miércoles, 11 de julio de 2018

12 de julio. San Juan Gualberto, fundador. — (t 1073) Flos Sanctorvm Santoral



El venerable fundador de la orden de Valleumbrosa, san Juan Gualberto, nació en Florencia, y se convirtió de la vanidad del siglo a la perfección evangélica por un caso notable que le sucedió, y fué de esta manera. Tenía Juan un padre que se llamaba como él Gualberto y era valiente y bravo soldado, el cual traía enemistad con un hombre que injustamente había muerto a un pariente suyo, y para vengarse, le pretendía matar: y Juan acudía a la voluntad de su padre y andaba en los mismos pasos y cuidados. Un día, yendo a Florencia él y otro criado bien armados, topó acaso a aquel su enemigo, desarmado, y en un paso tan estrecho que no se podía huir ni escapar. Turbóse aquel pobre hombre, y echándose a los pies de Juan con grande humildad, le pidió por amor de Jesucristo crucificado que le perdonase y le diese la vida. Fué tanto lo que se enterneció Juan oyendo el nombre de Jesucristo crucificado, que luego levantó del suelo a su enemigo, le abrazó, le perdonó y dijo que estuviese seguro. Partióse pues aquel pobre hombre consolado, y Juan siguió su camino, y entró en una iglesia, donde poniéndose a hacer oración delante de un crucifijo que allí estaba, vio claramente que el crucifijo le inclinó la cabeza como quien le hacía gracias por su caridad. Quedó Juan confuso por este regalo del Señor, y determinó abrazarse con Cristo crucificado. Para esto pidió al abad de san Miniato de Florencia el hábito de san Benito, y fué tal el ejemplo de santidad que dio a los monjes, que fallecido el abad, todos pusieron los ojos en Juan para hacerle su prelado: más él no lo consintió por su humildad, y como se alzase con el gobierno un monje que turbaba la paz del monasterio, el santo se partió con un compañero para buscar otro lugar donde con más quietud pudiese servir a Dios. Vino pues a un valle que por la espesura de los árboles se llama Valleumbrosa, y está en la provincia de Toscana, y allí por inspiración del Señor hizo su morada, y en aquel sitio se formó un grande y numeroso monasterio, debajo de la regla de san Benito, aunque con algunas constituciones propias y particulares de nuestro santo. Favorecióle, el Señor con su gracia y con dones de milagros y profecías, y después de haber edificado otros monasterios y resucitado en ellos el primitivo espíritu de san Benito, gobernándolos santísimamente por espacio de veintidós años, a los setenta -y cuatro de su edad, dio su espíritu al Señor.

Reflexión: Después de haber leído la caridad que usó san Gualberto con su enemigo mortal, no quisiera, amado lector) que conservases en tu corazón algún maligno rencor y deseo de venganza. No trates acaso de manchar tus manos con la sangre del que te ofendió y perjudicó, ni aun tal vez de delatarle a un tribunal en demanda de justicia. Pues ¿qué provecho sacarías de maldecirle y desearle la muerte o alguna desgracia? ¿Podrías con este odio acarrearle algún grave mal? No: el mal recaería sobre de ti, porque con esos malditos rencores no harías más que llenar tu conciencia de pecados. Sacrifica pues generosamente por amor de Cristo crucificado todos tus odios y resentimientos y dile con todo el corazón (y no solamente con los labios) aquellas palabras del Padre nuestro: Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores.

Oración: Suplicámoste, Señor, que nos haga recomendables ante tu divino acatamiento la intercesión del bienaventurado Gualberto, abad, para que consigamos por su protección lo que no podemos alcanzar por nuestros méritos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

