsequio el Espíritu Santo, y a la que se unió desde el vientre de la Virgen; porque en realidad el Verbo es el Esposo, y la carne humana es la Esposa. Y así el Hijo de Dios es las dos cosas, y a la vez el Hijo del hombre. Aquellas entrañas de la Virgen María son su lecho, de donde salió como sale el esposo de su lecho ( Sal 18,6). 

Beda 

No carece de misterio, cuando se dice que las bodas se celebraron en el tercer día. Aparece el primer tiempo del mundo, antes de la Ley, por el ejemplo de los Patriarcas. El segundo, bajo el dominio de la Ley, por medio de los escritos de los profetas. Y el tercer tiempo de la gracia brilló (como la luz del tercer día) por las predicaciones de los evangelistas, y en el cual fue cuando el Señor apareció vestido de nuestra carne. Además, como se dice que estas bodas se celebraron en Caná de Galilea (esto es, en el celo de la trasmigración), se demuestra en sentido figurado que son muy dignos de la gracia de Jesucristo aquéllos que, distinguiéndose por el fervor de su piedad, pasan de los vicios a las virtudes, y saben que emigran de las cosas de la tierra a las del cielo. Estando ya recostado el Señor 4 en las bodas, faltó el vino, con el objeto de que se manifestase la gloria de Dios, oculta bajo la forma humana, por medio del vino de mejor condición. Por esto sigue: "Y llegando a faltar el vino, la Madre de Jesús le dice: No tienen vino". 

Crisóstomo, ut sup 

Es digno de notarse cómo vino a la imaginación de la Madre haber concebido un concepto tan elevado de su Hijo, siendo así que hasta entonces ningún milagro había hecho. Prosigue: "Esto sirvió de principio a los milagros de Jesucristo, etc." Pero ya había empezado a revelarse tal como era por medio de San Juan, y por las palabras que decía a sus discípulos. Además, antes de todo esto, su concepción y cuanto siguió a su nacimiento habían hecho concebir grande estimación respecto de aquel Niño. Por esto dice San Lucas: "María conservaba todas estas palabras, examinándolas en su corazón" ( Lc 2,19). Esta es la causa por la cual ya antes no le había incitado a que hiciese milagro alguno, mas ya había llegado el tiempo de su manifestación, y hasta entonces había hablado como uno de muchos, por lo que no presumía su madre deberle decir tal cosa. Y como oyó que Juan daba testimonio de El, y como ya tenía discípulos, ruega con confianza al Señor respecto de esto mismo.  

San Agustín, in Ioannem, tract. 8, sparsim 

Algunos, contrariando el Evangelio, y diciendo que Jesús no nació de la Virgen María, se esfuerzan en sacar de aquí un argumento para confirmar un error, y dicen: ¿Cómo puede creerse que era su madre, aquélla a quien dijo: "Mujer, ¿qué hay de común entre tú y yo?" Pero ¿quién refiere, para que le demos crédito, que el Señor dijo esas palabras? Pues el mismo Evangelista San Juan, que poco antes había dicho: "Y estaba allí la madre de Jesús". ¿Y por qué esto, sino porque una y otra cosa son verdad? ¿O es que Jesús vino a las bodas para enseñar a despreciar a las madres?  

Crisóstomo 

Pero que respetaba mucho a su madre, lo refiere San Lucas cuando manifiesta que Jesús vivía sometido a sus padres; porque cuando los padres no prohiben lo que agrada a Dios, hay obligación de obedecerles. Mas cuando fuera del tiempo oportuno pretenden algo, o tratan de separarnos de las cosas espirituales, no es seguro el obedecerles. 

San Agustín, De Symbolo, 2, 4 

Para distinguir entre Dios y el hombre (porque en cuanto a hombre, era menor y estaba sujeto, y en cuanto a Dios, estaba por encima de todos), dijo: "Mujer, ¿qué hay de común entre tú y yo?"  

Crisóstomo, in Ioannem, hom. 21 
Aunque había dicho "no es llegada mi hora", al fin hizo lo que su Madre le había pedido. Y así prueba suficientemente que no estaba sujeto a horas. Pues si lo hubiese estado, ¿cómo hizo esto cuando aun no había llegado la hora debida? Además, por honra de su madre, a quien no creía oportuno contradecir, ni quería avergonzar delante de todos; pues ésta le había traído a los que servían para que la petición se hiciese por muchos. Por esto sigue: "Dijo la madre de El a los que servían: Haced cuanto El os dijere".  

Beda 

Como diciendo: Aunque parece que se niega, lo hará sin embargo. La madre sabía, pues, que era bueno y caritativo. Prosigue: "Y había allí seis hidrias de piedra", etcétera. Se llaman hidrias a unos cántaros a propósito para llevar agua, del griego udwr que significa agua.  

Alcuino 

Los vasos que tenían para llevar agua con el fin de que se purificasen los judíos eran los que tradicionalmente empleaban los fariseos, que también tenían esta costumbre, y que con frecuencia se lavaban.  

Crisóstomo, ut sup 

Mas como Palestina era escasa de agua, y ésta no se encontraba en muchos sitios por haber pocas fuentes y pozos, llenaban las hidrias de agua para no tener que volver muchas veces, porque en cuanto se manchaban tenían cerca el medio de purificarse. Y para que los infieles no sospechasen que de los restos que habían quedado en el fondo de los vasos, después de haber introducido el agua, hizo aquel vino tan exquisito, por eso dice el Evangelista: "Conforme a la purificación de los judíos"; manifestando que aquellas hidrias nunca habían estado destinadas a contener vino.  

San Agustín, in Ioannem, tract. 9 

Con la palabra metretas significa ciertas medidas, como si dijera urnas o cántaros, o algo por el estilo; la palabra medida en griego es metron; de aquí el que se llamen metretas. 