martes, 10 de julio de 2018

11 de julio. San Pío I, papa y mártir. — (t 167) Flos Sanctorvm Santoral




San Pío, primero de este nombre, glorioso pontífice y mártir de Cristo, fué natural de la ciudad de Aquileya e hijo de Rufino, el cual después de haberle instruido en la fe cristiana, le envió a Roma para que saliese bien enseñado en las letras humanas y divinas. Es opinión de muchos que el papa Higinio le consagró después por obispo, y repartió con él la solicitud pastoral de toda la Iglesia. Habiendo aquel santo pontífice alcanzado la gloriosa palma del martirio, vacó la Sede apostólica solos tres días, porque era muy crecido en Roma el número de los saltos, (que así se llamaban los fieles): los cuales después de emplear aquellos tres días en ayunos, vigilias y oraciones, eligieron por voz común a san Pío, y le nombraron vicario de nuestro Señor en la tierra. Ordenó muchas cosas de grande utilidad para la santa Iglesia: Señaló las penitencias que habían de hacer los sacerdotes que fuesen negligentes en administrar el santísimo Sacramento; mandó que fuesen inviolables las heredades de las iglesias, y que no se consagrasen las vírgenes que profesan perpetua continencia hasta tener veinticinco años. Hizo un decreto por el cual mandaba que la santa Pascua se celebrase siempre en domingo como lo habían instituido los apóstoles; consagró en Roma las Termas Novacianas a honor de santa Potenciana; anatematizó a los infernales heresiarcas Valentín y Marción, y escribió varias epístolas, en las cuales resplandece la santidad y celo de este venerable pontífice. En una de ellas que escribió a Justo (a lo que parece obispo de Viena), le dice: «Ten cuidado de los cuerpos de los santos mártires, como de miembros de Cristo, que así le tuvieron los apóstoles del cuerpo de san Esteban. Visita a los santos que están en las cárceles, para que ninguno se entibie en la fe. Los clérigos y diáconos te respeten y reverencien, no como a mayor sino como a ministro de Jesucristo. Todo el pueblo descanse, y sea amparado y defendido con tu santidad. Quiero que sepas, compañero dulcísimo, que Dios me ha revelado que tengo de acabar presto los días de mi peregrinación: sólo te ruego que estés firme en la unión de la Iglesia, y que no te olvides de mí. Todo el senado y compañía de los sacerdotes y ministros de Cristo que está en Roma, te saluda, y yo saludo a todo el colegio de los hermanos en el Señor, que están contigo.» Todo esto es de san Pío, el cual después de haber acrecentado mucho la Iglesia de Dios con su celestial espíritu y gobierno, fué delatado, y cargado de cadenas, y muerto por la fe de nuestro Señor Jesucristo, como tantos otros pontífices de los primeros siglos de la Iglesia.

Reflexión: Para que veas la reverencia que has de tener al santísimo Sacramento, lee las graves penas que puso san Pío a los sacerdotes que por su negligencia derramasen alguna parte del vino consagrado: «Si cayere, dice, la sangre de Cristo en el suelo, hagan penitencia por espacio de cuarenta días; si en los corporales, por tres: si penetró hasta el primer mantel, por cuatro; por nueve si llegó al segundo; y por veinte si caló hasta el tercero. En cualquier parte donde cayere, séquese todo lo que hubiese mojado; si esto no se pudiese, lávese con cuidado o ráigase; y recogiendo todo lo lavado o raído, quémese y échense las cenizas en la piscina.» Considera pues con qué devoción y pureza de alma y cuerpo, se ha de recibir este divino sacramento, que con tanto cuidado se ha dé tratar.

Oración: Atiende, oh Dios todopoderoso, a nuestra flaqueza, y alívianos del peso de nuestros pecados, por la intercesión de tu bienaventurado mártir y pontífice Pío. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

lunes, 9 de julio de 2018

10 de julio. Los siete hijos mártires de santa Felicitas. — (t 165) Flos Sanctorvm Santoral