Crisóstomo, ut sup 

Pero ¿por qué no hizo el milagro antes que las hidrias fuesen llenas de agua? Porque hubiese sido mucho más admirable si hubiese sacado aquella sustancia de la nada y hubiese brillado mucho más el milagro, toda vez que allí no hubo otra cosa que el cambio de una esencia en otra. Esto, en verdad, hubiera sido más prodigioso; pero muchos, en cambio, no lo hubiesen creído. Por esta razón se abstiene muchas veces de hacer milagros estupendos, queriendo hacer más creíble lo que hacía, y con esto destruía las malas doctrinas. Y como hay algunos que dicen que hay otro Creador del mundo, El hace muchos milagros con las sustancias que le están sometidas; pues si el que ha creado el mundo fuera contrario al Salvador, éste no se valdría de medios ajenos para probar su propia virtud. Pero no las llenó El mismo de agua y mostró después el vino, sino que mandó a los que servían para que fuesen testigos de lo que acontecía. Por esto sigue: "Y Jesús les dijo: Sacad ahora, y llevad al maestresala".  
 
Crisóstomo, in Ioannem, hom. 25 

Otros creen que, como los convidados podían estar embriagados, era fácil que creyesen que se habían trastornado las cosas, y que no supieran si era agua o vino lo que bebían; mas aquellos a quienes estaba confiado el cuidado de los que asistían al convite, vigilaban mucho para que nada faltase y todo estuviese a punto y en orden. Por lo tanto, en testimonio de lo que sucedía, dijo el Señor: "Llevad al maestresala", porque era quien tenía el cuidado. Y no dijo: servid a los convidados. 

San Hilario, De Trin., 1, 3 

He aquí que se echó agua en las hidrias y de ellas se sacó vino, que se vaciaba en las copas. Así sucede que la opinión de los que echaron el agua difiere de la opinión de los que bebían. Los que las llenaron creían que saldría agua, mas los que las vaciaban veían que salía vino. Por esto sigue: "Y luego que gustó el maestresala el agua hecha vino, y no sabía de dónde era (pero los que servían sabían muy bien que habían echado agua), llamó al esposo el maestresala". Y en ello no hubo mezcla, sino creación; faltó la sencillez del agua, y apareció el sabor del vino. No acontece que por la mezcla de un líquido de inferior calidad se obtiene otro superior, sino que realmente desaparece lo que era y aparece lo que no existía.  

Crisóstomo, in Ioannem, hom. 21
El Señor quería que sus milagros fuesen conocidos poco a poco, y por lo tanto ni Él revelaba lo que había hecho, ni el maestresala llamó a los sirvientes (porque no se les hubiera creído, si ellos hubiesen dado tal testimonio de alguien a quien se consideraba un mero hombre), sino que llama al esposo, que era quien podía haber visto lo que había sucedido. Y Jesucristo no hizo vino sencillamente, sino un vino exquisito. Por esto sigue: "Y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino", etc. Tales son los milagros de Jesucristo, que todo lo que hace es mucho más útil y hermoso que lo que se hace por la naturaleza. Por lo tanto, tuvo por testigos a los sirvientes, de que en realidad era agua lo que se había convertido en vino, y de que el vino era bueno, al maestresala y al esposo. Y es probable que el esposo respondería, pero el Evangelio nada dice de esto, ocupándose únicamente de lo que era necesario saber; esto es, que el agua se había convertido en vino. Por lo que añade en seguida: "Este fue el primer milagro que hizo Jesús en Caná de Galilea". 

Crisóstomo, in Ioannem, hom. 22 

Entonces era necesario hacer milagros, porque los discípulos ya estaban reunidos y atentos, fijándose en todas las cosas que sucedían claramente. Mas si alguno dijese que esto no era razón suficiente sobre que era el principio de los milagros -porque el Evangelista añadió "En Caná de Galilea", como significando que ya se habían hecho primero en otra parte-, diremos lo que ya antes hemos advertido: que dijo San Juan haber él venido a bautizar para darlo a conocer en Israel ( Jn 1,31). Y si hubiera hecho milagros en su niñez, los israelitas no hubieran necesitado de otro que se lo manifestase. Y el que en poco tiempo brilló tanto por sus muchos milagros, que su nombre fue conocido de todos, mucho más lo hubiera sido si hubiera hecho milagros desde sus primeros años, porque los milagros que se hubiesen hecho por El siendo niño, hubieran sido más portentosos por proceder de un infante, y había además más tiempo para que se extendieran. Muy convenientemente no empezó a hacer milagros en la primera edad, porque hubiesen creído que la Encarnación era sólo aparente, y lo hubieran crucificado antes del tiempo oportuno, acosados por la envidia. 
 
Alcuino 

El es el Rey de la gloria, quien transforma también los elementos como Señor de ellos.
 
San Agustín, De cons evang. 2, 17 

Mas si entonces creyeron en El, todavía no eran discípulos suyos cuando fueron convidados a las bodas. Mas se dijo así, de a la misma manera que solemos decir que el apóstol San Pablo nació en Tarso de Cilicia, pues cuando nació aún no era apóstol. A semejanza de esto, cuando oímos decir que los discípulos del Señor fueron convidados a las bodas, debemos entender que no eran discípulos aún, sino que lo serían con el tiempo.  

Alcuino 
Los servidores son los doctores del Nuevo Testamento que explican las Escrituras a otros en sentido espiritual. El maestresala es algún doctor de la Ley, como Nicodemo, Gamaliel o Saulo. Cuando se confió a éstos la predicación del Evangelio, que se ocultaba en la letra de la Ley, representaban al maestresala, a quien se le daba a gustar el vino hecho del agua. Y en la casa de las bodas había tres clases de hombres recostados, como en la Iglesia hay tres clases de fieles, a saber: casados, continentes y doctores. Pero el Señor reservó el vino exquisito para el final; esto es, el Evangelio, que llegó en la sexta edad. 