Siendo emperador Marco Aurelio Antoninc, hubo en Roma una santa viuda llamada Felicitas, noble en linaje y más ilustre en piedad, que tenía siete hijos. Habia hecho voto de castidad, ejercitábase en oraciones y obras de misericordia, y con sus palabras y el ejemplo de su vida, movía a muchos de los gentiles para que se hiciesen cristianos. Por esta causa algunos sacerdotes de los ídolos concibieron gran saña contra ella y contra sus hijos y procuraron con el emperador que los mandase prender. Remitióse la causa a Publio, prefecto de la ciudad, el cual llamando aparte a la madre, la rogó que sacrificase a los dioses del imperio, y que no le obligase a usar de rigor con ella y con sus hijos. A lo cual respondió Felicitas: «No pienses, oh Publio, que con tus blandas palabras me podrás ablandar, ni con tus amenazas me podrás rendir; porque tengo en mi favor el espíritu de Cristo, y viva o muerta te venceré.» A esto respondió el prefecto: «¡Desventurada de ti! Y ¿has de permitir que hasta tus hijos mueran a mis manos?» «Mis hijos, dijo Felicitas, muriendo por Jesucristo vivirán para siempre.» Y como al siguiente día, estando el tribunal en la plaza del templo de Marte, fuese traída a juicio la madre con los siete hijos, y el juez les persuadiese que sacrificasen a los dioses: volviéndose a ellos la madre les dijo: «Mirad, hijos míos, al cielo, en donde os está Cristo esperando con todos sus santos; pelead valerosamente por vuestras almas, y mostraos fieles y constantes en el amor de Jesucristo.» El tirano oyendo estas palabras se embraveció y mandó dar a la madre muchas bofetadas en el rostro, porque en su presencia daba tales consejos a sus hijos; y llamando luego delante de sí al mayor de ellos, que era Jenaro, y usando todo su artificio, para atraerle a la adoración de los ídolos, no lo pudo conseguir; por lo cual le mandó desnudar y azotar crudamente y llevarle a la cárcel. Por este mismo orden llamó uno a uno a los siete hermanos, y como viese en todos la misma constancia y resolución, después de haberlos castigado con muchos azotes, los echó en la cárcel, y dio aviso al emperador de lo que pasaba. El emperador ordenó que con diferentes géneros de muerte les quitasen la vida, y ejecutándose este impío mandato, Jenaro, siendo azotado gravísimamente y quebrantado con plomadas, dio su espíritu al Señor; Félix y Felipe fueron molidos a palos; Silvano murió despeñado; Alejandro, Vidal y Marcial fueron descabezados: y la madre santa Felicitas, también fué martirizada al cabo de cuatro meses, y su martirio celebra la santa Iglesia a los 23 de noviembre.

Reflexión: De esta santa heroína de la fe y de sus hijos dice san Gregorio en una homilía estas palabras: «La bienaventurada santa Felicitas, creyendo, fué sierva de Cristo, y predicándole, madre de Cristo: porque teniendo ella siete hijos, de tal manera temió dejadlos vivos en el mundo, como los otros padres carnales suelen temer que se mueran. No me parece que hemos de llamar a esta mujer mártir, sino más que mártir, pues habiendo enviado delante de sí siete hijos al cielo, a la postre vino después de ellos a recibir la corona del martirio.» Todo esto es de san Gregorio. ¡Pluguiera al Señor que todas las madres cristianas tuvieran este espiritual amor a sus hijos, deseándoles y procurándoles ante todo la eterna salvación!

Oración: Concédenos, oh Dios omnipotente, que los que celebramos la fortaleza de tus invictos mártires en la confesión de tu fe, experimentemos la eficacia de su intercesión. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

domingo, 8 de julio de 2018

9 de julio. San Efrén, diácono y confesor. — (t 379) Flos Sanctorvm Santoral


Uno de los más esclarecidos doctores de la Iglesia de Siria fué san Efrén, el cual nació en la ciudad de Nisibe y fué hijo de padres labradores, pero ilustres por la confesión de la fe y por la sangre de los santos mártires, que honraron su cristiana familia. Crióse con tan grande inocencia, que en el libro de su Confesión no se acusa más que de dos culpas de su niñez: fué la una haber echado a correr por los montes tras una vaca de un vecino suyo, la cual se perdió y fué devorada por las fieras; la otra, haber puesto una vez en duda que todas las cosas anduviesen ordenadas por la Providencia divina. Retiróse al yermo; mas habiéndole mostrado el Señor que quería servirse de él para bien de muchos, pasó a la ciudad de Edesa, donde fué ordenado de diácono, y aunque más tarde quería el glorioso san Basilio hacerle sacerdote, nunca pudo acabar con él que aceptase aquella dignidad. Supo otra vez que venían para hacerle obispo y comenzó él a fingirse loco y hacer visajes en la plaza, andando aprisa y corriendo por las calles, y rasgando sus vestiduras, y comiendo delante de todos, para que le dejasen y menospreciasen los que querían encomendarle el gobierno de la Iglesia. Era elocuentísimo predicador de Jesucristo, y convirtió a la fe gran número de idólatras y herejes: y de una disputa que tuvo con Apolinar, salió aquel famoso hereje tan atajado y corrido, que no supo decir palabras, y con tan gran tristeza y angustia de corazón, que le dio una enfermedad de que llegó a las puertas de la muerte. Tenía también el glorioso san Efrén unas entrañas muy blandas con los pobres, y en una grande hambre que en su tiempo afligió mucho a la ciudad de Edesa, viendo que perecían muchos pobres y que los ricos apretaban la mano y los dejaban morir, los reprendió gravemente, y con las limosnas que recogió armó trescientas camas para los enfermos, vistió a los desnudos y dio de comer a los hambrientos. Y para que no faltase el alimento espiritual de las almas, escribió muchos libros en lengua siriaca, los cuales eran tan estimados que, como dice san Jerónimo, se leían públicamente en algunas iglesias después de la Sagrada Escritura. Son todas las obras de esta santo Padre muy espirituales, y en ellas resplandece su grande ingenio y su elocuencia singular, y sobre todo un espíritu celestial y soberano, suave, eficaz, blando y fervoroso de que Dios le había dotado. Finalmente estando ya para morir escribió aquella admirable exhortación llena de santísimos documentos, llamada el Testamento de san Efrén, y encomendó encarecidamente que no le enterrasen con vestidura preciosa, ni en sepulcro, ni en templo, sino en el cementerio de los pobres y peregrinos: más el Señor tomó por su cuenta el honrarle y hacer su nombre inmortal y glorioso en toda la universal Iglesia. 