De la Catena áurea de Santo Tomás

sábado, 14 de enero de 2017

14 de Enero: S. HILARIO, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA, sobre el Evangelio para hoy. De la Catena áurea de Santo Tomás

Mateo V. 13-19 "Vosotros sois la sal de la tierra. Y si la sal se desvaneciere, ¿con qué se salará? No vale ya para nada, sino para ser echada fuera y pisada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad que está puesta sobre un monte no se puede esconder. Ni encienden una antorcha y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. A este modo ha de brillar vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre, que está en los cielos. No penséis que he venido a destruir la ley o los profetas; no he venido a destruirlos, sino a darles cumplimiento. Porque en verdad os digo que el cielo y la tierra no pasarán, sin que se cumpla todo el contenido de la ley hasta una jota o un ápice. Por lo cual quien quebrantare uno de estos mandamientos muy pequeños y enseñare así a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; mas quien hiciere y enseñare, éste será llamado grande en el reino de los cielos".  


San Hilario in Matthaeum, 4 
Debemos ver aquí cuán apropiado es lo que se dice, cuando se compara el oficio de los Apóstoles con la naturaleza de la sal. Esta se aplica a todos los usos de los hombres, puesto que cuando se esparce sobre los cuerpos, les introduce la incorrupción y los hace aptos para percibir un buen sabor en los sentidos. Los Apóstoles son los predicadores de las cosas celestiales y son como los saladores de la eternidad. Con toda razón, pues, se les llama sal de la tierra, porque por la virtud de su predicación preservan los cuerpos salándolos para la eternidad. 

Pero como el hombre está sujeto a la conversión, por eso nos advierte que los Apóstoles, llamados sal de la tierra, persisten en la virtud de potestad que les ha sido dada, añadiendo: "Y si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada?"
 
Si los maestros se vuelven necios, nada salan, y aun ellos mismos, habiendo perdido el sentido del saber recibido, no pueden vivificar lo corrompido, quedan inútiles. Por ello sigue: "No vale ya para nada, sino para ser echada fuera y pisada por los hombres". 
 
Separados de los oficios de la Iglesia, sean pisoteados por todos los que pasen.   

Es propio de la naturaleza de la luz el alumbrar por cualquier parte que se la lleve y que introducida en las casas mate las tinieblas, quedando sola la luz. Por lo tanto, el mundo, sin el conocimiento de Dios, estaba oscurecido con las tinieblas de la ignorancia. Mas por medio de los Apóstoles se le comunicó la luz de la verdadera ciencia, y así brilla el conocimiento de Dios y por cualquier parte que caminen, de su pobre humanidad brota la luz que disipa las tinieblas.
 
Llama ciudad a la carne que tomó, porque en ella, por la naturaleza del cuerpo que ha tomado, se contiene cierta congregación del género humano. Y nosotros, por la unión con su carne, resultamos los habitantes de esta ciudad. No puede esconderse, pues, porque colocada en la altura de la elevación de Dios, se ofrece a la contemplación de todos por medio de la admiración de sus obras. 
 
El Señor comparó a la sinagoga con el celemín que, recibiendo en su interior los frutos, los contenía en cierta medida de su limitada observancia. 
 
O bien, la antorcha de Cristo se coloca sobre el candelero, esto es, suspendida en la cruz por la pasión, cuya antorcha había de producir una luz eterna a todos los que habitasen en la Iglesia. Y por lo tanto, dice: "Para que alumbre a todos los que están en la casa". 
 
Con esta luz enseña a los Apóstoles a resplandecer para que, de la admiración de sus obras resulte grande alabanza al Señor. De donde se sigue: "De tal modo ha de brillar vuestra luz delante de los hombres que vean nuestras buenas obras". 
 
No porque convenga buscar la gloria que dan los hombres (puesto que todo debe hacerse en honor de Dios), sino que, disimulando nuestra obra a aquellos entre quienes vivimos, brille para Dios. 

Por esto que dice: "Hasta que no pasen el cielo y la tierra", manifiesta que éstos, a pesar de su grandeza -como nosotros creemos-, habrán de desaparecer. 
 
O llama pequeños los sucesos de la pasión y muerte del Señor, la que si alguno no confiesa -considerándola vergonzosa- será pequeño -esto es, el último y casi nulo-, pero al que la confiesa se le promete la gloria de una gran vocación en el cielo. De donde sigue: "El que hiciere, pues, y enseñare, se llamará grande en el Reino de los Cielos". 

Catena Áurea de Santo Tomás


viernes, 13 de enero de 2017

Día 13 de Enero: BAUTISMO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO de la Catena áurea de Santo Tomás

Juan I. 29-34 El día siguiente vio Juan a Jesús venir a él, y dijo: "He aquí el Cordero de Dios; he aquí el que quita los pecados del mundo. Este es Aquél de quien yo dije: En pos de mí viene un varón, que fue engendrado antes de mí, porque primero era que yo. Y yo no le conocía; mas para que sea manifestado en Israel, por eso vine yo a bautizar en agua". Y Juan dio testimonio diciendo: "Que vi el Espíritu Santo que descendía del cielo como paloma, y reposó sobre El. Y yo no le conocía: mas Aquél que me envió a bautizar en agua, me dijo: Sobre Aquél que tú vieres descender el Espíritu y reposar sobre El, Este es el que bautiza en Espíritu Santo. Y yo le vi, y di testimonio que Este es el Hijo de Dios". 