Reflexión: Poseemos en la Iglesia católica tal abundancia de libros escritos por autores doctísimos y santísimos, que es para alabar a Dios. Su profunda sabiduría asombra al ingenio humano y el olor de santidad que se percibe en su lectura, reanima al lector más aletargado por el frío de la duda, o la ponzoña del error y de los vicios. Pues ¿por qué no se han de leer tan buenos libros que dan luz y calor, y sanidad perfecta al espíritu? ¿Por qué se han de leer libros malos que le llenan de tinieblas y de frío glacial, y lo sumen en un letargo de muerte? 

Oración: ¡Oh Dios! que nos alegras en la anual solemnidad de tu bienaventurado confesor san Efrén, concédenos propicio, que imitemos las buenas acciones de aquel santo cuyo nacimiento para si cielo celebramos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 

sábado, 7 de julio de 2018

8 de julio. Santa Isabel, reina de Portugal. — (t 1336) Flos Sanctorvm Santoral


La gloriosa reina de Portugal doña Isabel, espejo de reinas y vivo retrato de princesas casadas, fué hija de don Pedro, tercero de este nombre, noveno de Aragón, y de la reina doña Constancia, y nació reinando en Aragón su abuelo don Jaime, llamado el Conquistador. Desde la edad de ocho años rezaba el oficio divino, y a la edad de once la pidió y consiguió por mujer don Dionisio, rey de Portugal. No se envaneció ella por verse sentada en el trono, antes acrecentó los ejercicios de oración y de caridad que en casa de sus padres le habían enseñado. Era muy templada en el comer, modesta en el vestir, benigna en el conversar, y en gran manera dada al divino servicio. Por la mañana rezaba maitines y oía misa cantada en su capilla, que tenía muy adornada de ricos y preciosos ornamentos, y mucho más de virtuosos capellanes y excelentes cantores, y cada día iba a ofrecer en la misa al tiempo que cantaban la ofrenda, y puesta de rodillas besaba la mano al sacerdote y recibía su bendición. Labraba con sus damas cosas que sirviesen al culto divino, socorría a las doncellas pobres y huérfanas y ponía a muchas en estado, porque no corriese peligro su castidad: visitaba a los enfermos, y curábalos con sus propias manos sin asco ni pesadumbre, y el Jueves Santo lavaba los pies a algunas mujeres pobres y con grande devoción se los besaba. No se hacía iglesia, hospital, puente u otra cosa en beneficio público, a que ella no extendiese la mano. En Santarén puso en perfección el hospital de los inocentes; en Coimbra junto a sus palacios reales edificó el de los pobres enfermos; en la villa de Torresnovas el recogimiento para las mujeres arrepentidas. Fué el rey su marido en su mocedad liviano con gran deshonor suyo y agravio de la santa, mas ella lo llevó todo con tan grande paciencia que rindió el corazón del rey, y le sacó de aquel mal estado, y cuando su hijo el príncipe don Alonso se armó contra su mismo padre, y estaban los dos con ejércitos para darse batalla, sólo la santa logró ponerles en paz y restituir la paz a todo el reino. En la hora que el rey su marido falleció se recogió ella a un aposento, y se cortó los cabellos y se vistió el hábito de santa Clara; acompañó el cadáver al monasterio de monjas de san Bernardo, en que el rey se había mandado enterrar, y habiendo estado allí tres meses, partió a pie en romería para Santiago e hizo al santo apóstol una ofrenda riquísima de muchas piezas de oro, piedras preciosas, sedas y brocados. Finalmente después de una vida tan santa fué visitada en su muerte por la Reina de los ángeles, y diciendo aquellas palabras: «María, madre de gracia y madre de misericordia, defiéndenos tú del maligno enemigo y recíbenos en la hora de la muerte» dio su alma al Creador. 