Orígenes Después del testimonio de San Juan ya se ve a Jesús viniendo hacia él, que no sólo ha perseverado hasta entonces, sino que refuerza aún más su testimonio, lo cual se designa por el día segundo. Por esto dice: "El día siguiente vio Juan a Jesús". Ya antes de ahora, cuando la Madre de Jesús estaba embarazada y al poco tiempo de haberle concebido, había pasado a visitar a la madre del Bautista, que a su vez le encerraba en su seno. Y tan luego la voz de María llegó a los oídos de Isabel, con sólo la salutación de María, salta Juan, encerrado en el vientre de su madre. Y Este es visto por San Juan, quien ha dado testimonio de Él, viniendo y dirigiéndose hacia El. Primero sucede que uno es instruido por lo que oye a otro, y después confirma ocularmente lo que ha oído. Por cuanto María vino a visitar a Santa Isabel como a persona inferior, y el Hijo de Dios al Bautista, se nos enseña el auxilio que debemos a los menores y el ejercicio de la modestia. Mas no se dice aquí de dónde venía el Salvador cuando se dirigía a donde estaba el Bautista, sino que lo deducimos de las palabras de San Mateo, que dice: "Entonces vino Jesús desde Galilea al Jordán, a ser bautizado por Juan" ( Mt 2,13).  

Crisóstomo, in Ioannem, hom. 16 San Mateo habla propiamente de la venida del Salvador al bautismo, mas San Juan parece indicar que Jesús fue por segunda vez a ver al Bautista después del bautismo. Y esto lo prueba por lo que sigue: "Porque he visto al Espíritu Santo que bajaba", etc. Parece que los evangelistas se distribuyeron el tiempo de esta narración. Porque San Mateo, pasando en silencio lo que sucedió antes que el Bautista fuese aprehendido, pasa a ocuparse de lo que sucedió después; mas San Juan se detiene especialmente en los tiempos que precedieron a la prisión del Bautista. Por esto dice: "Al día siguiente, vio", etc. Por qué vino a ver al Bautista una segunda vez después del bautismo se conoce porque lo había bautizado entre muchos, para que no se creyese que el Salvador había venido como los demás, que acudían ora para confesar los pecados, ora para purificarse en el río por medio de la penitencia. Por esto sucedió que, dando ocasión a San Juan de destruir esta sospecha, San Juan se anticipó con estas palabras. Por esto sigue: "Y dice, he aquí el Cordero de Dios", etc. El que era tan puro que podría borrar los pecados de otros, manifiesta desde luego que no venía a confesar sus pecados sino a dar ocasión a San Juan para que hablase de El. Vino también por segunda vez para que aquellos que ya habían oído las cosas anteriores vean confirmado lo que se les había dicho y oigan otra vez cosas nuevas. Por esto dice: "He aquí el Cordero de Dios", manifestando que Este es Aquél que era esperado en otro tiempo y recordando la profecía de Isaías según la que, aquellas sombras que existían en la ley de Moisés, los condujeran más fácilmente de la figura a la realidad.  

San Agustín, in Ioannem, tract. 4 Y si el Cordero de Dios es inocente, también San Juan es el cordero, ¿o acaso no es él inocente también? Pero todos proceden de aquella descendencia de quien dice el afligido David: "He sido concebido en el pecado" ( Sal 50,7). De modo que sólo es cordero Aquél que no viene al mundo de este modo. Y en realidad no había sido concebido en pecado, ni su madre había tenido pecado cuando le llevaba en su vientre, pues ella le había concebido siendo Virgen, y siendo Virgen le había parido. Porque le había concebido por medio de la fe, y por medio de la misma le había tenido en su seno.  

Teofilacto Se llama Jesucristo Cordero de Dios porque Dios Padre aceptó la muerte de Jesucristo por nuestra salvación. O lo que es lo mismo, en cuanto lo entregó a la muerte por nosotros. Y así como acostumbramos a decir esta ofrenda es de tal hombre, esto es, la que tal hombre ofreció, así Jesucristo se llama Cordero de Dios, quien le había entregado a la muerte por nuestra salvación. Mas aquel cordero que había servido antes de figura, no tenía mancha alguna; pero éste llevó sobre sí las manchas o los pecados de todos los hombres, porque sacó al mundo del peligro en que estaba de sucumbir bajo el castigo de Dios. Por esto añade: "He aquí el que quita el pecado del mundo". No dijo: el que quitará, sino el que quita el pecado del mundo, como si siempre hubiese estado haciendo lo mismo. No quitó el pecado únicamente cuando padeció, sino desde entonces hasta nuestros días. No es sacrificado constantemente (porque sólo se ha ofrecido una vez por nuestros pecados) mas siempre los está quitando por medio de su oblación. 
 
Teofilacto ¿Y por qué no dijo: los pecados del mundo, sino el pecado? Dijo únicamente pecado, refiriéndose al pecado en sentido universal, como decimos que el hombre fue arrojado del Paraíso, para que se entienda todo el género humano.  

Beda Se llama pecado del mundo al pecado original, que es el pecado común a todos los hombres, cuyo pecado, como todos los demás que a éste pueden añadirse, los quita Jesucristo por medio de su gracia.  

Teofilacto Y como San Juan había dicho ya a los que le habían enviado: "Mas en medio de vosotros estuvo a quien vosotros no conocéis", ahora se lo enseña a los que no lo conocieron, diciendo: "Este es aquél de quien yo dije: en pos de mí viene un hombre", etc. Se llama hombre por el desarrollo de su cuerpo, porque fue bautizado a los treinta años, y porque es un hombre con alma espiritual y el esposo de la Iglesia. Por cuya razón decía San Pablo: "Pues os he desposado con Cristo, para presentaros como virgen pura al único esposo" ( 2Cor 2,2).  

San Agustín, in Ioannem, tract. 4 Vino después de mí, porque ha nacido después que yo. Y ha sido hecho antes que yo porque es anterior a mí.

Crisóstomo, in Ioannem, hom. 16 San Juan había dicho cosas grandes del Salvador, lo que era muy suficiente para que se asombrasen cuantos oían (como aquello de que El solo podría quitar todos los pecados del mundo entero). Queriendo hacer esto más creíble, lo refería a Dios y al Espíritu Santo. Y como alguno podría preguntar a San Juan, ¿cómo has conocido tú a éste?, le responde que por la venida del Espíritu Santo. Por esto sigue: "Y Juan dio testimonio: diciendo que vi el Espíritu que descendía". 

San Agustín, De Agone christiano, cap. 22 Y no decimos con esto que Jesucristo tuviera únicamente verdadero cuerpo ni que el Espíritu Santo se dejase ver de los hombres de una manera engañosa. Porque así como no convenía que el Hijo de Dios engañase a los hombres, así tampoco debía engañarlos el Espíritu Santo. Pero no era difícil a la omnipotencia de Dios, que había sacado todo el universo de la nada, hacer que un verdadero cuerpo de paloma apareciese en realidad sin el concurso natural de otros animales de la misma especie, así como tampoco le había sido difícil formar un verdadero cuerpo en las entrañas de la Virgen, sin la cooperación del hombre.  
 
San Gregorio, Moralium, 2, 41
Y dice que descansó sobre El, porque el Espíritu Santo viene sobre todos los fieles. Pero permanece siempre de una manera especial únicamente sobre nuestro mediador, porque el Espíritu Santo nunca se separa de la humanidad de Jesucristo, de cuya divinidad procede. Mas como dice a sus discípulos respecto del mismo Espíritu Santo: "Con vosotros permanecerá" ( Jn 14,17), ¿cómo es que permanece sobre Jesucristo como una figura especial? Esto lo comprenderemos más rápido si conocemos los dones del Espíritu Santo. Porque Este permanece siempre en sus escogidos por medio de sus dones: la mansedumbre, la humildad, la fe, la esperanza y la caridad, sin los cuales no puede llegarse a la vida eterna. Mas en aquellos en quienes a través de la manifestación del Espíritu no se guarda nuestra vida, sino que se va detrás de otros asuntos, no siempre permanece, sino que algunas veces deja de manifestar sus signos para que sus virtudes sean tomadas con mayor humildad. Mas Jesucristo siempre le tuvo presente en todas las ocasiones.  

Crisóstomo, in Ioannem, hom. 16 Y para que no se crea que Jesucristo necesitó que viniese el Espíritu Santo, como nos sucede a nosotros, destruye también esta sospecha, dando a conocer que la venida del Espíritu Santo únicamente tiene por objeto la manifestación de Jesucristo. Por esto sigue: "Y yo no le conocía; mas Aquél que me envió a bautizar con agua, me dijo: sobre Aquél que tú vieres descender el Espíritu Santo, y reposar sobre El, Este es, etc.".  

San Agustín, in Ioannem, tract. 5 ¿Y quién envió a San Juan? Si decimos que el Padre, no mentimos, lo mismo que si decimos que el Hijo. Pero es mejor decir que el Padre y el Hijo. ¿Y cómo decía entonces que no conocía a Aquél que le había enviado? Y si aún no conocía a Aquél por quien quiso ser bautizado, dijo temerariamente: "Yo debo ser bautizado por ti". Por tanto lo conocía. ¿Y entonces por qué dice: "yo no le conocía"?  

Crisóstomo, ut sup Pero cuando dice: "no le conocía", se refiere a un tiempo anterior y no al tiempo que estaba cerca del bautismo cuando no quería bautizarle, diciendo: "Yo debo ser bautizado por ti".  

Crisóstomo, ut sup Y como el Padre dejó oír su voz dando a conocer al Hijo, vino el Espíritu Santo emitiendo su voz sobre la cabeza de Jesucristo, no fuese que alguno de los presentes creyese que se hablaba de San Juan lo que se decía de Jesucristo. Pero dirá alguno: ¿Y cómo no creyeron los judíos si vieron al Espíritu Santo? Porque estos portentos no requieren únicamente ser vistos con los ojos de la carne, sino que además deben contemplarse con los ojos del alma. Porque si vieron que hacía tantos milagros, y se mantenían como ebrios por la envidia diciendo lo contrario de lo que veían, ¿cómo hubiesen dejado y abandonado su incredulidad por sólo la venida o la aparición del Espíritu Santo? Pero algunos dicen que no todos vieron al Espíritu Santo sino únicamente San Juan y aquellos que estaban mejor dispuestos. Pero aunque era posible ver, con los ojos de la carne, bajar al Espíritu Santo en forma de paloma, no fue necesario que esto lo vieran todos. Porque el profeta Zacarías vio muchas cosas, en figura sensible. Lo mismo Daniel y Ezequiel. Además Moisés vio también muchas cosas que ninguno de los que estaban con él había visto. Por esto añade San Juan: "Y yo lo oí, y di testimonio que Este es el Hijo de Dios". Lo había llamado Cordero y había dicho que debía bautizar en Espíritu, pero nunca le había llamado Hijo antes de este momento.
 
San Agustín, in Ioannem, tract. 7 Convenía, pues, que bautizase Aquél que es el Hijo Unigénito de Dios y no es adoptado. Los hijos adoptados ejercen de ministros para con el Hijo Único. De aquí que el Único tiene potestad; los adoptados tienen ministerio.


Catena áurea de Santo Tomás



jueves, 12 de enero de 2017

MEDITACIÓN SOBRE EL CORAZÓN AMABLE DE JESÚS. POR S. ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

Quien da a conocerse amable en todas las cosas, necesariamente se hace amar. ¡Oh! si nosotros estuviésemos atentos a conocer las bellas prendas que concurren en Jesucristo para ser amado! Todos nos hallaríamos en la dichosa necesidad de amarlo. Porque ¿qué corazón puede encontrarse mas amable que el de Jesús?
   