Reflexión: La santa y piadosísima doña Isabel, supo juntar con la grandeza y majestad de su estado, la pequeñez y humildad de Cristo. Por estas raras virtudes mereció tener tenida y reverenciada por santa, no solamente en su tiempo, sino también en todos los siglos posteriores; para que las grandes señoras se miren en ella como en un clarísimo espejo, y conformen su vida con la de la santa; y las mujeres de más baja condición se corran, considerando que no hacen ellas lo que hizo tan gloriosa reina. 

Oración: Oh clementísimo Dios, que entre otros dones con que enriqueciste a la santa reina Isabel, la favoreciste con la gracia singular de aplacar el furor de las guerras; concédenos por su intercesión la paz de esta vida mortal, que humildemente pedimos, y después los dichosos gozos de la eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 

viernes, 6 de julio de 2018

7 de julio. San Panteno, padre de la Iglesia. — (t 212) Flos Sanctorvm Santoral


El sapientísimo y apostólico doctor de la Iglesia san Panteno, a quien san Clemente de Alejandría llama por su elocuencia la Abeja siciliana, fué natural de Sicilia, y antes de convertirse a la verdadera fe profesaba la filosofía en la secta de los estoicos. Mas habiendo conversado y trabado amistad con algunos cristianos, quedó tan enamorado de la doctrina de Jesucristo que le enseñaron que, dando de mano a las supersticiones de los falsos dioses y a los libros de la humana filosofía, abrió los ojos a la luz de la fe y abrazó de todo corazón la sacrosanta ley del Evangelio. Después de su conversión, estudió con gran dudado las divinas Escrituras, conferenciando sobre ellas con algunos varones virtuoso? y eruditos que habían sido discípulos d?. los santos apóstoles; y pasando luego s la ciudad de Alejandría se hizo discípulo de los que lo habían sido del Evangelista san Marcos, y enseñaban en aquella famosa escuela Alejandrina, la doctrina misteriosa del Hijo de Dios Escuchaba en silencio sus lecciones, ., ocultaba con tan rara modestia y humildad sus grandes talentos, que costó harto trabajo a sus maestros el descubrirlos; hasta que el año 179, por voz común de todos fué nombrado maestro de aquella cátedra, en la cual por espacio de muchos años explicó la filosofía de las divinas Escrituras con grande aplauso v reputación de sabiduría. Porque fué en efecto san Panteno el primer maestro cristiano de su siglo, y . glorioso padre y doctor de la Iglesia, y como enseñaba con excelente método, atraía de muchas y lejanas tierras numerosos discípulos, los cuáles, viendo la gran ventaja que hacía aquella doctrina del cielo a las de ?os o+.rc<¡; filósofos, abrazaban la fe cristiana, y pregonaban por todas partes la admirable sabiduría de su maestro. Los cristiano:? de la India, que venían a Alejandría para entender en sus negocios, le enviaron un mensaje, rogándole que fuese a su país a confutar a los doctores brachmanes, y el santo vencido de sus ruegos, dejó por algún tiempo su escuela, y se encaminó a aquellas apartadas regiones: y Demetrio, obispo de «Alejandría, confirmó su misión y le nombró predicador del Evangelio en las naciones del oriente. Refiere Eusebio que san Panteno vio sembrada ya en aquellas Indias alguna semilla de la fe, y halló un libro del Evangelio de san Mateo escrito en lengua hebrea, que había dejado allí san Bartolomé, apóstol del _ Señor, y que san Panteno lo trajo a Alejandría, después de haber evangelizado con grande fruto a los indios durante algunos años. Finalmente, mientras el glorioso doctor san Clemente gobernaba la célebre escuela pública de Alejandría, su maestro san Panteno, que era ya de edad muy avanzada, continuó todavía leyendo algunas lecciones privadamente, hasta que lleno de méritos y virtudes, en el reinado del emperador Caracalla acabó la peregrinación de su vida gloriosa.