Corazón todo puro, todo santo, todo lleno de amor hacia Dios y hacia nosotros; no siendo otros sus deseos que los de la divina gloria y nuestro bien. Este es aquel corazón en quien halla Dios todas sus delicias, todas sus complacencias. En él reinan todas las perfecciones, todas las virtudes: un amor ardentísimo a Dios su Padre, unido a la mayor humildad y respeto que puedan darse: una suma confusión por nuestros pecados, de los cuales él se ha cargado, juntamente con la confianza de su Hijo tiernísimo: un sumo aborrecimiento a nuestras culpas, unido a una viva compasión de nuestras miserias: una extremada pena, junto con una perfecta conformidad a la voluntad divina. Así es que en Jesucristo se halla todo cuanto puede hacerle amable. Algunos hay que son atraídos a amar a los demás por la belleza, otros por la inocencia; aquellos por las costumbres, estos por la devocion. Mas si hubiese una persona en la que estuviesen reunidas todas estas y otras virtudes, ¿quién podría dejar de amarla?

Si aunque de lejos tengamos noticia de hallarse un príncipe extranjero, bello, humilde, cortés, devoto, lleno de caridad, manso con todos, que vuelve bien al que le hace mal; aún sin conocerle, y sin que él nos conozca, al fin nos enamoramos de él y nos vemos obligados a amarle; Jesucristo, pues, que tiene en sí mismo todas estas virtudes y cada una en un grado perfecto, que además nos ama tiernamente, ¿cómo es posible que sea poco amado de los hombres, y no sea todo él objeto de nuestro amor? Oh Dios! ¡Que Jesús siendo él solo amable, y habiendo dado tantas muestras de su amor hacia nosotros, sea él solo desgraciado (digámoslo así), que no puede llegar a verse amado de nosotros, como si no fuese bastante digno de nuestro amor! Esto es lo que hacía llorar a las Rosas de Lima, las Catalinas de Génova, a las Teresas y Magdalenas de Pazzis, las cuales considerando esta ingratitud de los hombres, exclamaban con lágrimas: El amor no es amado, el amor no es amado...

Afectos y súplicas.

Mi amable Redentor, ¿qué objeto mas digno podía vuestro eterno Padre mandarme que amase fuera de Vos? Sois la belleza del paraíso, el amor de vuestro Padre; y en vuestro corazón tienen su asiento todas las virtudes. ¡Oh corazón amable de mi Jesúsl Vos ciertamente merecéis el amor de todo los corazones, y pobre e infeliz aquel que no os ama.

Tal, pues, ¡oh Dios! ha sido mi corazón en todo aquel tiempo que no os he amado. Pero no quiero seguir en seros tan inflel. Yo os amo , y quiero siempre amaros , o Jesús mío.

Señor, hasta aquí me he olvidado de Vos y ahora ¿qué espero? ¿Espero acaso obligaros con mi ingratitud a que no os acordéis absolutamente de mí y me abandonéis? No, mi amado Salvador, no lo permitáis. Vos sois objeto del amor de un Dios y ¿ no habréis de serlo del amor de un miserable pecador, cual soy yo? ¡Oh hermosa llama que ardes en el corazón enamorado de mi Jesús ¡ah! enciende en mi pobre corazón aquel santo y dichoso fuego que desde el cielo vino Jesús a encender sobre la tierra. Reducid a cenizas y destruid todos los afectos impuros que viven en mi corazón y le impiden ser todo suyo. Haced que no viva más que para amar solamente a Vos, mi Dios y Salvador. Si un tiempo os he despreciado, sabed que ahora sois mi único amor. Yo os amo, yo os amo, yo os amo, ni quiero amar a otro que a Vos. 

Mi amado Señor, no os desdeñéis de aceptar por amante un corazón que os ha causado amarguras. Sea vuestra gloria hacer ver a los Ángeles que arde de amor por Vos un corazón que algún tiempo os ha esquivado y vilipendiado. Virgen santísima María y esperanza mía , ayudadme, y rogad a Jesús que con su gracia me haga cual él mismo desea. 

San Alfonso María de Ligorio


miércoles, 11 de enero de 2017

Día 11 de Enero: SAN HIGINIO, PAPA Y MÁRTIR

Según sentencia del Apóstol San Pedro de su primera carta, muy particular cuidado tiene Dios en su Iglesia, no porque se vea perseguida, y viva en peligro de perderse, se presuma que se ha de perder.

Ante semejantes persecuciones que vienen por ella, le hacen que más florezca. Cuanto más crecían las aguas del diluvio, más se levantaba el Arca de Noé en lo alto. Así las persecuciones, que padece la Iglesia, más la subliman, y hacen ilustre. Afirma Eusebio Cesariense, que cuando más los crueles tiranos procuraban perseguir la Iglesia de Cristo, martirizando a los Cristianos, más crecía la Fe. Porque si a uno quitaban la vida, muchos de los gentiles, viendo su constancia en el martirio, y el contento de padecer por Cristo Señor nuestro, mostraban, y dejaban sus idolatrías, y se hacían cristianos.

Todo esto sucedía del cuidado grande que tiene siempre Dios del aumento, y bien de la Iglesia. Y de aquí resultó, que en aquellos tiempos, porque eran muchos, y muy poderosos los enemigos que la Iglesia cristiana tenía y ella estaba tierna, por ser en su principio, procuró darle Prelados famosos, así en letras, como en vida, para que con su ejemplo de santidad, y con padecer muerte por él, animasen a los fieles al servicio del mismo Dios; y si fuese necesario morir por él, y con sus letras les enseñasen lo que debían saber, en cuanto cristianos. 

Y tal fue el glorioso Higinio, Prelado singularísimo, en letras, y vida, de quien escriben algunos autores, en esta manera: Por la muerte de S.Telésforo Mártir, habiendo estado siete días la silla de S. Pedro vacante, fue puesto en ella el Bienaventurado S. Higinio, natural de Atenas, hijo de un Filósofo, cuyo nombre dicen, que no se pudo saber. Eran Emperadores Elio Vero, y Antonio Pío. 

Duraba la cuarta persecución de la Iglesia. Y no solo tenían los fieles trabajo por esta vía, sino que también les hacían guerras tres herejes, llamados Valentino, Cerdon, y Marco. Contra todos estos contrarios se opuso el Santo Pontifice Higinio, animando, y exhortando a los fieles a que pescasen por Jesucristo, por medio de epístolas, llenas, de mucha erudición, y caridad cristiana, como muestran dos de ellas, que se han podido conservar. Una para todos los fieles, en que les enfeña, y declara lo que deben creer acerca del Misterio de la Encarnación, que por los herejes de aquel tiempo, que le hacían guerra, era malentendido, tomando ocasión de tratar de esta obra, que fue todo amor de Dios, para que los cristianos se amasen unos a otros, y no se hiciesen agravios. 

En la otra carta, que es escrita a los Atenienses sus co-terraneos, exórtalos a que se ejerciten en obras de virtud, diciéndoles, que cuando oye esto de ellos, que es su alegría grandísima: y que si lo contrario le dicen, que su pena, y tristeza es de muerte; y esto, por lo mucho que les ama. Dales allí documentos maravillosos, para que ganen Cielo y mucho Cielo.


Dioles también orden acerca de los grados, y oficios eclesiásticos, que aún estaban antes instituídos, y en tiempo de los Apóstoles, había como Ostiario, Lector, Exorcista, Acólito, Subdiácono, y Diácono: Este Santo Pontífice señaló el modo como se habían de hacer, los que tenían estos oficios y grados; porque por causa del no entender lo que cada uno había de hacer y a lo que estaba obligado, no hubiese desorden, y confusión en los Templos, Iglesias y en los demás lugares donde se juntaban los fieles a sus Oficios Divinos.

Instituyó  así mismo, que los Templos se consagrasen; y una vez hechos, no se pudiesen ensanchar, o estrechar, sin licencia del Metropolitano. También, que los materiales de los Templos arruinados, no pudiesen servir en otro edificio, que no fuese dedicado a Dios, para confusión de los herejes, que al fin les dará el pago, como dió al impío Rey Baltasar, porque profanó los vasos del Templo de Dios, sirviéndose de ellos en sus banquetes, y comidas, quitándole por ello el reino y la vida, como escribe el profeta Daniel. Ordenó así mismo el Santo Pontífice Higinio, que en los bautismos solamente hubiesen un padrino y una madrina. Esto había cesado y se usaba que hubiese dos padrinos, y dos madrinas, hasta que el Concilio de Trento mandó, que se guardase lo antiguo, contrayendo parentesco espiritual los que fueren elegidos para este ministerio. Mandó también este Pontífice, por un decreto, que el Metropolitano fuese obligado a juntar consigo a los demás Sufragáneos suyos, todas las veces que hubiese de proceder contra algún Obispo súbdito suyo. Dio leyes acerca de la consagración de la Crisma, de que ya antes la Iglesia usaba. Donde después de haber gobernado la Iglesia de Dios santísimamente cuatro años, tres meses, y cuatro días, padeció martirio por Cristo en la cuarta persecución de la Iglesia, a once de Enero, día Viernes del año 155. de nuestra salud, imperando Antonio Pío.

Hizo tres veces órdenes; ordenó en ellas quince Presbíteros, cinco Diáconos y seis Obispos. Su cuerpo fue  sepultado en el Vaticano, con otros predecesores. Dícese de él, que acrecentó el número de los clérigos en las parroquias, habiendo antes en cada una uno solo, que era Presbítero, el qual desde este tiempo, respecto de los otros, se llamaba el Cardenal, que vale tanto como el principal, o cabeza de los otros Clérigos. Y de allí tomaron principio, y origen los Cardenales que ahora tienen en la Iglesia de Dios lugar tan preeminente. Hace conmemoración la Iglesia Católica de este Santo Pontífice Higinio el mismo día de su Martirio.

       Tomado del Flos Sanctorum 

martes, 10 de enero de 2017

EJEMPLOS DEL NIÑO JESÚS POR SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

I.
En las crónicas cistercienses se refiere, que viajando en la noche de Navidad cierto monje de Brabante, al pasar por un bosque sintió un gemido como de niño recién nacido; se acercó hacia donde oía la voz, y vio un hermoso infantito en medio de la nieve, que temblando todo de frío lloraba. 


Movido a compasión el religioso, enternecido se apeó prontamente de su cabalgadura, y aproximándose al niño, dice: ¡Oh hijito mío! ¿cómo te hallas aquí tan abandonado en medio de esta nieve, a llorar y morir? Y entonces oyó que le respondía: ¡Ay de mí! ¿y cómo puedo dejar de llorar mientras me veo tan abandonado de todos, y que ninguno me recoge ni tiene compasión de mí? Y dicho esto desapareció el niño, dándonos a entender que él era el Redentor, quien con tal visión quiso reprender la ingratitud de los hombres, los cuales viéndolo nacido en una gruta por amor de ellos, le dejan llorar sin que ni aun lo compadezcan.

II.
Cuenta el Pelbarto que cierto militar estaba lleno de vicios, pero tenia una mujer devota; la cual no habiéndolo podido reducir, al menos le recomendó que no dejase de rezar todos los días una Ave María delante cualquier imágen de Nuestra Señora. Un día, yendo este tal a pecar, pasó por una iglesia, entró casualmente en ella, y viendo la imagen de la santa Virgen le rezó arrodillado el Ave María; y en seguida ¿qué es lo que vio? Vio al niño Jesús en brazos de María, todo herido, que arrojaba sangre. Entonces dijo : ¡ Oh Dios! ¿qué bárbaro ha tratado de tal manera á este Niño? «Vosotros sois, respondió María , pecadores, los que tratáis así á mi Hijo.» Luego el militar arrepentido le pidió le alcanzase perdón, llamándola madre de misericordia; y la Señora dijo: Vosotros, pecadores, me llamáis madre de misericordia, mas no dejáis de hacerme madre de dolores y de miseria. Pero el penitente no decayó de ánimo, siguió rogando a María que intercediese por él. 