Reflexión: Utilísima es a la Iglesia de Dios la profunda sabiduría de los sagrados doctores, no porque nuestra sacrosanta fe tenga necesidad de filósofos que demuestren su divina verdad, porque la Religión católica no es alguna teoría o sistema filosófico, sino un acontecimiento histórico público y notorio a más no poder: sino porque los santos doctores enseñan la doctrina cristiana en toda su pureza, y como la recibieron de mano de los apóstoles y discípulos de Jesucristo, y la defienden contra todos los herejes y filósofos libertinos.

Oración: ¡Oh Dios! que nos alegras con la anual solemnidad de tu confesor san Panteno, concédenos propicio, que imitemos las virtuosas acciones de aquel santo cuyo nacimiento para el cielo celebramos Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 

jueves, 5 de julio de 2018

6 de julio. San Goar, presbítero y confesor. — (t 575) Flos Sanctorvm Santoral



El ejemplarísimo presbítero san Goar fué francés de nación, de la provincia de Gascuña; su padre se llamó Jorge y su madre Valeria, personas por sangre ilustres. Desde niño fué muy bien inclinado, de amable aspecto, humilde, honesto y dado a todas las obras de virtud. Habiéndose ordenado de presbítero, determinó dar de mano a todas las cosas de la tierra, y se fué a un lugar del obispado de Tréveris, que se llamaba Wochara, donde hizo una iglesia con licencia del obispo Félix y colocó en ella algunas reliquias de los santos. En este lugar vivió muchos años, dándose a la oración, ayunos y penitencia, y a ejercitar la hospitalidad con los pobres y peregrinos. Había aún muchos gentiles en aquella tierra, los cuales con la vida tan ejemplar y con la predicación y milagros del santo presbítero se convirtieron a la fe. Echaba los demonios de los cuerpos, daba vista a los ciegos, pies a los cojos, y sanaba a muchos dolientes de varias enfermedades. Dos criados del obispo, que se llamaba Rústico, le acusaron delante de su amo, diciéndole que era hipócrita y embustero, e interpretando muy mal las honestas acciones y obras de caridad que hacía, albergando a los peregrinos. Mas cuando el obispo mandó venir al santo delante de sí, y vio que un niño de pecho de solos tres días habló volviendo por la honra del varón de Dios, quedó tan corrido y confuso de haber sido tan fácil en creer lo que falsamente le habían dicho, que echándose a los pies del santo se encomendó con lágrimas en sus oraciones. Llegó la fama de tan excelente virtud al rey Sigiberto, el cual tomó todos los medios que pudo para persuadir al venerable presbítero que aceptase el obispado de Tréveris, porque quería dar con ello satisfacción a todo el pueblo que lo deseaba y se lo suplicaba. Mas no pudo el príncipe acabar con el santo que recibiese aquella dignidad; y habiéndole dado veinte días de término para recogerse y hacer oración sobre ello, se encerró el siervo de Dios en su celda, y postrado en el si elo delante del acatamiento del Señor, llorando aroyos de lágrimas le suplicó afectuosamente que no permitiese que el rey saliese con su pretensión. Oyóle el Señor, enviándole una calentura que le fatigó siete años gravemente y de manera que no pudo ya salir de su retiro, ni ver más al rey. Finalmente, labrada aquella bendita alma del siervo de Dios, y purificada como el oro con tan larga y penosa dolencia, acabó el curso de su peregrinación y pasó a recibir el premio de sus heroicas virtudes en el eterno descanso. El sagrado cuerpo fué sepultado en la misma iglesia que había edificado el piadosísimo varón para honrar las reliquias de los santos. 

Reflexión: Si los santos honran con tanta reverencia las reliquias de los santos, ¿no es razón que nosotros pobres pecadores, las honremos con la misma veneración y acatamiento? Son ellos grandes amigos de Dios, príncipes del cielo, cortesanos del palacio divino, abogados e intercesores nuestros, que tienen muchas gracia y cabida con la divina Majestad; y esas sagradas reliquias de sus cuerpos son honradas de Dios, con soberanos prodigios, y han de resucitar con todas las dotes de gloria y participar de la eterna felicidad de sus almas. Adorémoslas pues con mucha devoción, pidiendo a los santos que nos alcancen por sus méritos la gracia de gozar en cuerpo y alma de su gloriosa compañía. 

Oración: Oye, Señor, favorablemente las súplicas que te hacemos en la solemnidad de tu confesor, el bienaventurado Goar, para que los que no confiamos en nuestra justicia, seamos favorecidos por los Merecimientos de aquel santo, que fué tan agradable a tus divinos ojos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.