La bienaventurada Vírgen se volvió al Hijo y le pidió el perdón para aquel pecador. El Hijo parecía que repugnase; pero al punto le dijo María: Hijo mío, no me separaré de tus piés si no perdonas a este afligido que se encomienda a mí. Entonces respondió Jesús: Madre mía, yo jamás os he negado cosa alguna; ¿deseáis para este el perdón? sea, pues, perdonado, y en señal del perdón que yo le doy, quiero que él mismo venga a besarme estas heridas. Fue el pecador, se acercó, y así como las besaba se cerraban las heridas. De allí, saliendo de la iglesia pidió perdón a su mujer, y de común consentimiento dejaron ambos el mundo y se hicieron religiosos en dos monasterios donde terminaron la vida con una santa muerte.

III.
Refiere el P. Patrignani, que hubo en Mesina un noble joven, llamado Domingo Ansalone, el cual solía visitar frecuentemente en cierta iglesia una imagen de María, la cual tenía en brazos al niño Jesús de relieve, del que estaba enteramente enamorado.

Luego Domingo se puso a la muerte. Pidió a los padres con muchísimo deseo que le trajesen a su amado niño, y no pudieron menos de darle este consuelo, Con lo cual todo contento, colocó la imagen en su misma cama , y siempre la estaba mirando afectuosamente, y de cuando en cuando vuelto luego al niño le decía : Jesús mío, tened piedad de mí, y después dirigiéndose a los presentes: Mirad (les decía), mirad qué hermoso es este mi señorito! En la última noche llamó a sus padres, y delante de ellos dijo primeramente al santo Niño: Jesús mío, yo os dejo mi heredero; y después suplicó al padre y a la madre, que de cierta pequeña suma de dinero que él tenía le hiciesen celebrar nueve misas después de su muerte; y con lo restante hicieran un hermoso vestidito a su niño heredero. 

Antes de expirar, pues, alzando los ojos con rostro alegre, dijo: ¡ Oh cuán bello es ! ¡ oh cuán bello es mi Señor! y así diciendo expiró...

IV.
Refiere el P. Nadasi, que habiéndose introducido en un monasterio la devoción de enviar por turno a las religiosas la imagen del niño Jesús un día a cada una, alguna de aquellas vírgenes, a quien tocó su vez, después de haber estado en larga oración durante el día, llegada la noche tomó la imagen y la encerró en un pequeño armario. Mas apenas se había puesto a descansar, cuando el santo Niño daba golpes a la puerta de aquel armario: levantóse al instante de la cama la religiosa, y colocando nuevamente la imagen sobre el altarcito, hizo oración un gran rato.

Después volvió a encerrarlo; pero el Niño volvió á golpear. Otra vez ella le sacó a fuera, y siguió en orar. Finalmente cansada del sueño, y tomada del Niño la licencia, se acostó en la cama y durmió hasta hacerse de día, y despertando bendijo aquella noche pasada en santa conversación con su amado.

V.
Se halla escrito en el Diario dominicano , a 7 de octubre, que predicando santo Domingo en Roma, había allí una pecadora llamada Catalina la Bella. Recibió esta un rosario de la mano del Santo, y comenzó a rezarlo; pero no dejaba su mala vida. Un día se le apareció Jesús, primero en forma de joven, y después se transformó en un gracioso niño, mas con una corona de espinas sobre la cabeza y con la cruz sobre las espaldas, derramando lágrimas de los ojos y sangre del cuerpo, el cual díjole: Basta; no más, Catalina, basta; deja de ofenderme más, mira cuánto me cuestas; pues que yo he comenzado desde niño a padecer por ti, y no dejaré de padecer hasta la muerte. Catalina fue prontamente a encontrar a santo Domingo, se confesó con él, y dirigida por él mismo, después de haber distribuido todo lo que tenia a los pobres, y haberse encerrado en una angosta celda murallada, se redujo a una vida tan fervorosa y mereció tales favores del cielo, que el Santo quedó admirado. Y finalmente visitada por María santísima logró una felicísima muerte.

VI.
Se dice en la vida del P. Zucchi de la Compañía de Jesús, devotísimo del niño Dios, de cuyas imágenes él se servía para ganar muchas almas al Señor, que un día dió una imagencita de estas a una señorita, la cual por otra parte era de costumbres inocentes, pero estaba lejos de pensar en hacerse religiosa.

La doncella aceptó el regalo; pero enseguida sonriendo dijo: ¿Qué he de hacer yo, pues, de este niño? El Padre respondió: Nada más que colocarlo sobre el pasamano o clave que usáis (deleitábase la dama mucho en tañer). Hízolo ella así , y teniendo siempre delante aquel niño, se llegaba a mirarlo muy a menudo, y de mirarlo comenzó á sentir algún movimiento de devoción; de allí se encendió en deseos de ser mejor, de modo que el instrumento le servía más para orar que para tañer. Finalmente se resolvió a dejar el mundo y hacerse religiosa; y al punto toda alegre fue a contar al P. Zucchi que el niño le había atraído a su amor, y separándola de los afectos terrenos la había hecho suya toda. Entró religiosa, y se entregó a una vida de perfección.

VII.
La venerable sor Juana de Jesús y María, franciscana, mientras que un día meditaba la persecución de Jesús por Herodes, oyó un gran ruido como de gente armada que seguía a alguno, y luego vio un hermosísimo niño todo azorado que huía, y le decía: Juana mía, ayúdame, y sálvame. Yo soy Jesús Nazareno ,huyo de los pecadores que me quieren quitar la vida y me persiguen peor que Herodes. Sálvame tú ".


      San Alfonso María de Ligorio